• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

Al instante

Del Toque de Diana…al Toque de Silencio

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“Es preciso vengar a la patria cuantas veces intenten los pérfidos sepultarla en la anarquía y arruinarla, y no debemos desmayar jamás, aún en medio de las mayores dificultades”, Simón Bolívar

Por espacio de 25 años (1967-1992) mantuve una columna periodística cuyo nombre llevó por título “Toque de Diana”, la cual nació inesperadamente cierto día que el propietario del Bloque de Armas, don Armando De Armas, me llamó a su oficina en la vieja sede de la empresa en la plaza Candelaria, para indicarme que ante la ausencia noticiosa de información militar en los medios de comunicación, creía conveniente que el diario 2001 cubriese la fuente castrense. De seguidas me consultó si podía hacerme cargo de esa nueva responsabilidad, respuesta que asentí positivamente.

A partir de entonces y a pocos días luego de consultar con Nelson Nieves Croes, un amigo con quien cultivé una gran amistad y que para ese entonces ostentaba el grado de teniente coronel en el Ejército, acordé ponerle el nombre a la columna que durante un cuarto de siglo se convirtió en referente del periodismo castrense. Su aparición por espacio de tres meses fue diaria y posteriormente semanal. Muchos colegas y amigos me preguntaban la razón por la cual le puse ese nombre a la columna, y lógicamente no vacilaba en darles respuesta. Fue una inolvidable y grata experiencia profesional, que hizo posible conocer a fondo la institución castrense, en la que cultivé numerosos amigos en sus cuatro componentes: Ejército, Armada, Aviación y Fuerzas Armadas de Cooperación. Y numerosas también fueron las primicias periodísticas que obtuve, y me hicieron acreedor de reconocimientos y condecoraciones, las cuales conservo en mi alma y corazón.

“Toque de Diana”, es el que se ejecuta al romper el alba, y sirve para despertar a los soldados en las plazas, campamentos militares o a bordo de las embarcaciones de guerra, es una reminiscencia del culto religioso que tributaban los romanos en sus campamentos al apuntar el día a su diosa Diana, cuyo nombre conserva todavía dicho toque. Tal vez pudiera compararse en su parte religiosa al toque de Diana de las legiones romanas con el toque de Oraciones, Ave Marías o Salutación angélica que solían hacer antes por la mañana nuestras tropas después de la Diana.

Sigue llamándose entre nosotros y entre algunos otros ejércitos de Europa toque de diana, y se ejecuta como hemos dicho, al apuntar la aurora o despuntar el día.

En las marchas y descansos de tropas, se utiliza también el “Toque de Diana” como señal preventiva de continuación de jornada. Suele darse este aviso media hora antes del otro toque denominado Llamada y Tropa, o antes y a veces simultáneamente, si así lo exige la urgencia del caso. Las bandas militares ejecutan igualmente el toque de diana para saludar o felicitar a un oficial el día que se da a reconocer al frente de su cuerpo, e igualmente se toca en las alboradas y otros eventos que suelen celebrarse en diferentes circunstancias en los cuarteles y en los campamentos.

En tanto que el toque de silencio tiene una historia bastante triste. Todo comenzó –según cuenta la historia – en el año 1862 durante la Guerra Civil de Estados Unidos, cuando el capitán del Ejército de la Unión, Robert Elly, se encontraba con sus hombres cerca de Harrison’s Landing en Virginia, mientras que el ejército Confederado se hallaba ubicado al otro lado del angosto terreno.

Durante la noche, el Capitán Elly escuchó los quejidos de un soldado que estaba mal herido en el campo. Sin saber si se trataba de un soldado de su regimiento o de la Confederación, decidió arriesgar su vida y traer al hombre herido para que lo atendieron los médicos. Reptando en medio de los disparos, el capitán llegó hasta donde se encontraba el soldado herido y empezó a arrastrarlo para llevarlo a su campamento. Cuando llegó finalmente a sus propias filas, descubrió que era un soldado de la tropa enemiga, que ya había fallecido. Encendió su linterna y de repente se quedó sin aliento y entró en shock, pues en la penumbra vio el rostro del soldado y era el de su propio hijo, que había estado estudiando música en el Sur cuando estalló la guerra, y sin decirles nada a sus padres, se alistó en el ejército confederado.

A la mañana siguiente y con el corazón destrozado el padre pidió permiso a sus superiores para darle cristiana sepultura a su hijo con honores militares, a pesar de haber estado en el bando contrario. Su solicitud fue aprobada parcialmente, por cuanto pidió un grupo de miembros de la banda de músicos para que tocaran en el funeral, lo cual le fue negado en vista de que el soldado pertenecía al ejército de la Confederación. Pero por respeto al padre, sus superiores le indicaron que podían únicamente facilitarle un músico. El capitán Elly escogió un corneta para que tocara una serie de notas musicales que encontró en el uniforme del joven fallecido. Nació así la inolvidable melodía que se interpreta en los entierros militares.

Sirva este preámbulo para referirme a los tormentosos tiempos que desafía el pueblo venezolano contra quienes enseñoreados con el poder, siguen empeñados en terminar de arruinar totalmente al país y a quienes habitamos en él, por su incapacidad, ineptitud, negligencia e intemperancia, que han generado una verdadera e inimaginable tragedia, que a millones de venezolanos nos cuesta aceptarla.  Es ahora y estamos a tiempo para que el toque de diana se haga presente en la memoria colectiva, ante la menguada hora que vivimos y padecemos, y no precisamente por una “guerra convencional”, la cual enfrenta a dos ejércitos que utilizan armas convencionales, sino por la presencia de mercenarios, que en el caso venezolano  son cubanos defensores del socialismo marxista y mal llamado bolivariano, y también por los ataques de encapuchados denominados colectivos, con la celestina complicidad de   miembros de la otrora Fuerzas Armadas de Cooperación,  y contra el salvaje ensañamiento de efectivos de la Policía Nacional Bolivariana, cuerpo infiltrado por delincuentes, y por último, por el abuso de poder y visos dictatoriales del régimen presidido por Maduro.

El régimen se ha convertido en un cuartel, con la reciente designación de Vladimir Padrino López, ahora “superministro”, que con una opaca figura legal y mediante decreto, le concede poderes por encima de la Constitución y la Asamblea Nacional, cuyo rol además de ministro de la Defensa es controlar la distribución de alimentos, la economía y la seguridad nacional, integrándolo de esta manera al llamado “comando presidencial”, como lo denominó Maduro, refiriéndose a la nueva cúpula del poder, que ahora comparte con Padrino. Sin eufemismos, estamos en presencia de un gobierno militar, que pretenderá mantenerse en el poder, entonando cánticos alegóricos en honor al extinto comandante galáctico, verdadero padre de la desventura que desde hace 17 años padecemos. La subordinación del Gobierno civil al mando militar, bajo el pretexto del estado de excepción, salta a la vista. Algo huele mal y no precisamente en Dinamarca. ¿La revolución chavista necesitaba un padrinazgo?

Esperaremos ávidamente que más pronto que tarde, suene la trompeta entonando el toque de silencio, con el que enterraremos, por tratarse de un régimen militarista (*), los restos mortales de la tan mentada revolución socialista del siglo XXI, marxista y bolivariana y por ende comunista, tal como lo admitió el propio dictador cubano Fidel Castro. Lógicamente le precederá a este acto, el revocatorio contemplado en la propia Constitución Nacional, herramienta jurídica y democrática, el cual pondrá fin a los malvados propósitos del régimen, de boicotear los intentos por recuperar la democracia, y por debajo de cuerda propiciar un golpe de Estado. Se acabarán los pretextos de la tan mentada “guerra económica”, con la que el chavismo justifica la escasez de alimentos y medicinas. Y finalmente retornará la ansiada tranquilidad, paz, felicidad, seguridad y armonía de la que siempre disfrutamos los venezolanos en otros tiempos.

El toque de silencio está próximo a entonarse en cualquier momento, al apuntar la aurora o despuntar el día.

(*) El militarismo es la ideología según la cual la fuerza militar es la fuente de toda la seguridad,  que con variados argumentos, se pretende justificar la preparación militar de una sociedad, para asumir la “paz a través de la fuerza”, lo cual es su mejor pretexto, o única forma de conseguirla.

careduagui@gmail.com // @_toquedediana