• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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Poema coreográfico / Diálogo visual

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El hecho vanguardista de la presencia inédita de la danza moderna venezolana dentro de las actividades del Museo de Bellas Artes, a principios de los años sesenta, supuso el inicio de un proceso de transformación en ese momento no claramente vislumbrado. 

La visión adelantada de Miguel Arroyo, director de la institución, al posibilitar el desarrollo de alguna tendencia del arte del cuerpo en un espacio museístico tradicional, no solo supuso apertura institucional sino que propició una determinante transformación en las valoraciones de la novedosa danza que se intentaba: a sus primeras manifestaciones expresionistas de evidente carga teatral, fue uniendo experimentaciones de alto vuelo sobre el movimiento abstracto y el cuerpo abordado desde una dimensión plástica.

Algunos aspectos  de la residencia de la Fundación de Danza Contemporánea, el paradigmático ensamble codirigido por Grishka Holguín y Sonia Sanoja, en el Museo de Bellas Artes, fueron advertidos por la revista Cal, fundada por Guillermo Meneses y dirigida artísticamente por Nedo, referencial publicación difusora de los procesos renovadores de las artes venezolanas de comienzos de la era democrática en el país. Hoy son reencontrados como documentos en la exposición La leyenda de Cal 1962-1967, actualmente en la Sala TAC del Trasnocho Cultural, junto a los hechos, los protagonistas y las firmas más reveladores de las artes visuales, la literatura y las artes escénicas nacionales de ese tiempo, abordados desde una perspectiva integradora.

Casi como un hallazgo puede encontrarse en la exposición el pliego original contentivo de una suerte de guión literario para una obra de danza o como lo define su autor, el poeta Alfredo Silva Estrada, un “esquema coreográfico con voces más para ser visto y ser oído que para ser leído, aunque también pueda leerse”.

Triálogo es el título de este poema para danzar que estuvo dedicado a Grishka Holguín, figura precursora de la modernidad del movimiento en Venezuela. Seis personajes configuró Silva Estrada: “Una bailarina: A Mayúscula. Un bailarín: B Mayúscula. Otro bailarín: C Mayúscula. Una voz femenina: a minúscula. Una voz masculina: b minúscula. Otra voz masculina: c minúscula”.

El esquema contiene sus propias acotaciones tanto coreográficas como de puesta en escena. Ejemplo: “A Mayúscula se balancea sensualmente, respira holgadamente. A Mayúscula permanece así unos segundos (los que el coreógrafo considera necesarios) Mientras, B Mayúscula y C Mayúscula siguen en su penoso esfuerzo respiratorio muchos segundos (todos los necesarios). b minúscula  y c minúscula acompañan, resollantes”. El diseño gráfico del poema también es una coreografía: a lo largo y ancho del pliego de gran formato convertido en espacio escénico, las letras que son cuerpos y voces danzan a plenitud.

También la muestra exhibe una reseña contenida en la revista Cal del 14 de junio de 1963, que alude a la publicación, ese mismo año, de Duraciones visuales (Fundación Neuman), hoy un libro de culto, con prólogo de Alfredo Silva Estrada, concebido sobre la experiencia de la Fundación de Danza Contemporánea, que contiene los textos poéticos de Sonia Sanoja, las arrojadas fotografías de Bárbara Brändli y diseño gráfico de avanzada de John Lange. Sus páginas reproducen con fidelidad el espíritu propositivo y exultante que orientaba a Grishka y  Sonia. “El bailarín tiene una presencia avasallante y escoge ser”.