• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Ramo Verde y Ramos Allup

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Termina otra alocución del presidente sin más. El hombre se paró frente a la Asamblea y después de casi tres horas (o un poco más, da igual) parecía que nos quedábamos como empezamos. Un discurso repetido de gobierno propagandero, las mismas líneas de siempre que se asemejan más a las líricas mediocres de un rapero malandrín de medio pelo que a las de un jefe de Estado. Que tú me dijiste, que tú me hiciste, que yo soy más y nadie puede con mi talento. Entonces se paró Allup, tan adeco y tan cuestionable como es, y nos sentó a todos, a ellos y a nosotros, porque en 17 años se nos había olvidado la política, esa de verdad que responde con cautela, que no es de trincheras sino de discursos, de debates y de civiles y ahí es donde el chavismo deja de entenderlo todo.

La victoria de la Asamblea ya fue un paso gigante sin precedentes. Una victoria tan contundente y tan obvia que destapó hasta la crítica endógena chavista. Pero aún más impresionante que la victoria es la actitud política de la oposición, que tan acostumbrados nos tenía a caer en los juegos del gobierno, a equivocarse cuando avanzaba y a dar pasos en falso. Pero volvemos al principio, en este juego unos son demócratas y otros no y como demócratas los primeros entienden y aprenden del error y los segundos utilizan la fuerza para imponer el error. Y hoy la oposición ha aprendido y al chavismo se le empiezan a acabar las fuerzas.

Ante la política, un panorama desconocido para el gobierno, Maduro y su gente acude a lo que conoce, a lo que ha practicado sin escrúpulos durante 17 años, algo así como la especialidad de la casa: el horror. La capacidad oficial de superarse es alarmante. Decide acudir de nuevo a la fuerza y buscar a toda costa desaparecer la política. Entonces son más importantes los retratos del “eterno” que la escasez. Más importante traer barras a la Asamblea para hacer ruido, que discutir la inflación. Es más importante vejar a los familiares de los presos políticos que negociar con los que hoy, a punta de votos, son mayoría.

Este es el peligro que corremos, ganar la Asamblea significó para los que creemos en la democracia una oportunidad infinita que de forma magistral la oposición ha sabido manejar. Pero ese resultado electoral también significa traer al gobierno a un lugar al que no quiere pertenecer, un espacio en el que la democracia y la política son las únicas armas, y ante esa negación de estar nos podemos encontrar con el desespero desequilibrado que el gobierno, incluso estando en su terreno y manejando todos los poderes, ya nos había mostrado.

No podemos dejar que Ramo Verde se repita porque ya no solo se trata de una arbitrariedad. Lo que pasó con los familiares de Leopoldo es una muestra más de la irresponsabilidad de un gobierno que se encuentra en un momento incómodo del que necesita salir, en sus propias palabras, como sea. El tema es cambiar el tema, y si es necesario desnudar a una señora frente a sus nietos, no lo van dejar de hacer porque de moral y de buenas costumbres las dictaduras no entienden. Le toca a la Asamblea y a la oposición seguir hilando fino, la política renació, pero esta barbarie ya trae 17 años de entrenamiento.