• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Carlos E. Weil Di Miele

Sexo Necesario

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Tony Soprano está sentado en la sala de espera. La cámara lo enfoca entre las piernas de una estatua. Soprano mira la representación de una mujer desnuda. La toma, se llena con la mirada de curiosidad y la fuerza agresiva que definen al personaje. La puerta del consultorio se abre y una psicoanalista llama al paciente:

-Señor Soprano. Dice.

-¿Sí?. Responde Soprano.

Así empieza la primera sesión de una historia que cambió la manera en la que se hacia televisión. Desde ese día una nueva formula de entretenimiento ha llenado la pantalla casera con historias que no tienen nada que envidiarle al formato de largometrajes del cine tradicional. Empezando con la mafia de New Jersey hasta Games of Thrones, guionistas y directores han construido personajes que tienen entre sí una característica que los hace comunes: son, ante todo, humanos.
Esa humanidad está invadida por los vicios y virtudes naturales a nuestra especie. La sexualidad es una de las principales protagonistas de la fórmula y, sorprendentemente, su uso ha generados sentimientos encontrados en la audiencia. Digo sorprendente porque sería imposible desarrollar a un personaje durante cinco años sin presentar de alguna u otra manera su plano sexual.

Tony Soprano no sería Tony Soprano sin las tetas del Bada Bing. Tampoco sería Don Draper de Mad Men nuestro Don Draper sin una amante. Hannah Horvath de Girls no seria la revolución feminista que es si siempre tuviera camisa. Tyrion Lannister sin orgías. Walter White sin el sexo post quimioterapia. La lista es infinita. La sexualidad es necesaria, humaniza a los personajes y es una de las tantas razones que hace a la nueva televisión tan realista y creíble.
Esta sexualidad es constantemente confundida con sexismo. Pero no puede tratarse de la misma manera. Por ejemplo, la Beba Rojas en una tanga amarilla en Bienvenidos no es igual a Frank Underwood desvistiendo violentamente a Zoe Barnes. La primera es innecesaria. La segunda construye a los personajes, su relación y la forma en la que se desarrollan en la historia.

¿Que se muestra demasiado? Sí, pero mientras la finalidad sea justificar la historia no se puede jugar a la censura. Ponerle hojas de parra a esculturas es tan criminal como cortar las escenas en las que los orgasmos arman una mejor historia.

En 1896 el primer beso fue grabando en cámara (http://goo.gl/yZ4g9m) La escena es incómoda y feliz. Un hombre de bigote, John Rice, se aproxima con ternura a una mujer que lo besa con un poco de vergüenza, May Irwin. La escena es absolutamente poética, y los personajes son definidos en torno al beso. La audiencia es inmersa en su intimidad, y el sentimiento se escucha en una grabación silente. Esa primera vez abrió el camino. Hoy nos encontramos con un arte evolucionado que busca representar con mayor precisión nuestra realidad, los heroes y antiheroes se humanizan y si los humanos son protagonistas el sexo no puede tener un papel secundario.