• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

Al instante

La ignorancia, mal endémico del chavismo

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“Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia”, Simón Bolívar.

Lo diferente, lo nuevo, lo inesperado, tiende a verse como algo peligroso y amenazante en el proceso cognitivo. En este sentido tendemos hacia la ignorancia, frente a la tensión que supone la ampliación de lo conocido. No es extraño, pues, que algunas creencias de tipo ideológico y moral alaben la ignorancia como fuente de deleite. Dichas creencias promueven que la tradición es el valor social fundamental respecto a las preguntas que puedan abrir la mente al conocimiento de nuevos aspectos de la realidad. En casos extremos algunos valores culturales convertidos en absolutos, pueden producir «absoluta ignorancia» y extremado fanatismo, que a su vez es un subproducto de este sentido de la ignorancia, fácilmente transformable en fanatismo religioso o doctrinario, racismo e intolerancia, dirigido, casi siempre, por intereses de poder.

Cuando se escucha al presidente de Conatel decir que “los saqueos de San Félix fueron incitados por las redes sociales”; al Ministro de la Alimentación que “las colas son producto de la demanda de alimentos por parte del pueblo”; a un Ministro del Trabajo, manifestar  “que un médico no debe ganar más que un barrendero”; al Gobernador de Bolívar, expresar que “la crisis es buena, porque nos enseña mucho”; al presidente de la Asamblea Nacional señalar con el mazo en la mano: “A esa señora no la quiere nadie”, refiriéndose a María Corina Machado, por el simple hecho de haberlo retado públicamente a medirse en cualquier terreno, llegamos a la sencilla conclusión de que los militantes del chavismo, enchufados en el régimen, no solo utilizan torpes pretextos  para justificar su ineficiencia, negligencia e incapacidad en el manejo de las responsabilidades que les ha sido confiadas, sino también dejan entrever una supina ignorancia.

Estos seudo revolucionarios del socialismo bolivariano y marxista (arroz con mango), olvidan que el país, mejor dicho el pueblo venezolano, despertó del letargo en el que se hallaba sumido en estos 16 largos y penosos años, pues ahora tiene otra óptica, más aún luego de los acontecimientos que se vienen desarrollando en los últimos tiempos, pues ha tomado clara conciencia de que los vericuetos de quienes pretenden adueñarse de la patria,  sin inhibirse y sin escrúpulos de ninguna naturaleza, muestran su talante totalitario, con acciones como la expropiación de galpones Polar en terrenos de La Yaguara, y la permanente amenaza de que si la oposición llegara a ganar las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre, el pueblo y el mismo Maduro tomarían la calles. Poco, o mejor dicho nada les importa violentar la Constitución de la República, vulgarmente denominada La Bicha por el extinto “Comandante galáctico”, al que por cierto no lo dejan descansar en paz en su sepulcro,  y aunque conocen que incitar al odio y la violencia está penado por la Ley, pasan por encima de ella, porque mantienen el control de los poderes: Ministerio de Justicia, Defensoría del Pueblo y Fiscalía General de la República, entre otros, que como mirones de piedra nada hacen ni harán para sancionarlos.

Se sabe que los totalitarismos siempre vienen presididos de una aureola redentora y mesiánica, pero también por los impulsos y extravíos de la razón política, la cual es aprovechada por líderes tóxicos que se venden como salvadores de esperanzas y sueños, a través de la propaganda, que como en el caso venezolano el régimen utiliza a su libre albedrío, todos los medios de comunicación (televisión, emisoras, periódicos, quincenarios, semanarios y hasta panfletos), en desproporcionada ventaja y abusivo uso del erario. Y por otra parte el “marketing publicitario” a través de falsas encuestas, para vender la idea de que en socialismo se vive mejor y que Maduro cuenta con el respaldo de 72% del pueblo.

Es difícil que los socialistas venezolanos de nuevo cuño actúen  de otra manera, pues la irracionalidad es su dogma, por lo que sus camaradas entienden bien esto y se encargan de predicarlo a tambor batiente, en campañas con las que ejercitan sus músculos del poder, provocando irritación en la gente que sin empacho alguno, manifiesta su malestar y disgusto en comercios, abastos, supermercados, bancos y lugares públicos. Lo ocurrido en San Félix, es las respuestas de un pueblo humillado, atropellado e indignado, que irracionalmente dio curso a su contenida impotencia.

Todo lo anteriormente señalado, tiene su origen desde que empezó el carnaval populista y demagógico que puso en práctica Hugo Chávez hasta los últimos días de su vida, y que su heredero Nicolás Maduro, no ha dejado de seguir predicando con menos retórica y recursos oratorios que su padre putativo, pero que sin embargo, erosiona las entrañas de una nación y sus habitantes, que se niegan a seguir sosteniendo un régimen autoritario enemigo de la crítica,  y que domesticó a quienes tiene a sus órdenes para mantener una actitud hostil con los que lo adversan políticamente, y servil para con sus amos en el poder.

En anteriores columnas hemos comentado que el país viene enfrentando una grave enfermedad que está haciendo metástasis en todo su cuerpo social, político, económico y militar. El régimen se ha enfrentado a la iglesia atacando a sus más altos dignatarios, a los que ha insultado, agraviado y expuesto al escarnio público, pese a que muchos de sus militantes se confiesan católicos e invocan a Dios por encima de todas las cosas. Cosa curiosa por cuanto “comunista no es católico”. Creo que no se remitirían a las pruebas. También militares, que por una u otra razón se han desligado del régimen, han sufrido las consecuencias. Unos purgan condenas en Ramo Verde y otros decidieron exiliarse. Los llaman apátridas y traidores, al igual que  a estudiantes que solo por manifestarse en contra del régimen, se encuentran encarcelados, y por último, empresarios y políticos como Leopoldo López, Antonio  Ledezma, y Daniel Ceballos, criminalmente víctimas del más brutal ensañamiento, que llega a extremos inauditos de prohibirles la visita de familiares. Sin embargo, Maduro, la Fiscal General de la República y el Defensor del Pueblo, proclaman cínicamente que “en el país se respetan los derechos humanos, porque el gobierno es amante de la paz”

No se puede decir que se vive en democracia, cuando desde el poder se coarta la libertad de prensa, mediante la utilización de medios coercitivos como la negación de los dólares para la importación de papel, razón por la cual más de una veintena de periódicos de provincia han cerrado sus puertas y dejado sin empleo a un centenar de comunicadores sociales. No se puede hablar de democracia,  cuando canallescamente se enfilan las baterías con groseros insultos, que desde Maduro hasta sus más cercanos conmilitones profieren contra el presidente-editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero, hombre de firmes convicciones democráticas, heredero de la valentía y honor de su padre, Miguel Otero Silva, cuyo legado permanece y permanecerá siempre presente en la memoria de su familia y de quienes tuvimos el grato honor de compartir sus sabias lecciones y experiencias. Es preciso entender esto, para evitar que el régimen termine por acabar con una de las escasas ventanas con las que cuenta el pueblo venezolano.

La historia juzgará el comportamiento de los verdaderos demócratas. De aquellos que entendieron que esta es una batalla más de la prensa ante el poder, como lo ha hecho de manera valiente en otros tiempos con otros tiranos. La victoria siempre estará del lado de los que difunden y buscan la verdad, y no de aquellos que impiden su difusión censurando toda forma de expresión crítica, a lo que tiene sentido de libertad y democracia. Necesario es que se apoye una cruzada contra el autoritarismo, que más temprano que tarde, caerá de su pedestal. El 6 de diciembre venidero, está a la vuelta de la esquina.

 

Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

careduagui@yahoo.com// @_toquedediana