• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Carlos E. Weil Di Miele

Por qué hay que ver a Louis

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La ciencia juega a decir la verdad. Cuando un biólogo se sienta en un microscopio de esos monumentales que pueden ver hasta las células en un tajo de piel estará seguramente buscando una forma de sustentar una teoría con una prueba. Esa prueba convierte la teoría en verdad, en ley, en una afirmación irrefutable en la que se sintetizan las largas horas de trabajo del científico.

La verdad también la buscan los doctores, los ingenieros, los contadores y como todos ellos, Louis C. K. El comediante americano está transmitiendo la cuarta temporada de una serie que empezó como empiezan las mejores series, sin demasiadas pretensiones ni esperanzas. Como los científicos, es un estudioso arduo de la naturaleza humana, de sus vicios, conflictos morales depresiones, complejos, personalidades y todo lo que abarca una especie que jamás dejará de crear contenido.

Al estilo Seinfeld, Louis C. K. interpreta su vida frente a las cámaras mostrando un personaje que puede definirse entre adorable, repulsivo y depresivo. El programa está tan profundamente impregnado de verdad humana que es difícil definir su género. Si un capítulo es hilarante, dos más adelante puedes encontrarte con un verdadero foso depresivo. La pluma del comediante pelirrojo que sufre de sobrepeso es tan elegante que le permite saltar de género sin perder las tensiones, sin perder la historia, sin perder el sentido, porque como no se había hecho antes, C. K. está dibujando capítulo a capítulo una vida con todos los bemoles que implica respirar, socializar, trabajar y ser padre.

En una de las escenas más discutidas de los últimos meses Louis acepta salir con una mujer con sobrepeso. Mientras caminan por un parque, la dama suelta como un yunque lo difícil que es ser una mujer gorda en los treinta y tantos. El comentario decae en un verdadero manifiesto feminista en el que se tocan temas como la obesidad, el prejuicio, y el problema de las apariencias como delimitante de las relaciones humanas, todo apoyado con frases como: “No hay nada más mezquino para una mujer gorda que decirle que no es gorda”.

De Louis, como se llama la serie del comediante, vale la pena hablar porque en Venezuela parece estar pasando por debajo de la mesa. Mientras el público pop se baña de Game of Thrones, otra serie a la que vale la pena dedicarle horas oculares, Louis se menciona de forma reservada. Sin embargo, la calidad de ambas es similar, obviamente marcando diferencias de estilo. Louis es una de las mejores obras de televisión escritas de la última década y cada capítulo es un placer en el que juega el azar, una ruleta rusa emocional en la que no se sabe lo que va a tocar.

El escritor es un comediante científico con la delicadeza en la pluma que tienen los grandes. Vale la pena ver sus estudios y tomar el riesgo de vivir una vida ajena por unas horas a la semana. Escuchar la inteligencia de los diálogos con detenimiento y empezar a comentarla, porque el microscopio de C. K. es certero y nos muestra lo obvio que a veces dejamos de ver, somos gente y estamos vivos.