• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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Discursos de maestros

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La creación coreográfica es un proceso de largo aliento y de búsquedas sin concreciones finales y definitivas. El lenguaje habla por el coreógrafo y su desarrollo es una meta que solo pocos logran alcanzar. Combinar pasos y estructurar frases de movimiento con cierta habilidad y oficio resulta insuficiente para el logro de un vocabulario que identifique plenamente a su autor, y no trae consigo la configuración de una obra. Tener algo que comunicar es necesario, hacerlo con autenticidad es imprescindible.

Cuatro voces coreográficas que juntas iniciaron sus particulares caminos creativos hacia finales de los años ochenta se unieron hace poco en una experiencia escénica que, además de reencuentro, sirvió de aproximación a sus intereses actuales. Concierto de maestros, presentado en la Sala Anna Julia Rojas de Unearte y en el Teatro Bolívar, convocó a Miguel Issa, Leyson Ponce, Rafael González y Juan Carlos Linares, desde la pertinencia y la madurez de sus individuales discursos, que unidos dan cuenta de las visiones sobre la danza de una generación emblema. Son obras esenciales, centradas en exploraciones del cuerpo desde diversas concepciones plásticas, teatrales y musicales, que identifican a plenitud a sus creadores.

Los personajes concebidos por Miguel Issa son perfectamente reconocibles por la nostalgia dolorosa de la que surgen. Arráncame la vida constituye un acto solista que se regodea en la soledad atroz de una cantante popular extraviada de la historia. El proscenio y el camerino de la artista son espacios vitales y desolados. Su fama y su gloria son igualmente abandono y olvido. El registro interpretativo de Diana Peñalver como actriz y cantante lleva consigo el mundo decadente y sin posibilidades de redención planteado por el autor.

Las obras Amor en el aire y Antígona pertenecen a épocas distintas y preocupaciones vigentes de Leyson Ponce. La primera es un dúo que ha pasado por momentos de revisión y recreación sobre la fragilidad del sentimiento amoroso. Se trata de una miniatura coreográfica, directa y concreta, sobre la imposibilidad de conexión entre dos, que encuentra en Armando Díaz y Roberth Aramburu a intérpretes identificados y comprometidos. La segunda, un unipersonal extractado del espectáculo Mujeres de fuego, recrea en términos de contemporaneidad el ímpetu y la decisión que encarna este personaje símbolo, representado con notable solvencia por Arais Vigil. 

La dimensión plástica del movimiento ha sido desde siempre el norte del trabajo coreográfico de Rafael González. En torno y Línea constante no se apartan de esta tendencia sino, por el contrario, la refuerzan claramente. Son dos dúos de altas valoraciones visuales e inquietantes motivaciones internas. El primero de ellos encierra a dos entidades o volúmenes dentro de objetos circulares que los delimita y los determina. La aproximación entre los cuerpos es progresiva, primero a través de un somero contacto, hasta llegar a la manipulación y la destreza física. El otro dueto separa a los entes en direcciones contrarias, aunque perfectamente delimitadas. Se cruzan entre sí, sin nunca llegar a encontrarse en un riguroso acto de incomunicación. Ambos cuentan con el tratamiento audiovisual que aportan los videoartes creados por José Reinaldo Guédez, integrados naturalmente a la propuesta escénica general.

El butoh es una manifestación de poco desarrollo en Venezuela. Quizás su único y más consecuente cultor sea Juan Carlos Linares, quien eventualmente y con sorprendente rigor muestra sobre el escenario los resultados de sus indagaciones. Los portadores del cielo es la más reciente de ellas y revela un deseo por flexibilizar la estética precisa y el tiempo lento, característicos de esta expresión corporal japonesa, sin dejar de enfatizar en su rígido concepto y el dolor colectivo que le sirvió de punto de partida. Se presenta a un quinteto de intérpretes, del cual hace parte el propio Linares, compartiendo una propuesta en varios sentidos alternativa  de las visiones ortodoxas del butoh, relacionadas especialmente con el uso de la música, que integra percusión contemporánea con canciones de Billie Holliday, y su diseño de iluminación que incorpora colores primarios, en contraste con el blanco emblema de esta manifestación. El nuevo trabajo de Linares de entrada llama la atención, para finalmente llegar a convencer.