• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

Al instante

Un régimen bribón y mentiroso

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“Así como los buenos tienen en Bolívar todo un tesoro que espigar, también los malos, no por intención de Bolívar, sino por la intención de ellos, pueden agarrarlo también como un padrino de sus actos”/ Andrés Eloy Blanco

 

Nicolás Maduro recurrentemente subraya que el revocatorio no va ni este año 2016, tampoco en los próximos 2017 y 2018, en su empeño por desconocer lo que la propia Constitución nacional establece, pese además de que su fallecido padre putativo con marcada insistencia señalaba que el revocatorio es la herramienta que en una democracia participativa era necesaria para que el pueblo decidiera la permanencia o no de determinado funcionario al servicio del Estado. Ello obviamente comienza por el presidente de la República hasta gobernadores y alcaldes. Su obsesión por el poder, al que ya le cogió gustico, nos muestra a un intolerante individuo sin la menor formación social para la diatriba política, y mucho menos para el manejo de los asuntos de Estado. De allí su intemperante discurso (¿?) altanero, grosero, procaz y escatológico, en el que destila toda su carga de agresividad, como para hacer creer a sus huestes que hasta eso heredó del comandante galáctico.

Presume a diestra y siniestra de ser un presidente democrático, y afirma que sus enemigos políticos están empeñados en mostrarlo como dictador. Ignora por supuesto que su talante demuestra esto último, y en su pretensión de imitar hasta gestualmente a Chávez, se muestra como un vulgar payaso de circo barato. A costa de esa falsa democracia que pregona y que no es otra cosa que una dictadura, pretende perpetuarse en el poder rodeado de un grupo de ricos sin conciencia, que durante estos casi 18 años quieren legitimar su condición de irremplazables, burlándose de las aspiraciones populares. El régimen es hoy por hoy un club de corruptos pillos, que han mancillado la dignidad del trabajo honrado de la gente humilde, a la que en sus mítines y actos proselitistas, que realizan casi a diario con dineros del arca nacional, engaña con limosnas convertidas en bolsas de comida.

En nombre de la revolución socialista y mal llamada bolivariana, protegen y otorgan visas a los inmorales de cuello rojo. Dicen enaltecer la soberanía del país, pero sin embargo se creen dueños del mismo y de sus instituciones, persiguiendo y desdeñando la presencia de las masas hambrientas de justicia. Esas mismas masas que en estos días han demostrado su manifiesta intención y propósito de salir de Maduro por medio del revocatorio, para cuyo efecto, con sol, lluvia y mal tiempo han acudido masivamente en todo el territorio nacional para validar su firma, pese a los deliberados obstáculos propiciados por el CNE, en su afán de torpedear el proceso que es “irreversible” como diría la tan cuestionada presidenta de dicho organismo, creado para ser juez imparcial en los procesos electorales de todo orden que se lleven a cabo, pero hoy secuestrado por quienes detentan el poder socialista revolucionario, marxista y bolivariano, que no es otra cosa que comunismo, según  palabras textuales del anciano dictador cubano Fidel Castro.

Con el socialismo que pregona el régimen, se ha manipulado tanto el término de democracia participativa, pues aún hay gente ingenua que cree las mentiras que Maduro y sus segundones políticos y del gabinete las cuales pregonan a diario, en sus actos que en los últimos días el partido oficialista del PSUV realiza, ante el desbordamiento de los problemas que están tomando cuerpo, por la escasez de alimentos y medicinas prioritariamente, y luego por la serie de molestias que agobia al venezolano de todos los estratos sociales, como es el racionamiento de energía eléctrica, inseguridad y pésimos servicios públicos: Metro de Caracas, telefonía (Cantv), ausentismo de empleados en organismos públicos, a los que se les obliga a asistir a los actos proselitistas del régimen, lo cual genera en consecuencia severos problemas de carácter económico y de tiempo, a empresarios y particulares que tienen que realizar gestiones ante ministerios, empresas del Estado, notarias y registros.

No podemos entender cómo la inviabilidad puede ser argumento válido para negar que la participación directa sea la esencia de la democracia. La democracia es una forma de convivencia, a la cual se niega recurrentemente Maduro, porque no admite que en la misma participen todos los actores políticos, en el plano de igualdad. Conocida es la paradoja que se refiere a la mayoría en un Estado democrático y Popper, en su estudio sobre Platón, lo expone con gran acierto cuando refiere: “En su crítica de la democracia” y en su explicación del surgimiento de la tiranía, Platón presenta implícitamente lo siguiente: ¿qué pasa si la voluntad del pueblo no es gobernarse a sí mismo, sino cederle el mando a un tirano? (…). No se trata pues, de manera alguna, de una posibilidad remota, sino de un hecho repetido infinidad de ocasiones en el curso de la historia; y cada vez que se ha producido ha colocado en una insostenible situación intelectual a todos aquellos demócratas que adoptan, como sustento de su credo político, en el caso nuestro del socialismo revolucionario, el principio del gobierno de la mayoría.

Maduro hace énfasis en que el gobierno que preside es democrático, inclusivo y participativo, pero contradice el espíritu de su enunciado cuando advierte  que si llegase a ser revocado, “vendremos por ustedes y la revolución se hará de otra forma”. Una amenaza de quien se proclama demócrata, amante de la paz de la civilidad y de tantos epítetos con los que pretende seguir engañando a quienes de manera incauta creen en su discurso (¿?). Ignora el tan cuestionado inquilino del Palacio de Miraflores que la verdadera democracia significa la posibilidad y oportunidad del pueblo de aceptar o rechazar los hombres que han de gobernar mediante el voto. En una auténtica democracia no se excluye a los grupos minoritarios, por cuanto es violatorio de un principio que atenta contra la estabilidad de un gobierno, como es el caso venezolano en el que el régimen con apoyo  militarista y populista, amén de una ideología extraña para el pueblo venezolano, ejerce un inusitado autoritarismo. 

La tolerancia tiene sus límites y ha llegado el momento, pues los pueblos que duermen con pesadillas como la que vivimos los venezolanos, jamás podrán levantarse y hacer valer sus derechos. Maduro, y su claque política socialista marxista, no comprende que la auténtica democracia no radica en el círculo cerrado de quienes detentan el poder y el dinero, sino en una acción política en la cual el pueblo ejerce la soberanía por sí mismo. La democracia es la forma organizada de la sociedad dentro de la cual se practican eficaces y positivos métodos de participación popular, pero no para obligar al pueblo a dar su voto en las elecciones, sino a participar en la toma de decisiones políticas, así como en el disfrute de bienes y servicios generados por el trabajo colectivo.

Es bueno que se sepa que bajo la concepción anterior, la esencia democrática de convivencia humana se encuentra en la práctica de la libertad, porque ella refleja la condición misma de la existencia humana y Maduro y sus camaradas del gobierno y PSUV deben entender, de una vez por todas, que no existe libertad sin justicia social, y que el ser humano no busca únicamente satisfacer sus necesidades vitales, sino también alcanzar su plena realización en toda la dimensión que se merece. En estos penosos y largos años, Venezuela ha comprendido la necesidad de tener mucho cuidado con las prácticas antidemocráticas de Maduro y sus conmilitones, negados a revalorizar a los sectores marginados como punto de partida para un real y auténtico cambio social. El colectivo nacional debe comprender la diferencia que existe entre democracia y dictadura, a fin de evitar que persista la discriminación, marginalidad y perpetuación de la miseria. Maduro habla de diálogo, pero no hay asomo alguno de serenidad y confianza, y tampoco muestra su voluntad de llevar a feliz término esta posibilidad. Liberar a los presos políticos y aceptar el revocatorio sería un paso fundamental para creer en la posibilidad cierta de su intención verdaderamente democrática, tal como lo prevé la Constitución nacional.

En cierta ocasión en un debate que se realizó en el Congreso Nacional, el bardo y diputado sucrense Andrés Eloy Blanco, expresó: “A Bolívar no se le puede citar sino con cuidado porque sirve para todo. Bolívar es oceánico. Bolívar ‘tiene’ para justificar un acto de democracia avanzadísima. Bolívar ‘tiene’ para justificar un acto de represión. El que quiera una flor para adornar la frente de la patria, allí está Bolívar florecido; y el que quiera una sombra para esconderse y ocultar una trampa o disparar un perdigón sobre algún incauto pájaro electoral, allí está Bolívar frondoso”. ¿Revolución bolivariana?… ¿Con qué se come eso?