• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

Al instante

Carlos E. Weil Di Miele

Telenovela económica

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La televisión nacional es una especie de máquina del tiempo que se ha negado a evolucionar. Bastan diez minutos frente a la pantalla para sentirse en los noventa. La fórmula es la misma, y el contenido es igual, y en algunas ocasiones peor de lo que era veinte años atrás. No solo se trata de la situación país, de la falta de presupuesto o de la censura, sino de una creencia generalizada en la que se menosprecia a la audiencia y que se resume en una frase lapidaria que asegura que lo que se transmite “es lo que la gente quiere ver”, como si todos fuéramos iguales, una masa con pensamiento y gusto único.

La idea parece no tener fecha de caducidad y se ha utilizado para perpetuar en el tiempo no solo la programación sino la manera de venderla. Las telenovelas y sus etapas cumbres y culminantes. Sus capítulos irrepetibles y todo ese lenguaje que hemos escuchado desde que tenemos uso de razón son una muestra de lo que entienden nuestros canales de nosotros como sociedad.

Este tipo de promoción funciona porque se nos ha impuesto, y tanto funciona que el gobierno la empieza a utilizar. Se hacen anuncios de medidas económicas y tienen etapa de estreno, etapa cumbre y etapa culminante. Se nos vende un capítulo irrepetible en diciembre que se vuelve a repetir en enero y que no dice nada nuevo, ni es diferente al anterior. Mantener al público en tensión solo por mantener al público en tensión. Pensar que se viene algo nunca antes visto, para después dejarlo con ganas, como si realmente no supiéramos lo que va a pasar.

Ahí está el detalle. Como las novelas, el gobierno ya no nos debería sorprender. Los protagonistas van a terminar juntos, y las medidas económicas no van a mejorar la economía. No importa cuánto nos las vendan, ni a qué hora ni por qué canal se transmitan, no importa si las explican Giordani y Merentes, o si las explican Maduro y la primera combatiente, el final lo sabemos, y a diferencia de la novela, no será nada feliz.

Mientras tanto, seguiremos esperando. Maduro regresará de viaje en su etapa cumbre, con miles de anuncios que hacer que no sorprenderán a nadie, mientras la audiencia sigue atenta ante una maquinaria comunicacional monstruosa que le sigue vendiendo capítulos de estreno que ya vio hace 16 años. Nos queda exigir mejor contenido, ser conscientes de que la fórmula solo la podemos cambiar nosotros, porque en realidad no importa cuánto nos vendan la novela, todos sabemos que tarde o temprano, con más o menos drama, tiene un capítulo final.