• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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El país de los coyotes

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Hemos llegado al punto en el que conseguir una referencia de la vida real para describir el estado de nuestro país se ha hecho imposible. No parece haber una situación histórica similar, una realidad económica semejante o un acontecimiento político que podamos usar como punto de partida para encontrar una solución. Somos únicos e irrepetibles, una especie de mundo paralelo inexplicable que solo se puede definir desde el sinsentido.

Como la realidad no nos hace justicia no podemos más que mirar a la fantasía. Buscar en la ficción algo que se asemeje a lo que somos. Entonces la conclusión es sencilla, somos un país de coyotes. No hago referencia al animal real, sino al de las comiquitas. Un personaje errante que no se cansaba de equivocarse. Casi una caricatura de una caricatura. En cada episodio, con disposición enfermiza, el coyote se empeñaba en cazar al correcaminos, las temporadas pasaron y el premio nunca se alcanzó. El problema no era su incapacidad de acertar, sino su indisposición a aprender.

En algo similar se ha convertido la política de nuestro país. Somos un universo de coyotes indispuestos a aprender. Después de 16 años seguimos buscando salidas a problemas políticos sin la disposición a hacer política. Esto vale igual para gobierno y oposición, ambos con la firme intención de hacer mucho ruido sin proponer demasiadas soluciones.

La referencia no es absurda. Después de tanto tiempo y de miles de problemas extremadamente relevantes, que ya ni vale la pena mencionar porque se comete el pecado de dejar uno por fuera, seguimos llamando a marchas vestidos de blanco y con rosarios, cortes de pelo para apoyar a los presos políticos, grabaciones desde prisión para desacreditar indiscriminadamente, culpar a Uribe y todas esas maniobras irrelevantes que al final no llevarán a nada, como catapultas marca ACME que solo terminarán haciéndonos más daño.

La idea no puede ser alimentar la tendencia Ni-ni. Nuestro trabajo es aprender, dejar de ser coyotes y responder con la cabeza y no con alguna maniobra prefabricada que no pase de ser un videíto en Facebook. Entender y hacer entender a quienes nos lideran que ya el correcaminos del gobierno se nos ha escapado muchas veces y que no podemos seguir usando el mismo juego de poleas para atraparlo.

Si empezamos a exigir más seriedad dejará nuestra realidad de ser una comiquita. Seremos más como coyotes reales, en un conjunto o manada, rodeando al correcaminos sin dejarle vías de escape.