• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

Al instante

El comandante, el cumpleaños y el aguafiestas

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Para un gobierno que se maneja por la cursilería y la melancolía de telenovela, encadenar a las emisoras de radio y televisión para cantar cumpleaños al líder supremo le debe parecer normal. En ese empeño frenético por mantener la atención en lo que importa poco y tratar de tapar con esto lo que importa mucho, terminamos todos hablando del cumpleaños. Ya que el tema está ahí vale considerar algunas cosas. 

El evento trató de estructurarse como un homenaje al máximo líder de una revolución que me atrevería a decir nunca existió. En aquel conjunto de mal gusto y lágrimas, se proclamó a Chávez como segundo libertador de Venezuela, por debajo de Bolívar y por encima de Miranda, Sucre y todos los demás próceres de nuestra independencia. Se prendieron hasta unas velas, con torta y demás, porque este gobierno no va a dejar de poner la torta y para piñata, todos los venezolanos, que no dejamos de recibir palo como consecuencia de una mediocridad absoluta que malgasta horas y horas en pantomimas cursis como la cadena de los 61 años del comandante. 

En ese evento paso lo impensable. La pantomima del gobierno fue tan lamentable, que lograron poner sobre tela de juicio el personalísimo, tan nuestro, tan tradicional, tan de todos los días. En ese intento de endiosar al comandante, su imagen se empieza a borrar, y ni siquiera queda como el recuerdo de los dictadores previos a los que un grupo importante de la población sigue añorando. El tema es que Maduro tiene la capacidad de diluir todo lo que toca, no importa si es segundo, tercero o cuarto libertador. La naturaleza destructiva de Maduro es una tragedia para Venezuela, pero a su vez, esa naturaleza podría ayudar a liberarnos de la añoranza de otro militarzuelo dictador. 

Para nosotros, los opositores, la tarea deberá ser la de mantener la imagen conjunta de Chávez y Maduro. En estas cursilerías gobierneras se afianza ese lazo y es en ese lazo en el que podremos encontrar un pedazo de esperanza que nos permita diluir a otro mesías en nuestra historia. Porque si logramos hacer entender que Maduro es consecuencia de Chávez, no sólo apagarán velas, sino que también se apagará “el segundo libertador”. 

Por eso ahí se celebro un cumpleaños en el que la gente lloraba, porque de lo que ellos y todos los demás estamos seguros, es que Chávez no vive tanto, y la lucha más que lucha es aguante. El proclamado segundo libertador ya no está y la papeleta le toca a uno que se quedó en la fiesta hasta el final sólo para pinchar globos. El niño destructivo que derrama frescolita y arranca juguetes de las manos de los otros niños. A Nicolás hay que dejarlo hacer, porque en sus fiestas improvisadas, está a punto de aguar toda la fiesta.