• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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Noveles impulsos

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La plaza pública convoca al encuentro y a la vida ciudadana. Desde este espacio compartido la socialización se convierte en un proceso fluido y natural. Eventualmente, las artes pueden hacer parte de la cotidianidad de ese lugar abierto, alterando su dinámica de reunión o mera contemplación. Así ocurrió el pasado domingo en la plaza Los Palos Grandes, cuando los particulares momentos de ocio y recreación se vieron complementados con la presencia, no espontánea sino premeditada, de cuerpos danzantes perfectamente entrenados en técnicas virtuosas, que convirtieron el desaprensivo sitio en un ámbito escénico más formalizado. 

Sobre el piso de linóleo extendido frente a la gradería de la plaza tuvieron lugar acciones corporales enmarcadas dentro de la tendencia general de la danza contemporánea. Nueva creación se denominó a este recital de movimientos que reunió a nueve bailarines creativos que tienen en común el pertenecer a una nueva generación de intérpretes en su mayoría formados dentro de los estudios universitarios en  danza escénica, compartiendo, igualmente, una visión tal vez menos romántica y más pragmática de la profesión. No son el resultado de las orientaciones de un solo y exclusivo maestro, como ocurría hasta un pasado relativamente reciente, sino son la consecuencia de múltiples informaciones y visiones diversas y también contrastantes del cuerpo creativo.

La muestra estuvo integrada por estudios coreográficos creados para diferentes plataformas de difusión y pensados para ámbitos escénicos convencionales, que al ser representados en un espacio público abierto no contaron con elementos lumínicos, escenográficos y de vestuario generalmente establecidos, por lo que su acercamiento a una audiencia con personales motivaciones y referentes fue directa y sin mayores apoyaturas que el impulso y la expresividad de sus intérpretes.

Armando Díaz, destacado bailarín y coreógrafo en pleno desarrollo, se permitió abordar un aclamado clásico del ballet desde una postura transgresora aunque respetuosa de la tradición. D.Q edition interviene una obra histórica hecha de vocabularios y formas estéticas sofisticadas, aunque cercanos al público, dejando en claro tanto su espíritu provocador como su íntima veneración por ese mundo de universales convenciones. Díselo a ella a grado, de Ronald Guanches y Francisca Becerra, explora en la abstracción del movimiento a partir de convulsiones internas convertidas en movimiento orgánico.

Jhon Lobo es un intérprete notable y un coreógrafo en ciernes que sorprende con Periquete, su primera obra, un dueto concebido desde una dimensión lírica a la que une una poderosa carga emotiva  que se traduce en una intensa y plástica corporalidad. Somos lo que fue, de Miguel Ríos, apela a la fusión de los códigos de la danza contemporánea con los del baile de salón caribeño, resultando un ejercicio de elaborado diseño espacial y notoria empatía energética entre sus intérpretes Eliana Guerrero y Ronny Méndez. Finalmente, Crespúsculo neutro, de Gustavo Gámez, junto a Daniela Mambie, distancia y concilia dos mundos a través de un esquema coreográfico en extremo sencillo y austero, cualidades donde reside su principal atractivo.

Nueva creación constituye una muestra representativa de la realidad actual del intérprete y el novel creador de danza en el medio venezolano, poseedor de diversificada información, legítimos deseos de comunicación y necesidad de supervivencia a un medio no siempre amable.