• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

Al instante

La economía fascista del régimen

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En la  gráfica superior se observa el billete de diez millones de dólares, emitido por el Banco de la Reserva de Zimbabwe, cuya moneda es la más devaluada del mundo, y créanmelo se me estremeció el cuerpo, pensando con  natural angustia que en Venezuela podamos llegar a esos extremos, quizás no con un billete de tan alta cifra, pero si a ver vamos, el papel moneda nuestro virtualmente no tiene ningún valor, si tomamos en cuenta que el de más alta denominación (Bs. 100), apenas alcanza para comprar una chupeta o cuatro caramelos.

Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del planeta, sufre hoy día una de sus peores crisis, y sin exageración alguna, diría que la más grave de toda su historia, y es tan severa que los ingresos se desploman y el riesgo país se dispara, lo cual para algunos calificados y eruditos economistas  podría generar un default, que ya ha comenzado a disparar las alarmas, todo ello por falta de una política fiscal coherente que ha evitado corregir las distorsiones de la economía del país, amén de la voraz corrupción que ha vaciado las arcas de la nación.

Todos los días la crisis tiende a agravarse y el régimen sigue empeñado en achacarle a la oposición, a la burguesía “parasitaria”, a la IV república, medios de comunicación nacionales y extranjeros impresos y audiovisuales, a los paramilitares y al imperio de los Estados Unidos, de esta hecatombe que parece inevitable, más aún si mantiene absurdamente su enfrentamiento con la nueva Asamblea Nacional, para justificar indebidamente el fracaso social, político y económico del llamado socialismo del siglo XXI, enquistado en el poder desde hace 17 años.

Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo, por encima de Sudán y Ucrania, según  los índices que elaboran el Banco Mundial, la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo, Trading Economics y otras firmas internacionales y pese a ello el régimen sigue aplicando la misma receta que mantiene a la gente haciendo colas para adquirir alimentos en Supermercados, y ello cuando corre con la suerte de conseguirlos y con un salario que no alcanza para adquirir lo necesario, y mucho menos la cesta básica que ya sobrepasa de los cien mil bolívares.

Razón tienen los voceros de la oposición cuando alzan su voz en el parlamento, para señalar que Nicolás Maduro se desconectó de la realidad desde hace mucho tiempo, pues todo indica como refiere Julio Borges, que “dejó de entender la angustia que viven millones de hombres y mujeres agobiados por la creciente crisis que les ha tocado vivir”. Poco parece importarle al inquilino de Miraflores, el llamado que hace Fedecámaras para que el gobierno adopte de manera “urgente” las reformas económicas necesarias para evitar que la economía se deteriore más aún y siga se deteriorando, y al mismo tiempo Francisco Martínez, su presidente,  aduce que “no se puede progresar como sociedad si se sigue persiguiendo al sector privado como enemigo, por cuanto se ha demostrado que sin el empuje de la empresa privada no es posible hablar de crecimiento, desarrollo y superación de la pobreza.

Por su parte,  el Consejo Nacional de Economía advierte que “Venezuela se encuentra en recesión” y explica que una de las razones de esta situación, es la reducida asignación de divisas para el financiamiento de importaciones, lo cual según expertos, la oferta se encuentra restringida. Este desolador cuadro de la tragedia que vive el país por la terrible crisis económica, ha obligado a los mercados internacionales  a no confiar en que habrá mejoras económicas, pues consideran que el gobierno continuará incrementando los controles. Las principales firmas que miden el pulso del país muestran su escepticismo sobre la viabilidad del modelo económico actual a corto, mediano y largo plazo. Coinciden en que un clima de confrontación como el actual entre los poderes ejecutivo y legislativo, empeorará la situación.

Lo cierto es que los venezolanos libramos cada día una nueva batalla, lo que demuestra cuán lejos está el régimen del destino de sus gobernados. Anaqueles de supermercados vacíos, superinflación, dilapidación de inmensos recursos económicos en cruzadas absurdas de nacionalismos, lo cual constituye la verdadera conspiración de aquellos que denuncian que con víctimas, cuando en realmente actúan como victimarios de generaciones enteras sumidas hoy en la peor de las pobrezas: la pérdida de la esperanza.

Con la tan mentada revolución socialista del siglo XXI, engañaron y aturdieron a millones de hombres y mujeres, profirieron improperios contra sus socios yanquis, a quienes por cierto jamás fallaron en la entrega generosa del petróleo refinado en su propio territorio. Regalaron y siguen regalando miles de barriles de petróleo a países del área del Caribe y en particular a Cuba, la patria a la que tanto exaltan los próceres de la revolución bolivariana, nación antillana convertida en bróker para la venta en alta mar, del oro negro venezolano, que recibía generosamente, primero del extinto Comandante galáctico y ahora de su hijo putativo y heredero, Maduro. Solo persiguen los líderes de esta falsa revolución, continuar con el derroche y el latrocinio, que a estas alturas les será imposible por las razones anteriormente señaladas.

El régimen socialista, cuya economía a todas luces es fascista,  mantiene los niveles de analfabetismo real y funcional, sobre los cuales se sostiene la mentira y la falsa realidad recubierta por una imaginaria conspiración foránea, sin embargo por dentro se ríen y mofan de quienes para ellos siguen siendo crédulos. Pero la realidad de los pueblos, y así quedó demostrado el pasado 6 de diciembre, es que el modelo socialista que pretendió Chávez y ahora Maduro  eternizarlo en el poder, expiró por fortuna y a tiempo, antes de que el cuerpo social del país terminara con una horrible metástasis. Llegó el momento de desenmascarar a los privilegiados, que llenándose la boca de la palabra “soberano”, no hicieron otra cosa que sobrevivir, con la mentira, inflación, fracaso económico,  inseguridad, corrupción, nepotismo, narcotráfico y abuso de poder.

Necesario es admitir racionalmente, que los sistemas de ideas, creencias y objetivos sociales cumplen un rol en un verdadero sistema democrático, y constituye un marco simbólico de del cambio social, bien sea para interpretarlo simplemente, o para afirmarlo, justificarlo o consolidarlo y también para criticarlo, cuestionarlo y hasta sustituirlo por otro sistema distinto. Y es el primer paso que el país dio en las pasadas elecciones parlamentarias. Y no invocando “una rebelión”, como torpemente lo hiciera el pasado domingo el General Mayor (¿) César Ramón Vegas González, Comandante de la Milicia Bolivariana, en un acto supuestamente de “desagravio” a la memoria del Libertador, como así lo manifestó en su cantinflérico discurso, en el que acusó al presidente de la Asamblea Nacional, de haber “ultrajado la imagen y figura del Padre de la Patria”, para terminar exaltando al Comandante galáctico con un “Chávez vive”, en flagrante violación de la Constitución Nacional que en su Capítulo III, entre otras cosas contempla: “La Fuerza Armada Nacional es una instancia esencialmente profesional, sin militancia política alguna y subordinada a la autoridad civil”, lo cual para este oficial de alto graduación es letra muerta.

Entendemos la razón por la cual se vanaglorian los chavistas de defender su dizque revolución socialista bolivariana, cuando sin falso rubor se desgañitan gritando “Así…así…así es que se gobierna”.  Nosotros le agregamos: “a mala hora”.

 

careduagui@yahoo.com // @‑toquedediana