• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Carlos E. Weil Di Miele

Realismo mágico y teorías de conspiración

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La política latinoamericana ha estado siempre empapada de un pincelazo de realismo mágico que la hace, en consecuencia, poco seria. Los discursos de los candidatos del continente siempre han tocado de alguna manera u otra un área mística que peca de demagogia y oscurantismo. Habrá quien considere que la afirmación es exagerada, y que el realismo mágico es intrínseco a nuestras mentalidades, pero una cosa es la ficción y otra son las realidades.

Con esa tendencia hemos terminado escuchando discursos en los que se habla de pajaritos o tiempos de dios. De providencias y por ahoras. No sé trata de eslóganes ni instrumentos de campaña, sino de evasiones constantes a las realidades de un continente que produce tantos problemas que parece más fácil inventar cuentos que encontrar soluciones.

La misma idea nos ha llevado a la formulación de las teorías de conspiración. Me cansé de escuchar a estudiantes de la Central hablando de espionaje en los salones y de procesos de admisión trucados con fórmulas concebidas en el extranjero para evadir a futuros universitarios con potencial “rebelde revolucionario”.

Somos un continente de cuentacuentos con una importante tradición poética, pero no podemos seguir tratando la realidad como ficción. Por ejemplo, en Argentina, un día antes de declarar, encuentran muerto al testigo esencial de un proceso de investigación en contra de una presidente acusada de un crimen atroz y la versión oficial se publica en tiempo récord: suicidio. El hombre estaba mal de la cabeza, no tenía nada en contra de la presidente y decidió no hacer el ridículo. Pero no salió bien el cuento, entonces tal vez se edita, y no fue suicidio, sino montaje de suicidio, orquestado desde el exterior para conspirar en contra de la presidente que, repito: está acusada de ser parte de un crimen atroz.

En Venezuela falta comida, pero es porque la gente está comprando más porque tiene más dinero. Pero tampoco sale bien el cuento, entonces puede ser que los distribuidores están conspirando (esta palabra siempre entra en la edición) con agentes extranjeros para desestabilizar a un gobierno que se desestabiliza solo.

Mientras tanto, la doña de El Cafetal dice que no entiende cómo es que la gente le cree a este gobierno, segundos después de meter en la conversación que un sobrino le dijo que esto estaba listo, que no pasaba de marzo.

Así nos dejamos llevar por una corriente en la que verdad y ficción entran en el mismo río. No sabemos qué es y qué no es, ni parece que queramos saberlo. Tampoco nos preguntamos ¿cuándo?, ¿por qué? ni ¿cómo? y todo termina en un continente convulsionado que siempre parece estar al borde de una crisis. Dejemos el realismo mágico a la literatura, que para el resto nos basta con la realidad.