• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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La anatomía según Chaderton

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Partimos de las declaraciones de Roy Chaderton, nuestro máximo representante ante la Organización de Estados Americanos, luego de que con unas palabras sublimes en el programa del canal de todos los venezolanos asegurara que las cabezas opositoras producirían un sonido distinto al ser impactadas por las balas de una posible invasión americana. A pesar del video que corrió por las redes sociales, nuestro digno representante no se refería a la represión del Estado contra las manifestaciones en su contra, sino a la idea esquizoide que maneja su gobierno de las posibilidades de invasión de Estados Unidos a nuestro preciado (y quebrado) territorio, lo cual sería, y aquí estamos de acuerdo, terrible para nuestro país.

Ahora, el problema no es el contexto, sino el tono de sabiduría con el que nuestro embajador ante la OEA esboza la idea de venezolanos diferentes, no solo en la ideología sino en la biología. Chavistas superdotados con cráneos en los que el cerebro no encuentra espacio suficiente, llenos de ideas y de pensamiento revolucionario, y cráneos opositores vacíos como las bóvedas del Banco Central, en los que los tiros americanos pasarían con mucha más comodidad. Algo así como una raza superior revolucionaria que termina por inaugurar la anatomía según Chaderton. 

Objetivamente nuestro digno representante asegura que las bombas americanas serían incapaces de diferenciar ideologías, lo mismo las armas y también los francotiradores. Sin embargo, dentro de su manual anatómico él está convencido de poder diferenciar el impacto de una bala, si esta en su camino se encontrara con un opositor o con un oficialista. El oficialista es mucho menos digno de recibir el balazo, por su parte, según el embajador, el opositor parece merecerlo. En esta idea absurda, el oficialista es más fuerte, más inteligente y seguramente sexualmente más capaz que cualquier opositor, una competencia de imposición que al gobierno le encanta jugar, porque cuando se tienen los poderes, los medios y el dinero se puede autodeclarar la superioridad absoluta.

Todo se resume en que quien gobierna se convenció durante años de que minoría y menos eran sinónimos. Una ideología en la que el único contenido es que quien los adversa es un enemigo que no merece compartir el territorio. Una política de aniquilación moral que se juega todos los días en las dificultades de un país en el que no puede vivir nadie, pero en el que vivir siendo opositor es aún más complicado, la lista Tascón y las amenazas poselectorales en los ministerios son una muestra de ello.

Quedamos en el medio del discurso todos los que no entendamos al otro como a un ente inferior sino como a otro venezolano. Más allá del fanatismo de colectivos y El Cafetal, el chavista y el opositor tienen sus razones de serlo, pero mientras el fracaso de este sistema absurdo se hace más obvio, los que el gobierno considera menos parecen dejar de ser minoría. A Chaderton le quedará su manual, que solo él con su superdotado cerebro revolucionario podrá entender, a nosotros, comunes morales, nos basta y nos sobra con el sentido común.