• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

Al instante

Un régimen de oprobio y malandroso

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“¿Seremos nosotros capaces de mantener en su verdadero equilibrio la difícil carga de una república? ¿Se puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado se lance a la esfera de la libertad, sin que, como a Ícaro, se le deshagan las alas y recaiga en el abismo? Simón Bolívar.

 

Indigna, por no decir una mala palabra, la actitud revanchista, arrogante, malcriada, prepotente y malencarada de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y toda la tropa de sus conmilitones chavistas que, pese a haber perdido por paliza las pasadas elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, que permitieron a la oposición derrotar aplastantemente la corriente del oficialismo, se empeñan terca y abusivamente en crear un enfrentamiento innecesario de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo, ordenando a los ministros de la economía negarse a comparecer ante la Asamblea Nacional para ser interpelados, de acuerdo con las normas establecidas en la propia Constitución nacional, calificada por el extinto comandante galáctico y sus corifeos como la mejor del mundo, violando en consecuencia flagrantemente la ley, y lo que es más grave, la propia carta magna.

No contentos con lo anteriormente señalado, se han dado a la innoble y malsana tarea de apropiarse de los bienes del Estado, como si se tratara de enseres de su propiedad. Ello ocurrió con los equipos técnicos, útiles, antenas y mobiliario de la televisora de la Asamblea Nacional, por orden, léase bien, por orden o instrucciones de quien hasta hace algunos años atrás se ganó la vida como comerciante informal en el bulevar de Catia, y desde que ganó el PSUV las elecciones que llevó al poder al hijo de Sabaneta se convirtió en flamante diputado. Si señores, se trata de Darío Vivas, quien ahora también hizo lo mismo con todos los enseres y equipos de la radio de la Asamblea Nacional, lo cual sin duda alguna pone al descubierto sus mañas de inescrupuloso comerciante, lo cual nos permite intuir que probablemente ignora que está cometiendo un grave delito, penado por la ley. Claro, probablemente piensa para sus adentros que disfruta de inmunidad parlamentaria, y que por ello está a salvo de las sanciones correspondientes. Pero pronto veremos el resultado de sus inescrupulosas acciones.

Es tal el oprobio que produce el comportamiento de quienes hasta hace más de un mes se creían dueños del país, que diarios del extranjero publican en sus primeras páginas todos los desafueros perpetrados por los jerarcas y seguidores del oficialismo, noticias que en sus respectivos países no suelen ser comunes. Heinz Dieterich, el padre del llamado “socialismo bolivariano del siglo XXI”, en un artículo publicado en Aporrea.com en fecha reciente advirtió que “no es la hora de la hybris, la transgresión arrogante de los límites, ya que el pueblo venezolano necesita es la concordia oppositorum”.

El malandrismo de los chavistas aflora en todas sus manifestaciones habidas y por haber, y no dudan un instante en acusar a sus adversarios políticos de sus desafueros. No tienen escrúpulo alguno en endilgar a la oposición todo cuanto les viene en gana, y convencidos de que seguirán gobernando de por vida la nación, se desgañitan en improperios, insultos y falsas denuncias. Engañan al soberano anunciando día a día nuevos paquetes de obras, como si la nación siguiera percibiendo sus mejores ingresos por concepto de la renta petrolera, hoy en total desgracia, por la caída de los precios en el mercado internacional. Pese a haber perdido las elecciones parlamentarias, siguen empeñados y así lo proclaman en sus declaraciones a los medios de comunicación, que “la derrota de la oposición es un paso firme de la revolución socialista y bolivariana, para el pleno disfrute del pueblo de sus garantías y derechos sociales”. ¡Qué tupé!

Veladamente Maduro quiso que su decreto de emergencia fuese aprobado por la Asamblea Nacional, lo cual a nuestro juicio abría la cortina para que entre la luz y le brinde más claridad al decreto de excepción, el cual en su artículo 1° reza: “La presente ley tiene por objeto regular los estados de excepción, en sus diferentes formas: estado de alarma, estado de emergencia económica, estado de conmoción interior y estado de conmoción exterior, de conformidad con lo establecido en el artículo 338 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; así como, el ejercicio de los derechos que sean restringidos con la finalidad de restablecer la normalidad en el menor tiempo posible”. Una luz enceguecedora que dejaría claros y sin vista a muchos empresarios y comerciantes, a quienes se les podía expropiar o intervenir sus empresas o comercios. ¿Tenía acaso razón de decretar el estado de emergencia?

Evidentemente, estamos en presencia de un régimen oprobioso y malamañoso al que no le importa hacer uso indiscriminado de los bienes y recursos del Estado: televisión, radioemisoras, vehículos y todo cuanto se encuentre al alcance de sus manos. Sus mañas son de vieja data. No hay sino que recordar el saqueo de la Gobernación de Miranda, cuando Diosdado Cabello perdió las elecciones para gobernador, de lo cual quedaron evidencias filmadas y gráficas que fueron publicadas por los medios de comunicación en aquel entonces. Sus “diligentes” funcionarios y enchufados respiraban aliviados porque sabían que no serían investigados por su propia gente, y de lo que además del ilícito sabemos es que a los revolucionarios hijos de… Chávez, no les gusta rendir cuentas porque se creen invencibles.

Tampoco tienen empacho en acusar a la oposición de los  crímenes de Danilo Anderson, Robert Serra, Eliécer Otaiza y recientemente Ricardo Durán, crímenes que la propia policía científica (Cicpc) en declaraciones a la prensa acusó al hampa común. Incluso, la propia Fiscalía en el caso de Durán mantiene la tesis del robo, pero Maduro, Cabello y los “voces rojas” se empeñan  en acusar a supuestos sicarios pagados por la “burguesía capitalista, enemigas del pueblo y del socialismo”,  convirtiéndolos de paso en “héroes” para rendirles honores póstumos propios de jefes de Estado, pues hasta fueron velados en la sede de la Asamblea Nacional, a excepción del último de los nombrados, a quien califican como el adalid de la libertad de expresión y voz de la revolución socialista, por haber prestado sus servicios en el canal del Estado VTV.

Y qué decir del enroque ministerial del gabinete (no de cocina) de Maduro. Su roster esta vez tuvo nuevas caras, algunas de ellas fuera de juego en el tercer partido, como ocurrió con Emma Ortega, Ministra de Agricultura Urbana (¿?) sustituida a los 15 días de haber sido designada. No le dio tiempo de que rindieran sus frutos los porrones, envases de plástico y demás artificios domésticos en el cultivo de hortalizas en los balcones de apartamentos y casas de habitación, como había sugerido para combatir la escasez de estos rubros en los hogares venezolanos. En tanto que la nueva ministra de Salud, Luisa Melo, para quien el déficit hospitalario, la escasez de medicinas y las deficiencias en el sistema público de atención sanitaria no “son lo importante, sino lograr organizarnos para la defensa del proceso revolucionario”.

Y por último, el ex cuartorrepublicano Aristóbulo Istúriz, vicepresidente de la República, quien excusando la inasistencia de los ministros que fueron convocados por la Asamblea Nacional para que rindieran cuentas de sus despachos, manifestó: “Hay materias que no pueden ser discutidas públicamente porque arriesgamos al país”. El vulgo pregunta con insistencia: ¿Acaso la rendición de cuentas, contemplada en la Constitución Nacional, pone en riesgo a la nación? ¿O sea que en el pasado adecos y copeyanos perpetraron este acto en deterioro de la salud de la República? No vale, eso es mentira, Aristóbulo, esa caña no se la puedes meter al soberano que está cansado de tanta mentira y abuso. Lo que pasa es que tienen temor de que en la interpelación les saquen los trapitos al sol y queden desnudos ante el pueblo. Eso es todo… lo demás en pura muela, como dicen los chamos hoy en día.

De nada vale el torpe e ignorante llamado de Cabello de instar al “pueblo rebelde” a no acatar las decisiones de la AN, si ese mismo pueblo ungió con su aplastante voto a los nuevos parlamentarios de la democracia opositora. ¿Cuál es su perversa intención?

¡El que no la debe, no la teme!

 

Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

careduagui@yahoo.com // @_toquedediana