• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Carlos E. Weil Di Miele

Venezuela: la peor película

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Las películas pueden ser buenas o malas. Pueden ser taquilleras o no. Pueden ser superproducciones o independientes. Pero lo que tiene que tener toda película, si la intención es que sea lógica, es un género definido. Drama, misterio, terror, romance o musical, el cine necesita de un género para venderse, para mostrarse al público y para ser coherente.

En nuestra película diaria el género no existe. Nuestra incoherencia nacional nos ha convertido en una realidad indefinible que se pasea entre varios tipos de situaciones que sobreponen sentimientos y reacciones, y en la que los problemas son imposibles de identificar, porque al estar multiplicados no pueden individualizarse.

En Los Dos Caminos, cual película de guerra, la policía se enfrenta a un hampa común armada con granadas y AK-47, como si se tratara de un Salvando al soldado Ryan en el que no se salva nadie. Trincheras de guerra en medio de la ciudad y todo resumido al miedo de miles de vecinos que desde sus ventanas escucharon una vez más armas de fuego.

En Plaza Venezuela estudiantes están encerrados en celdas miniaturas, al mejor estilo de Psyicho Thriller. Un Saw endógeno en el que las máscaras de payasos son reemplazadas por uniformes del Sebin, pero las torturas y el miedo siguen intactos, todo rodeado de un ambiente oscuro en el que no hay ni una mínima intención de aclarar nada.

Mientras tanto miles de estudiantes esperan en el exterior por dólares que son su derecho, en un estado de suspenso que puede cambiar el resto de sus vidas en lo que sería una sensación que ni el cuchillo y la ducha de Hitchcock estuvieron cerca de hacer sentir ni a la más cobarde de las audiencias.

Y en Suiza aparecen cuentas millonarias de funcionarios anónimos, y los homicidios los fines de semana, y el chamo que no llega a su casa y ya son las 2:00 de la mañana, y pañales ni pensar. Todo un drama de país en el que parece imposible la existencia, una realidad que nadie, ni el más talentoso de los directores podría poner en una película.

Somos ese género indefinible. Y como con el género, también son indefinibles nuestros problemas. Ya no se sabe cuáles son las causas y las consecuencias, ni cuál es el más grave, el que hay que atender primero, ni el que fue primero, ni tampoco cuál será el último. Sobreviviremos un día más, para ver una película terrible que no entendemos y que ni siquiera queríamos ver.