• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Carlos E. Weil Di Miele

Verdad cero

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La evasión de la verdad se ha convertido en política de estado. La fórmula es confrontar. Al gobierno le conviene mantener dos opiniones públicas paralelas que generen la confusión suficiente para que no exista una verdad. La certeza es escasa en un país en el que las pruebas no existen, mientras los hechos se diluyen entre dos discursos, la sociedad civil deja de hacer preguntas y empieza a buscar realidades, y en esas realidades busca la que más le gusta y que lamentablemente no tiene por qué ser cierta.

La censura es fundamental en la fórmula. La línea editorial única se repite en los medios que el gobierno ha logrado controlar y se cuela entre las páginas de los periódicos y la pantalla una realidad de molde que no deja espacios para la verdad. En Quinta Crespo se caen a tiros y el twitter dice que son los colectivos y el CICPC, pero el CICPC dice que no son los colectivos, pero no dice por qué se estaban cayendo a tiros en el centro de Caracas. Sí, a tiros, en el Centro de la capital del país a plena luz del día. Pero la prensa no habla del tema, y menos la televisión. Y al final nadie supo, y nadie sabrá, porque todo quedará en una discusión irrelevante en la que dos bandos quieren imponer una realidad, pero el bando que puede acceder a la verdad no lo hace, y el otro bando, no puede acceder.  

Da miedo. Tiene que darnos. En los últimos años, más que nunca, la certeza no existe en el país. No sabemos lo que va a pasar, pero peor aún, no sabemos lo que pasa, ni lo que pasó. Estamos en una especie de purgatorio en el que ni siquiera podemos escribir historia, porque el plan Ávila y tiburón 1 tal vez pasaron, pero tal vez no. Y Chavez murió de cáncer, pero no sabemos de qué. Y a Bassil Dacosta lo mató alguien, sin nombre, no identificado, como de ovni de canal Infinito.

La estrategia parece desaparecernos como sociedad, mantenernos en un espacio sin pasado, sin presente y sin futuro. No saber si mañana habrá harina pan o Atamel, si El Nacional sale el mes que viene, o si regresas a tu casa. Para el gobierno, vivir es demasiado, entonces es mejor un estado vegetativo colectivo en el que no se sepa muy bien de donde se viene o a donde se va.

Es hora de ser fatalistas, de entender que estamos mal y que vamos a estar peor. Los medios de comunicación no existen. La gente que sigues en Twitter no es el país. Y la realidad es incierta.  Cuando todo esto se conjuga, la verdad deja de existir, y con ella el pasado, el presente y el futuro. Dejan también de existir la memoria, el trabajo y la esperanza. Entendido así, la política de estado no es sólo evadir la verdad, sino la más simple muestra de humanidad. Convertirnos en una sociedad zombie que habla y hace lo que le dicen que hable y haga. Nosotros, como oposición, no se lo hemos hecho muy difícil. La opinión pública la maneja el gobierno, y eso no es un secreto.

Mañana nos despertaremos, tal vez, y desayunaremos con arepas, tal vez. Pero seguramente no sabremos lo que pasó en Quinta Crespo, ni con Robert Serra. Tampoco sabremos lo que va a pasar después. Seguiremos teniendo preguntas sin contestar, y buscaremos en algún lugar una respuesta que queramos escuchar y que lamento informar no está ni siquiera cerca a ser verdad.