• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Carlos E. Weil Di Miele

Hoy quiero mentar madres

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Escribo estas líneas luego de un día de indignación. Un sentimiento nauseabundo que es difícil de evadir. Un tiro aniquilador que nos detonó a todos, que nos dejó aturdidos, como animales asustados sin saber adónde ir, de qué escribir, a quién mentarle la madre. Pero un día es tiempo y con el tiempo se responden preguntas. Se corre a donde se puede, a donde no hay balas, a donde no hay miedo. Se escribe de lo que se sabe, de lo que se cree. Y se le menta la madre a los culpables, con exigencia de justicia, de sensatez y de responsabilidad.

Habrá quien me acuse de violento e irrespetuoso, pero cuando un niño de 14 años cae sobre una calle de un país hay que mentar madres, porque para eso están esas palabras en el diccionario, para usarlas cuando corresponde y hoy, hoy toca.

La muerte de un niño de 14 años no es casualidad. No es un hecho aislado. En Venezuela, nada de lo que ha pasado puede achacarse a la mala suerte. No es un juego de azar en el que las consecuencias son el resultado de la generación espontánea. No es un montaje, pero tal vez una estrategia. Sale Diosdado, con su mazo, a decir que el asesinato es “raro”, “muy raro”, después de 16 años de un discurso cargado de polarización, de “revolución pacífica pero armada”. Después de miles de cadenas en las que se gradúan policías en unos meses, sin enseñar ni debidos procesos ni estados de derecho. Después de satanizar las protestas estudiantiles y llamar a sus seguidores a defender la revolución al precio que sea. Entonces vale preguntarse ¿raro?

Por el contrario, es lamentablemente lógico. Todo responsabilidad de un Estado con un talante profundamente violento. Responsable de la resolución 008610, responsable de un organismo policial incapaz, responsable de la cotidianidad de la muerte y de la politización de la vida. Responsable de los heridos de la ULA. Responsable de Kluivert Roa, Bassil Dacosta, Juan Montoya, Roberto Redman y tantos otros que caen todos los días.

El puño de hierro chavista viene ligado con plomo, y en la oscura mente de quienes nos gobiernan la finalidad es electoral. Una vida a cambio de unos votos. La necesidad de radicalizarse a ver si la oposición se equivoca. Como un experimento de ensayo y error en los que todos los que no somos gobierno (o sus seguidores) servimos de conejillos de india.

Después de un día no pasa la indignación. Ni pasará después de mucho tiempo. El presente nos deja sin un nombre más en el futuro y eso es culpa única y exclusivamente de la política oficial, de quienes llevan las riendas de este proyecto absurdo. Yo desde estas líneas, porque toca, no puedo evitar mentarles la madre.