• Caracas (Venezuela)

Carlos Paolillo

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Cervantes y Shakespeare

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2016 traerá consigo dos significativas efemérides: la conmemoración de los 400 años del fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare, las voces más elevadas y universales de las letras hispana e inglesa. La misma se centrará en la exaltación de su trascendental obra literaria, pero sin duda resaltará también su influjo determinante en el desarrollo de las artes musicales y escénicas en Occidente.

El interés de la danza por Cervantes data de sus primeras configuraciones como manifestación artística, en las que también se encuentra la génesis del ballet como género. Don Quijote de la Mancha como obra literaria despertó entusiasmo por parte de compositores y coreógrafos desde principios del siglo XVII. El Ballet de Don Quijote (París, 1614) constituye quizás la primigenia referencia sobre una obra musical y escénica inspirada en la célebre novela y su alucinado protagonista.

Durante el siglo XVIII, Jean-Georges Noverre, el gran reformador del ballet francés, creó la obra Don Quijote dentro de la concepción del ballet de acción, sobre la partitura de Josef Starzer, estrenada en Viena en 1786.

El romanticismo europeo dedicó significativa atención a Don Quijote, ejemplificándose en la pantomima de Guillaume Navoigille El imperio de la locura o Muerte y apoteosis de Don Quijote y en la obra Las bodas de Gamache de Louis Milon, ambas estrenadas en París, así como en los títulos firmados por Charles Louis Didelot, Salvatore Taglioni y Paolo Taglioni, escenificados en San Petersburgo, Turín y Berlín, respectivamente.

Todas fueron creaciones que constituyen los antecedentes de la que sería una obra cumbre del ballet clásico universal inspirada en la saga cervantina: Don Quijote de Marius Petipa, con música de León Minkus, estrenada en 1869 en el Teatro Bolshoi de Moscú.

Sobre William Shakespeare también se dirigirán en este nuevo año las miradas conmemorativas de la escena. La danza encontró en el trascendental autor especial inspiración para la creación de obras fundamentales, especialmente a partir del siglo XX.  Sus tragedias Romeo y Julieta y Otelo, así como sus comedias El sueño de una noche de verano, La tempestad y La fierecilla domada, se han concretado en títulos emblemas de la mano de algunos de los coreógrafos más relevantes de la centuria pasada: George Balanchine, Maurice Béjart, Frederick Ashton, John Cranko, Birgit Cullberg, José Limón, Kenneth MacMillan, John Neumeier y John Butler.

En Venezuela, las referencias más relevantes sobre las cimas creativas de Cervantes y Shakespeare se encuentran en la versión  de  Vicente Nebreda de Don Quijote y en su producción de Romeo y Julieta para el Ballet Teresa Carreño. Igualmente, en la inclusión dentro del repertorio del Ballet Contemporáneo de Caracas de Otelo y Romeo y Julieta de John Butler, además de la creación para esta misma compañía de Sueño de una noche de verano de María Eugenia Barrios. En el orden interpretativo destaca singularmente la ejecución de Zhandra Rodríguez, junto a Mikhail Baryshnikov, del paso a dos de Romeo y Julieta, en su recordada gira por Brasil, así como la de Carlos Orta en La pavana del moro (inspirada en Otelo) de José Limón, realizada en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño.