• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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No es guerra económica, es economía de guerra

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El gobierno se ha encargado durante 17 años de utilizar el lenguaje para mentir. El uso de adjetivos acompañada por la construcción de oraciones y frases extravagantes le ha permitido manipular la realidad para crear una paralela a su medida. Entonces la inseguridad no es inseguridad sino una "sensación de inseguridad". Como si se tratase de una Sayona o un Silvón en el que algunos creemos y por eso sentimos, pero que en realidad no existe.

Así, la libertad de expresión es ahora "campaña mediática", la escasez  de medicinas es "consumo excesivo de medicamentos" y un ex presidente es un "comandante supremo". Toda una oratoria contradictoria en la que se busca anestesiar la dolorosa realidad en la que nos ha tocado vivir.

La crisis económica no se ha escapado de esta maniobra, y en el laboratorio del lenguaje del chavismo, tan familiarizado con la jerga militar de batallas y victorias, han decidido bautizarla como "guerra económica".

Pero si de buscar un sustituto nominal preciso se tratara, creo que deberíamos invertir el orden de las palabras. Entonces “Guerra económica” pasaría a ser “Economía de guerra”.

Colas, desesperación, incertidumbre, violencia, escasez y baja producción son todas características de un Estado que decide tomar medidas para sobrevivir con lo poco que tiene. Nuestra situación no se diferencia demasiado de la que vivió la Europa de la post guerra, en la que lo que se terminó perjudicando fue a una generación completa que tuvo que aprender a vivir con el trauma que trae consigo el hambre.

Como si no fuera suficientemente preciso esta definición, el gobierno decide poner la economía en manos de la militarada. Y al final, como en todas las guerras, termina sufriendo el ciudadano común, ese que se defiende con el instinto de supervivencia y no con el fusil, porque su lucha no tiene fechas como las batallas sino que le toca vivirla todos los días..

Como resultado terminaremos con una generación acostumbrada a la improvisación. Una generación que obligará a sus nietos a comerse las lentejas con el argumento de que “ellos nunca pasaron hambre”.

Esta economía de guerra nos marcará para siempre como sociedad, pero nunca debemos olvidar que esto lo precedió la mayor bonanza económica de la historia de nuestro país y que a pesar de eso, este gobierno y su naturaleza militar, se ha empeñado con el lenguaje irresponsable de hacernos vivir en una situación de guerra que en realidad no existe.