• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

Al instante

Diversidad del ballet mundial

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Entre las tantas leyendas que rodearon la vida de Fidel Castro, una singular lo vinculó con el ballet clásico. Su interés por este arte escénico que, según se asegura, comenzó a forjarse desde los lejanos tiempos de la Sierra Maestra, lo llevó, ya desde el desempeño del poder político, a apoyar esta actividad y a institucionalizar el Ballet Nacional de Cuba, compañía hoy de notable influencia en el mundo. El proyecto concebido por Alicia y Fernando Alonso, sus promotores fundamentales, se convirtió en un movimiento de amplio alcance, que tiene en la educación y el desarrollo artístico sus objetivos fundamentales.

En agosto pasado, la compañía celebró los 90 años de edad del ex presidente cubano con una gala realizada en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, y un mes antes de su fallecimiento, el Ballet Nacional de Cuba realizó la edición 25 del Festival Internacional de Ballet de La Habana, uno de los de mayor tradición en la especialidad, que se llevó a cabo por primera vez en 1960, en los albores de la revolución, ocasión en la que el Ballet Nacional de Venezuela de ese entonces se hizo presente como compañía invitada, junto al American Ballet Theatre de Nueva York y el Ballet de Bellas Artes de México.

El Festival de Ballet de La Habana, desde los específicos preceptos de la escuela cubana, convoca cada dos años a la diversidad del ballet mundial. Esta reciente edición aniversario reunió a representantes de 21 compañías internacionales, entre ellas una nutrida delegación estadounidense, en la continuación de la creciente presencia dentro de su programación de la danza norteamericana, en la que destacó la compañía de Martha Graham, luego de 75 años de ausencia de Cuba, cuyo pensamiento y principios técnicos han sustentado en buena medida el reconocido movimiento de danza contemporánea de la isla, que se reveló ante los nuevos bailarines y audiencias con la contundencia de su legado histórico y las claras evidencias de su validez y permanencia.

También de Estados Unidos llegó a La Habana el Arts Ballet de Florida, agrupación que posee vínculos con la danza venezolana: Vladimir Issaev, su fundador y director, fue maestro del Ballet Teresa Carreño en los tiempos de la dirección de Vicente Nebreda, y Mary Carmen Catoya, quien fuera figura de esta compañía, se desempeña como su primera bailarina. En el festival interpretó en el Teatro Mella Suite generis (1988, Haendel y Haydn), de Alberto Méndez, junto a bailarines de la novedosa compañía del celebrado Carlos Acosta. Esta obra remite a la pureza esencial de ballet neoclásico, que en su caso va desde la fría abstracción hasta el regocijante humor y a un diseño espacial dinámico que hace de las formas escultóricas y del riesgo físico sus más claros ideales. También Catoya ejecutó en el Gran Teatro de La Habana, durante la gala de clausura, el solo La danza comienza con tus pasos (2016), de Issaev, tributo a Alicia Alonso, sobre la composición musical de Jorge Garciaporrúa, basada en un poema de Francisco Garzón Céspedes, en la voz de Argelia Fragoso, pieza hecha a la medida del intenso gesto expresivo y la solidez técnica de la primera bailarina venezolana.

También de Norteamérica apareció en La Habana un novel conjunto concebido por Justin Peck, el joven coreógrafo perteneciente al New York City Ballet que asume con personalidad los postulados del neoclásico de Balanchine, además de cinco bailarines integrantes de los Grandes Ballets de Canadá, con sede en Montreal, que asumieron los códigos expresivos de Ohad Naharim, el reconocido coreógrafo de Batsheva de Israel.

El Ballet Nacional de Cuba volvió a sorprender con los montajes sucesivos de los grandes títulos del repertorio académico en sus versiones integrales. Entre ellas, Don Quijote causó el revuelo necesario. Las parejas conformadas por los primeros bailarines cubanos Viengsay Valdés y Osiel Gouneo, este último estelar del Ballet de Munich; y la rusa María Kochetkova, bailarina principal del American Ballet Theatre de Nueva York y el Ballet de San Francisco y el cubano Joel Carreño, primera figura del Ballet Nacional de Noruega, protagonizaron un auténtico duelo artístico en el que solo hubo ganadores.

En el festival aparecieron también bailarines asiáticos pertenecientes al Universal Ballet de Corea del Sur y el Ballet Nacional de Mongolia. Latinoamérica tuvo su representación en parejas y solistas del Ballet Nacional de Uruguay, bajo la dirección de Julio Bocca; el Ballet Nacional de Puerto Rico y el ensamble Buenos Aires Ballet, conformado por integrantes del Ballet del Teatro Colón y el Ballet de la Plata.

Apertura y adecuación a nuevos tiempos puede ser un balance 25 Festival de Ballet de La Habanaque, en la Cuba del siglo XXI, continúa manteniendo su atractivo y convocatoria.