• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Weil Di Miele

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Gobiernos de cuarta y de quinta

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“Relato aquí sucesos, de un país imaginario. Si le hay parecidos con nuestra realidad, es pura coincidencia [...] La inflación sube que sube, los precios sobre las nubes. El gobierno derrochando y el país se está arruinando. [...] se llevan a un ganadero, no saben su paradero. Quince balas disparadas, dos niñas asesinadas”.

 

Las líneas anteriores hablan obviamente sobre Venezuela y a pesar de la cuestionable calidad de los verso, describen nuestra realidad con bastante tino. Es un reflejo de lo que vivimos a diario y de los miles de problemas a los que se enfrenta nuestro país. El problema es que esta canción, de Vytas Brenner, uno de los primeros intérpretes del rock venezolano, se publicó en 1983.

Sí, en pleno proceso de decadencia de eso que el gobierno se ha encargado de meter en un solo saco y ha decidido bautizar como cuarta república. Como si Leoni, Caldera y Betancourt fueran lo mismo que Carlos Andrés y Lusinchi. Ese discurso de generalización que le cae como anillo al dedo a un régimen que siempre ha necesitado polarizar. Buenos y malos. Patriotas y fascistas. Estudiantes e hijos de papá. La cuarta y todo lo que representa fue terrible y la quinta es el camino al futuro.

El discurso también le ha servido a la maquinaria propagandera revolucionaria para lavarse las manos. En la cuarta se pasaba hambre, entonces está justificado que en la quinta también. En la cuarta se perseguía estudiantes, entonces por qué no pueden los esbirros de turno hacerlo hoy. En la cuarta había inflación y violación de derechos humanos y persecuciones políticas, entonces por qué no lo harían Diosdado y Maduro.

La diferencia es que la cuarta fue un experimento político. El primer experimento político democrático de nuestro país y con sus errores, que no fueron pocos, construyó una primera estructura moderna de Estado. Pero este gobierno ha decidido no aprender de los errores, sino justificarse en ellos y el problema es que las terribles decisiones de esta banda criminal que nos gobierna empiezan a perder justificación.

No hay pasado que justifique un narcoestado. No hay pasado que justifique la destrucción casi absoluta de la producción nacional. Tampoco hay pasado que justifique más de 20.000 muertes violentas al año. La realidad es que la cuarta tuvo sus errores y la otra realidad es que la quinta ya no tiene excusas.

Así como en los ochenta, el país se sigue cayendo. Una caída libre imparable en la que se han ido dejando por los aires derechos humanos, justicia y paz. La canción sigue vigente, porque los problemas siguen vigentes, pero hoy multiplicados. Este proceso político tuvo, con una renta petrolera sin precedentes en la historia, la posibilidad de detener la caída, pero en su inmensa ineptitud buscó excusarse en el ayer y hoy, en el presente, el cambio empieza a sonar más que cualquier canción anterior.