• Caracas (Venezuela)

Carlos Pagni

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Carlos Pagni

La decisión que cambia todo

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Veinticinco años después del comienzo del derrumbe, el Muro de Berlín terminó de caer ayer en Cuba. El restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos apagó el último rescoldo de la Guerra Fría.

Entender esta novedad exige observar distintos tableros. Es el punto de partida de un reacercamiento de Washington a América latina, en un momento en que otras potencias, como China, elevan su perfil en la región. Es el paso más largo que haya dado el régimen de los Castro hacia la liberalización de su economía, que coincide con la crisis de su gran aliado, el chavismo, víctima de la caída del petróleo.

Es el reconocimiento estadounidense a los invalorables servicios cubanos a la pacificación de Colombia. Es el primer gran triunfo diplomático del papa Francisco en su propio continente, que permite olvidar la frustrante mediación entre el gobierno y la oposición venezolanos. Y es una de las dimensiones de ese regreso hacia sí mismo que Barack Obama ha emprendido desde que la derrota electoral comenzó a liberarlo de la carga del poder.

Después de reconocer que la estrategia de aislar a Cuba estaba equivocada, la Casa Blanca anunció una reducción drástica del embargo dispuesto hace 50 años, lo que significa una corriente de personas, comercio e inversión que cambiarán la fisonomía de la isla. El giro se basó en la premisa según la cual no hay democracia sin mercado. En el discurso de ayer, que acaso sea uno de los más trascendentes de toda su gestión, defendió el argumento de que no existe método más eficaz para democratizar una sociedad que independizar a los ciudadanos del asfixiante peso del Estado, expandiendo su capacidad de decisión. Con esa concepción Obama interpelará a los líderes populistas que irán a Panamá a la Cumbre de las Américas (en abril de 2015), donde habrá una representación importante de la sociedad civil cubana. Y también desafiará a la oposición conservadora de su país, para la que deponer el embargo es ceder ante la dictadura castrista. El republicano Marco Rubio fue ayer el vocero de esa tesis.

La conversación entre Obama y Castro coincide con el derrumbe en el precio del petróleo, que pone en tela de juicio la protección venezolana sobre Cuba. El aumento de las remesas trimestrales a la isla de 500 a 2000 dólares es un maná imprescindible para el régimen. El chavismo gravitó en el Caribe gracias al envío de 500.000 barriles diarios de un crudo 60% más barato que el que se adquiere en el mercado. Esa donación ahora es inviable. Tal vez por eso Estados Unidos ofrecerá un programa de energías renovables en ese vecindario.

La crisis de Venezuela ofrece también un marco simbólico a la jugada estadounidense. Es decir, corrobora la confesión de Eduardo Galeano. El autor de Las venas abiertas de América latina dijo que esa obra fue escrita sin conocimiento de la economía y la política. Es el libro que Chávez le regaló a Obama.

La tormenta venezolana es la escena de otros movimientos. Hace 15 días todo el gabinete económico de Nicolás Maduro viajó a Pekín para acordar un trueque de divisas por activos petroleros y mineros. Rafael Correa ya había apelado a ese remedio. Y Cristina Kirchner va en la misma dirección. En los 18 meses que lleva como presidente, Xi Jinping ya visitó dos veces la región. Vladimir Putin también se está acercando. En julio pasado los dos visitaron La Habana.

El reingreso de Estados Unidos a la diplomacia regional por la puerta de La Habana es una respuesta a estas iniciativas. Pronto habrá otras. Por ejemplo, la búsqueda de un candidato de consenso para reemplazar, en mayo próximo, al secretario general de la OEA, Miguel Insulza. Pero sería un error evaluar la noticia de ayer olvidando el servicio que está prestando Cuba al principal aliado de Estados Unidos en América del Sur. El proceso de paz colombiano sería imposible si los Castro no oficiaran de garantes. Mucho más desde que Chávez falleció.