• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

Al instante

Maduro y el profesor Jirafales

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La política oficial tiene dos características ineludibles que la hacen la causa principal de la situación que se vive en nuestro país. En primer lugar, el gobierno se puede definir como un grupo que improvisa a diestra y siniestra maniobras inexplicables para tratar, superficialmente, de solventar (o al menos maquillar) la crisis que vive nuestro país. Sin embargo, la situación es tan crítica, que el maquillaje y la propaganda oficial empiezan a quedarse cortos y no pueden, ni con todo el poder comunicacional con el que cuentan, esquivar la sensación de inestabilidad que se vive en Venezuela. Esto trae como consecuencia la segunda característica, el gobierno, en su improvisación y mensaje soberbio, se ve cada vez más como una caricatura. Se han encargado, desde el Presidente de la República, hasta los diputados oficiales, de generar un discurso de reacción que sólo responde a lo que los adversa, creando casi un salón de clases en el que las discusiones se centran en el “él me dijo primero” y entonces yo tuve que responderle.

 

Algo parecido pasaba en la escuelita de El Chavo. Un grupo de clases desastroso, que no quería hacer el trabajo que le tocaba, empezaban a burlarse los unos de los otros, mientras el hombre del bigote, en ese caso el profesor Jirafales, perdía el control. Entonces al final no se llegaba a nada, todo terminaba con un Ñoño que decía “Míralo a él, míralo a él” y una clase que no había aprendido.

 

Nuestro hombre del bigote tiene un poco de profesor Jirafales. Son ambos incapaces de poner orden, de encontrar la fórmula para calmar el desmadre de un grupo que no sabe lo que está haciendo, ni por que está ahí, ni en dónde quiere estar. Pero nuestro Jefe de Estado también empieza a tener algo de Ñoño. En su pérdida absoluta de la figura de presidente, Maduro se ha convertido en un respondón, un niño llorón que juega al malandrito, al yo puedo más que tú. En ese nuevo papel, Maduro se ha tratado de llevar por en medio, vociferando sin sentidos, a todo lo que le adversen.

En este nuevo discurso oficial el mismo Presidente de la República ha decidido darle importancia a personajes y temas que no la tienen. En su empeño de responder a todo, Maduro sigue perdiendo la figura de profesor de la clase, de autoridad, para convertirse en una caricatura presidencial. Un mal chiste, que lamentablemente es una desgracia para nuestro país.

Chávez, gran culpable de todo lo que nos sucede en el país,  al menos tenía la capacidad de elegir a quién dedicarle las palabras. Pero cuando las encuestas están en contra y todo te queda grande, no queda más que lanzar “tatata tas” al aire. Pero a esta clase desastrosa que es Venezuela, ya Maduro no le puede poner orden.