• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

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La diáspora venezolana

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¡Dichoso yo si un día /a ti me vuelve compasivo el cielo; / dulce muerte me envía, / y me da, patria mía, / digno sepulcro en tu sagrado suelo. // Última estrofa del poema “Adiós a la patria” del ilustre zuliano Rafael María Baralt.

(Ingeniero, militar, polígrafo, filólogo, historiador, orador y poeta).

 

La palabra diáspora proviene del idioma griego y significa, en su origen, siembra de una semilla, y después simplemente dispersión, diseminación. Este término primero solo se aplicaba a los judíos que habían sido expulsados de Israel, pero ahora se aplica a cualquier grupo o contingente humano que abandona su lugar de origen. / Wilkipedia.

Venezuela ha sido destruida delante de nuestros ojos, y el país ha colapsado de una manera brutal e inimaginable, al extremo de llegar a un empobrecimiento que mantiene a miles de familias venezolanas sumidas en el más deplorable estado de pobreza, miseria e indefensión, además de la escasez de alimentos y medicinas, que sumado a la inseguridad la convierte en el país de más alta peligrosidad en Latinoamérica.

La miseria se observa cuando en calles y avenidas de la capital y otras ciudades del país hombres, mujeres y niños hurgan contenedores de basura en busca de desperdicios para poder alimentarse, situación que jamás ni remotamente imaginamos llegaríamos a tal extremo. Profundo es el sufrimiento humano que muestran los rostros de estos seres víctimas de la indiferencia de un régimen que, con el mayor cinismo y poca vergüenza, acusa de esta desgracia que la califica como “guerra económica” al empresariado, medios de comunicación privados, al “imperio de Estados Unidos”, al secretario general de la OEA, Luis Almagro, a la “burguesía parasitaria” como vulgarmente la califica Maduro, en sus peroratas televisivas, que ahora casi a diario realiza en cadena a través de los medios de comunicación del Estado, VTV. TVES, Vive, TV-FANB, entre otros, además de más de 450 emisoras comunitarias al servicio del régimen, y por último a la Asamblea Nacional con la que mantiene un absurdo enfrentamiento, gracias a la alcahueta sumisión y respaldo del Tribunal Supremo de Justicia, Consejo Nacional Electoral, Defensoría del Pueblo y otras instituciones, a la orden de Miraflores.

El gris panorama que se cierne sobre nuestra devastada nación es desalentador, si se toma en consideración la opinión de versados economistas que refieren que esta crítica situación obedece a la alta inflación, galopante escasez, baja de las reservas internacionales, mayores controles, presencia de cuatro tipos de cambio (tres de ellos oficiales), millonarias deudas con los sectores productivos, baja productividad en las empresas por la sequía de dólares, creación de misiones y aumentos del salario mínimo.

Los analistas más acuciosos indican que Venezuela tiene la inflación más alta del mundo y de toda nuestra historia, y pese a que el Banco Central de Venezuela (BCV) no ha publicado el índice nacional de precios al consumidor (INPC), trascendió que la inflación el pasado año 2015 se aceleró notablemente y que hasta 2014, el máximo histórico de inflación que se registró sucedió en 1996, al ubicarse en 103%, lo que generó que en aquella ocasión el alza de precios fuese el resultado de un plan de ajuste que el gobierno buscaba restablecer, mediante el plan conocido como la “Agenda Venezuela”, la cual incluía, entre otras cosas, la eliminación del control de precio y el ajuste del precio de la gasolina.

Para 2015, varios estimados de inflación pronosticaban un incremento de precios por encima de 100% y alejado de 103% de 1996 y otras cifras como las del Bank of América o Barclays Capital, arrojaban entre 170% y 188%, respectivamente. El vertiginoso incremento inflacionario se estima en los actuales momentos en 750%, lo cual constituye una verdadera hecatombe para el maltrecho bolsillo de los venezolanos, por cuanto pese al aumento del salario mínimo, apenas le alcanza para adquirir 10%  de los alimentos de la cesta básica alimentaria.

Este dantesco cuadro presenta a una Venezuela irreconocible, desmoronada, en ruinas, aquejada no solo por la situación económica, sino también por las atrocidades que perpetra un régimen autoritario con disfraz democrático, que en su pretensión de perpetuarse en el poder comete a diario las más abruptas atrocidades, vejaciones y múltiples violaciones de los derechos humanos, de la libertad de prensa e información y abuso de poder, por lo que casi 2 millones de venezolanos optaron por abandonar la patria en búsqueda de nuevos horizontes, paz, tranquilidad y bienestar, para encontrarla en países europeos como España, Italia y Portugal y latinoamericanos: Colombia, Ecuador, Chile, Costa Rica, Panamá y Argentina. Solamente en Estados Unidos la cifra es de 1.500.000. Es innegable que la familia venezolana se encuentra desintegrada y atraviesa su peor momento, con la incertidumbre de ver partir a sus hijos y nietos hacia otras latitudes, en busca de nuevos horizontes y un futuro mejor.

En Ecuador nación con estrechos vínculos históricos que la hermanan a Venezuela, el Ministerio del Interior refiere el ingreso de venezolanos de acuerdo con la siguiente estadística:

Año                                   Número de ingresos

2013                                  102.470

2014                                   119.800

2015                                   105.521

2016   (1° trimestre)            12.644

          TOTAL                    340.435

El éxodo de venezolanos, profesionales, estudiantes y amas de casa, que emigran, por no decir huyen, se observa a diario en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Familias que con el corazón partido y lágrimas en sus rostros, alzan su mirada al cielo despidiéndose de su tierra natal y de seres queridos, abrigando la esperanza de encontrarla en algún momento despojada de tanta ruindad, odio, discriminación, y de todo cuanto daño le han hecho, quienes enseñoreados en las alturas envenenan el cerebro de aquellos que aún creen sus monsergas populistas y demagógicas, con cánticos, alegorías y loas al socialismo mal llamado bolivariano.

Le dicen adiós a la patria hombres y mujeres, muchos de ellos con sus hijos en brazos, por culpa de la indolencia de quien, lejos de buscar soluciones que hagan posible la recuperación de la endémica situación económica que confronta el país, distrae su tiempo en actos proselitistas ajenos a su alta responsabilidad como jefe de Estado, y solo se dedica a acusar a la oposición de todos los males que aquejan a nuestra sufrida nación, y con ese pretexto adopta arbitrarias medidas, como la extensión por seis meses más del estado de excepción y de emergencia económica constitucional, que para muchos observadores no se trata sino de un artificio distraccionista ante los problemas que no ha podido solucionar.

A nuestros compatriotas ausentes y a quienes siguen tomando nuevos rumbos allende las fronteras, animamos su espíritu solidariamente recordándoles, como decía Thomas Mann, en su obra La montaña mágica: “Todo es posible con la fuerza de la razón; romper y vencer sobre la razón de la fuerza, cualquiera que sea la forma en que esa inaceptable condición pretenda manifestarse o imponerse”.

¡¡No es un adiós, sino hasta pronto!!