• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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La MUD y los superhéroes

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Todas las películas de superhéroes tienen algo en común. Y aunque la respuesta parezca obvia, el común denominador no son los superhéroes. Tampoco es un accidente que hace de un humano común un mutante superdotado capaz de salvar a una ciudad. Ni el momento en el que ese humano decide asumir las responsabilidades que vienen con sus poderes. El factor común, al que me refiero, es ese momento en el que por desconocimiento o por recelo, el superhéroe es cuestionado por la población y a sus ojos, deja de ser superhéroe para ser villano. Spiderman odiado por Nueva York, Batman odiado por Ciudad Gótica. 

La oposición venezolana tiene mucho de pueblo de comic. Nos empeñamos en convertir a personajes en estandartes de nuestra lucha, para luego tacharlos de enemigos. En parte el fenómeno se debe a nuestra incomprensión absoluta de la política, que lamentablemente seguimos entendiendo como una dinámica personalista y no como un campo de negociación partidista. 

En ese paquete de villanos hemos metido a todos nuestros líderes, desde Pablo Pérez hasta Capriles y hoy le toca a la MUD. La Mesa de la Unidad es definitivamente imperfecta, tan imperfecta como es la democracia. En ese aglomerado de partidos se ha hecho política por primera vez en mucho tiempo y tal vez como nunca se había hecho en Venezuela. La intención de conglomerar a varios partidos, con distintas tendencias políticas, y lograr entre todos buscar un fin común suena demasiado democrático para un país que sigue buscando un mesías que le de la patada a la mesa y tome todo por la fuerza, porque lo que se necesita es orden. 

La figura de la MUD le pica tanto al gobierno como al opositor que comparte por sus cuentas de Facebook fotos de Perez Jiménez con cierta nostalgia. Es muy difícil entender que el trabajo de la MUD es más complicado que el de cualquier otro conglomerado político de la región, y que mucho de lo que se ha logrado como oposición se le debe a una constante intención de sacarnos de esta compleja situación política sin balas y de la manera más democrática posible. 

En esa mesa ha habido que negociar con un Acción Democrática que está negado a entender que Venezuela no es la misma de hace 30 años. Con un Primero Justicia que no termina de entender que todavía hay gente que añora la Venezuela de hace 30 años. Con un Voluntad Popular que se empeña en una solución inmediata. Y con decenas de partidos que tiene cada uno su interés y cada uno su ideología. Sin embargo y a pesar de la constante campaña de demérito de un gobierno que cuenta con el poder absoluto de los medios de comunicación, a punta de política, el consenso se ha logrado. Y si eso no es casi heroísmo, entonces tendríamos que cuestionarnos nuestros conceptos. 

Pero aquí nos empeñamos en satanizar. Ahora la MUD es villana y todas sus movidas las vemos con cierta duda. La imperfección de la MUD es obvia, pero también es obvio que ningún otro conglomerado ha logrado, en la historia política de Venezuela, lo que ha logrado la MUD. Nos toca ser menos comiquita, entender que la realidad es complicada en un país en el que la política había muerto. Nos toca darle un voto de confianza a ese superhéroe que está haciendo lo imposible por sacarnos de esta de la mejor manera, y si entendemos el trabajo, más que un voto, el próximo 6D le deberíamos dar unos cuantos.