• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Carlos E. Weil Di Miele

Ya ni somos un chiste

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Cuando vemos cómo nuestro país se pierde, cómo nos hundimos en la desesperanza y en el miedo, tendemos a fomentar argumentos vacíos que nos hagan sentirnos mejor con lo que somos y con lo que tenemos. En ese juego hablamos del buen humor del venezolano, de cómo nos gusta “echar vaina” y lo elocuente que podemos ser. Con esas y otras falacias nos anestesiamos y perdemos la noción de la realidad y de alguna manera sentimos que no todo está perdido. Pero al final son solo eso, argumentos sin fundamentos que carecen, con el paso del tiempo y con la profundización de la crisis, de bases que los sostengan.

Nos cuesta mucho criticarnos como sociedad. Somos incapaces de discutir temas delicados y, cuando lo hacemos, somos poco incisivos. Nos curamos de mentira y tratamos de correr la arruga porque de alguna manera se ha logrado establecer la idea de que la autocrítica social es antipatriota. Pensamos que la mamá que le dice al hijo que no ponga los codos en la mesa odia a la familia y no que quiere que la familia sea mejor.

La comedia crítica tiene entonces una sola tangente, la de la política. Nos olvidamos de lo mal que estamos como conglomerado, más allá de Capriles, Maduro, MUD, salidas y capillas ardientes. También evadimos el tema con comedia intrascendente, llena de lugar común, de vocabulario de tanga y de teatro de segunda.

Desde la desaparición de RCTV y la Radio Rochela en 2007, Venezuela perdió una comedia que es fundamental en cualquier sociedad, la de la crítica social. El programa de los lunes no tuvo sustituto en los medios alternativos y el miedo a esa etiqueta de antipatriotas nos ha hecho pasar por alto miles de problemas que posiblemente solo un comediante pueda codificar de manera acertada.

Si bien la Rochela no pudo escaparse de la tanga, nos hace falta un Wapero que nos muestre esa cara indolente de una parte de nuestra sociedad. Un Chunior que nos enseñe lo mal que están los medios. Un Perolito y Escarlata que nos muestren la humanidad que hay en la pobreza. Un Palomino Vergara que proyecte la imagen de nuestro machismo de cartón. Un Miss Chocozuela que nos haga ver lo lamentable de nuestra noche más linda y el sinfín de personajes y sketches que nos enseñen una caricatura de lo que somos, que nos pongan cara a cara con nuestro peor perfil y que nos hagan entender, como lo hace la mejor crítica, lo que está mal para que se pueda estar mejor.

Entonces no importa qué tan buen humor tengamos. No importa si somos chéveres o no. Lo que importa es que la echadera de vaina no trasciende al tío borracho de la parrilla que habla de “carajitas” y de la vuelta en U que hizo en una avenida principal. No importa si somos elocuentes o suspicaces. Lo que importa es que estamos mal como sociedad, peor que nunca. Que ese miedo al “antipatriotismo” nos abstiene de ser un chiste. Que la autocrítica desaparece y que la comedia, esa social, ya no nos ayuda a reírnos de nosotros mismos, y así poder mirarnos al espejo, ver lo terrible de la situación, para tomar la decisión de empezar a estar mejor.