• Caracas (Venezuela)

Carlos Nieto Palma

Al instante

Mi amigo Elio Gómez Grillo

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Para los que tienen la intriga por qué el título de mi columna de hoy es esta, es simple, quiero recordar al hombre sin toga y birrete y sin más títulos, el  hombre que conocí.

Mi relación con Gómez Grillo se inició mucho antes de que yo naciera. El maestro fue profesor de mi padre Carlos Nieto Morales de filosofía y letras en el Colegio Santa Cecilia en los años 1957 y 1958, y desde esa época hicieron una gran amistad que perduró en el tiempo.

Mi parte en esta historia se inicia, aunque conocía a Gómez Grillo desde niño, fue cuando me gradué de abogado y me ofreció trabajo como profesor en el Instituto Universitario Nacional de Estudios Penitenciarios, su gran obra e hijo consentido.

Trabajar junto al maestro era un reto diario aunado a un mal humor extraño que duraba muy poco, el mismo te pedía disculpas pero te advertía que no volviera a pasar. El IUNEP era una institución marginada por los entes estadales, el Ministerio de Justicia era quien llevaba las riendas administrativas de la  época cuando el ministro de Justicia de turno era Hilarión Cardozo, quien aspiraba a cerrar el IUNEP para que un general de apellido Figueredo creara una escuela de soldados penitenciarios. Esto creó la ira del estudiantado y un grupo de intelectuales, amigos solidarios de Gómez Grillo, realizaron un hermoso evento en apoyo al IUNEP; hasta Rafael Caldera, presidente de ese momento, mostró interés e intervino en favor de esta causa.

Hoy lamentablemente la revolución roja decidió cerrarlo para unirlo a la Universidad de la Seguridad y desvirtuar de manera total el concepto de penitenciarista que reeduque a los que han delinquido y darles una nueva vida. Eso lo afecto mucho, como el mismo Gómez Grillo lo decía: “Un grupo que nunca había derramado una gota de sudor penitenciario vinieran a destruir a uno de los mejores institutos penitenciarios del mundo”... ¡Cosas de la revolución...!

Su otra gran obra escrita de su puño y letra con puntos y señales, nadie más se puede vanagloriar de eso, fue a principios de diciembre de 1999 cuando se discutió el artículo 272 de la actual Constitución Nacional, (artículo Gómez Grillo) que para sorpresa de todos, fue aprobado por unanimidad en la Asamblea Constituyente con grandes vitores, entre ellos estaban Iris Varela y Willian Ojeda hoy sus grandes detractores. Esto significó otra gran decepción para Gómez Grillo.

De igual manera disfrutamos de maravillosas tertulias, en sus 85 años celebramos su día con una maravillosa comida en casa de Margarita Herrera Luque que disfrutamos al máximo al igual que nuestras comidas navideñas con hallacas preparadas por mí.

Quiero terminar este pequeño homenaje a mi maestro con unas líneas de su último libro Prosa de prisa para presos donde deja claramente lo que es ser un penitenciarista: “El penitenciarismo es sencillamente, una alianza de filosofía y de ciencia y también de humanidad y misericordia. No es un oficio de salón, no disfruta de tribunas ni de escenarios para exhibiciones frívolas, no sirve para cautivar amistades exquisitas ni para obtener riquezas materiales. Se ejerce en rincones oscuros y humildes y se trabaja con hombres oscuros y humildes. Los penitenciaristas somos los albaceas de los vencidos en un mundo de triunfadores … A los penitenciaristas  se nos dice una y otra vez que somos cultores de una causa perdida. Tenemos que responder que después de todo, que somos caballeros, y que el no llegar nunca es justamente lo que nos hace más grandes”.

Gracias maestro por sus enseñanzas, por su amistad, por las grandes obras que no deja, que sus pupilos nos encargaremos que se cumplan.

Inicio esta nueva columna en el El Nacional Web agradeciendo profundamente a Argenis Martínez, vicepresidente de este periódico, y quien me ha dado todo el apoyo en los 8 años que tengo en el Consejo Editorial de Sucesos de El Nacional y donde hemos hecho un gran trabajo y amistad.

cnietopalma@gmail.com