• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

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Los miserables

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El título del presente artículo “Los miserables”, no se refiere a la obra del gran poeta y novelista, Víctor Hugo, autor de esta y de Nuestra señora de París y Hermani, entre otras, que le hicieron merecedor del reconocimiento y admiración en su país y el mundo, sino a la miserable actitud que se observa en el comportamiento político que exhiben Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y otros capitostes del alto régimen y del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), quienes además de su ineptitud en el desempeño de sus altos cargos, cada día enseñoreados con el poder que detentan, pretenden descalificar con groseros epítetos y calificativos a quienes los adversan,  entre otros a los parlamentarios de la oposición elegidos abrumadoramente el pasado 6 de diciembre, y de manera reiterativa a Lorenzo Mendoza, presidente del grupo Polar, empresa que a lo largo de 75 años ha generado miles de fuentes de trabajo, y que produce la mayor parte de los alimentos de la cesta básica.

Y es que quienes pregonan en nuestro país el socialismo elaborado por Karl Marx y Friedrich Engels, el cual para su época de acuerdo a los tiempos y escenarios en los que se aplicó, tuvo acogida, ignoran hoy en día que la idea  que inspiró a sus autores a escribir “El Manifiesto”, se refería a que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva, necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se adentra la historia política e intelectual. Por esta y otras razones, el socialismo –que a juicio de Fidel Castro no es otra cosa que comunismo – ha fracasado rotundamente en la propia Rusia, Alemania y otros países, porque a estas alturas nada tiene que ver lo que en épocas pretéritas simbolizaba el socialismo marxista, en el que privaba la lucha de clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con el proceso social.

Benito Mussolini, Il Duce, se proclamaba creyente en la práctica del "capitalismo de Estado", frase que curiosamente fue original de Lenin cuando, luego de cuatro años de la Revolución de Octubre, llegó a la conclusión de que el socialismo simplemente no funciona y que era necesario copiar las prácticas del capitalismo. Il Duce era también fanático de Keynes y consideraba que su libro sobre El fin del laissez faire servía de excelente introducción a la economía fascista. Creedor ferviente de la supremacía estatal, la doctrina de Mussolini proclamaría posteriormente que "la concepción fascista de la vida acepta al individuo solamente en la medida en que sus intereses coincidan con los del Estado… Si el liberalismo clásico se basa en el individualismo, el fascismo lo hace en el gobierno…. El ciudadano no posee el derecho de rebelarse contra ninguna ley de la colectividad". Esta parece ser la doctrina que adoptó el socialismo, mal llamado bolivariano, que ha llevado al país al grado extremo de un inaudito empobrecimiento, que ha generado una de las crisis económicas, políticas y sociales más graves desde el nacimiento de la república.

La situación anteriormente descrita ha concitado la crítica de todos los sectores del país y ante ello el régimen chavista-madurista hace uso de todas las artimañas habidas y por haber, en su empeño por perpetuarse en el poder. Un estudio del profesor Lawrence Samuels, titulado “El ideario de la economía”, refiere que los componentes fundamentales del socialismo, va de la mano del fascismo, por cuanto  en lo económico aplican la planificación central, los susidios estatales, el proteccionismo, el nacionalismo, la ideologización del aparato gubernamental alrededor de la plataforma política , el gasto público agresivo sin importar los déficits, el clientelismo, el endeudamiento creciente, la represión financiera, el control de la inflación por la vía de los controles de precios de bienes y servicio,  la regulación creciente de la sociedad en cuanto a sus patrones de consumo, desde el Estado, la represión de la diversidad y la condena a la iniciativa privada.

Los “ideólogos”, seguidores y adoradores del socialismo del siglo XXI, lo que han logrado es destruir a un país que como el nuestro, su economía estaba orientada a las exportaciones, y lo sigue siendo únicamente de los Estados Unidos, su principal cliente y su más importante socio comercial, pese a las tensas relaciones. La economía venezolana ha llegado a un punto de quiebre que no permite esperar un día más para que el gobierno tome decisiones. La situación se agrava aún más con los hechos en los mercados internacionales: devaluación del yuan, apreciación del dólar, alza de tasas de interés en EEUU, y sus efectos negativos sobre los precios del petróleo y materias primas (oro) que ya están incidiendo, registrando precios de $35,22 barril que no se tocaban desde 2009 y pronostican un escenario tremendamente difícil para Venezuela en el presente año.

Pero poco o nada parece importarle a Maduro y su régimen, la crítica situación que enfrentan millones de venezolanos, que no pueden conseguir alimentos ni medicinas, como consecuencia de la escasez de los mismos, y la creciente inflación aunada a la especulación  que día a día afecta la calidad de vida de hombres, mujeres, ancianos y niños, muchos de ellos privados de la adecuada alimentación que les obliga a hacer una sola comida, lo cual constituye un crimen que el régimen trata de ocultar con diaria publicidad televisiva y radial, en la que niega esta situación y exalta las bondades del socialismo del siglo XXI, al más puro estilo impuesto por el Josehp Goebels, quiera fuera ministro de propaganda del régimen genocida de Adolf Hitler, psicópata que ofreció un imperio de mil años. Goebels estaba convencido de que su misión era la de influir en el pueblo alemán y afirmaba que “un gobierno como el nuestro, obligado a tomar medidas de muy largo alcance, tiene que preparar el terreno por medio de la propaganda. Agregaba:“Estamos decididos a trabajar a las masas hasta que caigan en nuestros brazos”. ¿Cualquier semejanza con los hechos que acontecen en nuestro país, es pura coincidencia?

Miserables, además de chocantes y de mal gusto son las declaraciones de Maduro cuando afirma cual guapo de barrio, expresiones como: “Le voy a mandar a cortar la luz entonces a Ramos Allup y a la Asamblea Nacional”, la cual sin demora Corpoelec ejecutó inmediatamente, solo por el simple hecho de que el Presidente del Poder Legislativo, afirmó que el parlamento trabajará los días jueves y viernes de todas las semanas, pese a la restricción programada por el régimen ante la crisis de energía eléctrica. O esta otra: “planta parada, planta recuperada” en franca alusión a las empresas Polar pues su presidente anunció que por falta de insumos la empresa paralizará la producción de cerveza y malta, y otros de la cesta básica.  Antes, Maduro había señalado: “Lorenzo Mendoza eres un verdadero ladrón. Si no puedes con tus empresas entrégaselas al pueblo (…) aquí te espero traidor. Da la cara, oligarca, bandido, ladrón”. Una expresión, propia de un vulgar delincuente o de sus acólitos encubiertos en los llamados colectivos, a los que desplaza a su antojo cuando se trata de amedrentar a quienes lo adversan, como la agresión  de la cual fue brutalmente víctima el colega Jesús “Chúo” Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD.

Y precisamente su ineficiencia en el cargo, y su comportamiento deja mucho que desear como Jefe de Estado, y en los actuales momentos el  73% de los venezolanos exigen su salida, a lo cual sin remilgo alguno expresa socarronamente: “Si ellos logran sacarme del poder comenzaría un periodo de desestabilización en el país”, una respuesta miserable a todas luces, la cual envuelve su prepotencia y empeño en mantenerse a como dé lugar en la silla de Miraflores. Ya antes había subrayado que “nada ni nadie me podrá sacar de la presidencia”. Dictadores como Rafael Leonidas Trujillo, los Somoza, Stroessner y otros tantos en América Latina manifestaron expresiones similares, y todos sabemos el final que tuvieron.

Miserable la declaración de Maduro cuando afirma: “Sueño con enviar médicos venezolanos y llevar salud a nuestra América”, cuando en Venezuela no solo hay escasez de medicinas, insumos y precarias condiciones de  hospitales y centros de salud en todo el país, en el que han fallecido más de un centenar de neonatos por falta de equipos e instrumental, amén de cientos de mujeres, hombres y ancianos con enfermedades que ameritan tratamiento médico.

El régimen sigue empeñado en mentir miserablemente acerca de los logros de una supuesta revolución, que no es otra cosa que una “involución”, que retrotrae al país a un estado tal, que en otras latitudes nos comparan con el peor de los países atrasados, mientras por otro lado sigue creciendo la tensión, y Venezuela permanece aislada de la comunidad internacional, lo que enseñorea al régimen para seguir asfixiando los derechos humanos y las libertades.

careduagui@gmail.com // @_toquedediana