• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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Carlos Paolillo

Imagen con sentimiento

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El Taller de Danza de Caracas representa un buen ejemplo de institucionalidad en el ámbito de la cultura. Los 40 años de actividades que celebra este mes reafirman sus aportes en la formación, creación y difusión de la danza contemporánea en Venezuela. Resulta imposible analizar los alcances de esta  disciplina escénica en el país sin el concurso determinante del Taller.

Forjador de una de las escuelas de danza más sólidas y eficaces en nuestro medio, el Taller en sus cuatro décadas de existencia no solo ha formado bailarines relevantes en el ámbito nacional e internacional, sino que ha mantenido vigentes los postulados de una danza concebida como un hecho esencialmente abstracto, que privilegia ante todo el movimiento descartando otras preocupaciones accesorias a él.

La visión de José Ledezma, artífice de tan definitiva iniciativa, de una danza que celebra el cuerpo creativo, alejada de narraciones y representaciones, en un espacio escénico sin límites, se ha mantenido firme en la agrupación hasta los momentos actuales. El definitivo influjo del maestro, desde hace varios años separado de la dirección artística del Taller, se mantiene, no obstante que la institución haya adaptado sus postulados a diversificados intereses conceptuales y formales, así como a los nuevos tiempos y situaciones sobrevenidos.

Andreína Womutt definió el perfil creativo del Taller como "imagen con sentimiento". Con esta frase reveladora, la fallecida bailarina, primera figura de la agrupación durante sus dos primeras décadas, reafirmó los principios  pregonados desde siempre por Ledezma: la danza como experiencia vital asentada en un cuerpo virtuoso y expresivo. La preponderante forma estética unida a la emoción.

La trascendencia final de este proyecto radica en el hecho de haberse constituido en escuela en el sentido más elevado que esta palabra encierra. Todos los afanes de Ledezma, sin ánimos de lucro y con la convicción de construir desde lo novedoso,  estuvieron destinados a convertirse en claros factores de estímulo formativo. Su  espartana labor docente, sus apasionados intereses coreográficos y su afán por proyectar dinámicamente sus logros artísticos, lo condujeron indefectiblemente al mismo lugar: la búsqueda  del desarrollo humano a través de la danza.

Ese sentido del rigor y de la necesidad del trabajo diario y  sistemático se muestra inalterable en el Taller, gracias al modelo inspirador que representa su fundador y al hecho, más que afortunado, de haber contado con una sede estable donde asentar el trabajo cotidiano. Yuri Cavalieri, desde la conducción actual del Taller, ha procurado desarrollar discursos artísticos alternativos basados en experiencias existenciales personales. Sin embargo, el credo en una danza vital y exhaustiva prevalece.

Los 40 años del Taller de Danza de Caracas lo encuentran dedicado a la labor cotidiana y sin estridencias, con la mirada puesta en el futuro, que no se vislumbra claro pero que sin duda existirá. Una nueva generación de bailarines parece orientar con decisión su porvenir. La celebración será a finales de octubre en el Teatro Municipal, lugar de sus inicios y sus grandes concreciones en tiempos dorados.