• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

Al instante

La procacidad, lenguaje del chavismo

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“Si quieres elevarte a la categoría de hombre digno, procura ser, además de honrado y virtuoso, humilde y respetuoso”.  Simón Bolívar

 

“Casi cometo una locura en mi hogar cuando veía y escuchaba en horas de medio día el programa de opinión Vladimir a la 1, en el que se entrevistaba a Pedro Carreño, diputado electo en las filas del oficialismo. Sí, una locura, porque estuve a punto de lanzar contra el televisor plasma ubicado en la sala de mi hogar, un objeto contundente tras escuchar la mentada de madre que lanzó, en contra de quienes democráticamente nos identificamos con la oposición, el procaz diputadillo de la Asamblea Nacional, muy cuestionado por cierto por propios y extraños, debido a su no muy limpia carrera militar, cuando prestaba servicios en la otrora honorable institución castrense, con el grado de capitán”.

El comentario nos lo refiere una amiga de nuestra familia, en conversación durante la cual ineludiblemente se tocó el tema de las elecciones parlamentarias, que se celebrarán el próximo 6 de diciembre. Molesta e indignada por el gratuito y procaz insulto recibido de parte de quien no tiene el más mínimo recato y educación para guardar la natural discreción que amerita la comparecencia en un programa de televisión, que se transmite en horario al que tienen acceso niños, adolescentes, damas y hombres, la amiga inquiría una opinión de sus contertulios, la cual no se hizo esperar, pues todos coincidieron en calificar al asambleísta del oficialismo como un vulgar provocador, cínico, mentiroso, sarcástico, corrupto y falta de respeto para con una audiencia que en ese momento posiblemente estaba atenta a escuchar las preguntas del entrevistador y sus respuestas.

Pareciera, y de ello no tenemos la menor duda, que a estos enseñoreados socialistas de nuevo cuño el poder absolutista los obnubila y los convierte en obscenos, obsecuentes cortesanos, chupamedias, frenéticos cazadores de nuevas fortunas, empoderados de un  autoritarismo sin límites, en los que forjan sainetes de legalidad para el cumplimiento de los designios del inquilino de Miraflores y del presidente de la Asamblea Nacional. Piensan que gobernarán eternamente y se lo creen sin empacho alguno, pues no imaginan que los tiempos se agotan, y no comprenden que lo que está ocurriendo en los actuales momentos en otras latitudes latinoamericanas no es sino una campanada de que el izquierdoso socialismo está llegando a su final. 

Quizás desconocen también estos socialistas dizque bolivarianos que del absolutismo monárquico, en el que los reyes se atribuían ascendencia divina, surgieron las revoluciones como la francesa, en protesta y repudio a la monarquía, en la que sus exponentes máximos eran Danton, Rousseau, Robespierre y Marat, quienes terminaron engullidos por el monstruo de la revolución, como consecuencia de sus abusos ideológicos, no obstante la buena fe proclamada. Fue necesario que surgiera Napoléon Bonaparte, quien puso término final a la revolución que hizo posible que se pasara de la Segunda República al Segundo Imperio, en el que acaparó más poder, despotismo y autoritarismo que el propio Luis XVI, lo que originó su derrota posterior generada por una gran coalición internacional, ante el temor de que se convirtiera en una amenaza mundial.

Igual suerte corrió la Revolución Bolchevique, que dio paso a la dictadura totalitaria y estatizante de Iósit Stalin, que se caracterizó por la represión política y el culto a su personalidad. En fin, a ello le sigue una larga lista de dictadores revolucionarios o nacionalistas como Adolf Hitler en Alemania, Benito Mussolini en Italia, Kim Jon-il de Corea del Norte, Mao Tse-tung en China, Muamar al Gadafi en Libia, Sadam Hussein en Irak, Idi Amín Dadá en Uganda, y en América Latina, los Somoza, padre e hijo, y muchos otros que,  imbuidos en su prepotencia, codicia y corrupción, pretendieron gobernar indefinidamente.

Estos socialistas venezolanos se empalagan ofendiendo a diestra y siniestra a quien se les atraviese en su camino, y no guardan la necesaria compostura y el debido respeto a la dignidad de los cargos que desempeñan: presidente de la República, presidente de la Asamblea Nacional, diputados, ministros y otros, y, por el contrario, se envalentonan cual guapo de barrio soltando cuanta grosería y procacidad se les ocurra, en evidente irrespeto a hombres, mujeres, adolescentes, ancianos y niños. A continuación, algunos de los malos ejemplos de la prédica chavista

Chávez: “Marisabel prepárate que esta noche te doy lo tuyo…”.

Chávez: “A la oposición que ganó esas elecciones de mier…”.

Chávez: “No habrá luto nacional porque hoy murió un corrupto, un dictador”. A la muerte de CAP.

Istúriz: “Bolívar no necesitó de papel sanitario para hacer lo que hizo”.

Maduro: “Debemos multiplicarnos así como Cristo multiplicó los penes...”.

Carreño: “Esos ignorantes, obtusos, coñ… de mad… de la oposición”.

Maduro, a Julio Borges: “En 15 años lo que has sido es un parásito”.

Freddy Bernal: “Franklin Nieves es un mafioso y un mentiroso”.

Cabello: “Lorenzo Mendoza ha sido siempre un gran vividor de la patria”.

Casi todo proceso revolucionario termina confundiendo el populismo redentor con el autoritarismo totalitario, que no es sino una nefasta simbiosis de lo más heterogénea, que llega a la degradación moral de la institucionalidad y del derecho.

Mientras que la democracia es, por ende, una filosofía de vida o, si se prefiere, un estilo de convivencia social basada en el respeto, la consideración del adversario como persona, y no como enemigo, pues su propósito esencial es no dañar los pilares fundamentales en los que la tolerancia y el pluralismo ideológico constituyen los valores esenciales de la coexistencia entre seres pensantes. Quizás la desviación de estos propósitos obligó al ideólogo del socialismo del siglo XXI, Heinz Dieterich, asesor del extinto Chávez en el inicio de su gobierno, a divorciarse del proyecto al que terminó calificando de una “humilde choza”.

Maduro exige respeto a la figura del presidente de la República, pero debería comenzar dando el ejemplo y reconociendo con humildad que el vocablo “majestad” entendido como tal significa “grandeza, superioridad y autoridad sobre otros”, pero no para abusar caprichosamente en el ejercicio de los derechos, que aplica el principio de igualdad. Y mucho menos para con su habitual bravuconada manifestar que si la oposición llegara a ganar los  comicios del 6-D, el chavismo “no entregaría la revolución” y pasaría a gobernar con el “pueblo” y en “unión cívico-militar”. Quizás pretende emular al Che Guevara, quien en la ONU (1964), ante un grupo de periodistas extranjeros, cuando uno de ellos le preguntó si en Cuba se seguía fusilando, su respuesta sádica y lacónica fue: “Sí, estamos fusilando y seguiremos fusilando a todos los que se opongan a la revolución”. No cabe la menor duda del talante dictatorial de Maduro, negado a la legalidad y la Constitución, por lo que ahora más que nunca creemos lo que él mismo afirmara en días pasados: “Se me está fundiendo el poco de cerebro que me queda”.

Estamos en presencia de una mentira y una maldad como lo calificó el Dr. Ricardo Hausmann, acusado por Maduro de conspirar junto al empresario Lorenzo Mendoza, por lo que es necesario prestar atención a la advertencia del sabio Einstein: “Quienes toleran o fomentan la maldad ponen al mundo en mayor peligro que quienes realmente la practican”.

 

Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

careduagui@gmail.com // @_toquedediana