• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

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¿Democracia en Venezuela?

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“El hombre de honor no tiene más patria que aquella en que se protegen los derechos de los ciudadanos, y se respeta el valor sagrado de la humanidad: la nuestra es la madre de todos los hombres libres y justos, sin distinción de origen y condición”. Simón Bolívar.

 

La democracia en la antigüedad era directa; se expresaba a través de manos levantadas en el ágora; estaba circunscrita a ciudades pequeñas (de 2.000 o 3.000 habitantes); era ejercida solo por hombres libres (las mujeres y los esclavos estaban excluidos de la vida política) y no tomaba en cuenta al individuo sino a la colectividad. La democracia moderna es representativa; se expresa a través del voto secreto; se da en naciones con talante democrático; ha ampliado considerablemente el derecho al voto y le concede un gran valor al individuo.

La democracia implica la mayor participación posible y en la sociedad moderna hay decisiones que solo pueden tomar los expertos: cómo abatir la inflación, generar empleo, estabilizar una moneda o resolver la inseguridad, por ejemplo. Pero si pretenden como es el caso venezolano en los actuales momentos, quienes detentan el poder desde hace 16 años, manejar el país a la buena de Dios y a su más entero capricho, sin el más mínimo asomo de buscar soluciones a la grave situación que padece la nación, como consecuencia de sus erradas políticas, no hay duda de que estamos en presencia de un régimen ajeno a los derechos humanos, libertad de expresión y libre comercio, que nos está conduciendo a las puertas de una apocalíptica crisis en todos los sentidos.

Maduro y sus conmilitones políticos del PSUV se empeñan en hacer creer que el país disfruta de una verdadera democracia participativa, pero los hechos que saltan a la vista ponen de manifiesto todo lo contrario, como el encarcelamiento de líderes políticos: Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos y un centenar de estudiantes, empresarios y comerciantes, entre otros, solo por el hecho de disentir del modelo socialista que se empeñan en sembrar en el país; la saña en contra del diario El Nacional al que prohíben enajenar, vender o realizar cualquier tipo de negociación mercantil; los permanentes ataques verbales de Maduro, Cabello y otros dirigentes del oficialismo a personeros de la oposición, acusándolos de insólitos hechos como el “descuartizamiento” de una señora perpetrado por un delincuente, cuya privilegiada memoria denunció a 21 personas supuestamente implicadas en este aborrecible crimen; el atropello y vejamen a periodistas a los que se les agrede físicamente sin motivo alguno, por el simple hecho por cumplir con su labor profesional; la incesante campaña de desprestigio a través de los canales de estado VTV y TVES, contra dirigentes de la oposición; la detención de ciudadanos por el simple hecho de haber abucheado a la gobernadora del estado Falcón y a la ministra de Turismo, esposa de Diosdado Cabello, en la población de Chichiriviche. Bueno, y una sarta de atrocidades que ya el pueblo ni siquiera toma en cuenta, pero que, sin embargo, no deja de hacer daño a quienes son víctimas de la perversa actitud de los que se creen dueños y amos del país, cobijados bajo una mal llamada revolución bolivariana y socialista.

Lejos están los socialistas de nuevo cuño ahora enquistados en el poder de hacer fe de la verdadera democracia, la que permite las reformas sin violencia, en la que la voluntad general debe armonizarse con la del Estado para gobernar democráticamente, porque gobernar democráticamente no tiene que ver con quién tiene el poder, sino a quién beneficia el poder.

Quienes con rostro de piedra mienten y engañan todos los días tienen la vieja creencia de que por repetir una y otra vez se pueda convertir un enunciado falso en verdadero. Nada más errado, por cuanto el pueblo venezolano ha despertado, acosado de una cotidiana mentira, y observado a quienes los engullen con sus mentirosas posturas socialistas, ataviados con trajes de marca, engullir manjares y disfrutar de las mieles del poder, mientras en calles de las ciudades de todo el país se observa a niños, ancianos y mujeres mendingando para procurar sus subsistencia, todo como consecuencia de un régimen corrupto e impune que arribó al poder con falsas promesas como las de eliminar de las calles a los niños abandonados, que hoy por hoy en muchos casos son los jóvenes volcados en la violencia y el delito, que día a día crece ante la mirada impotente de millares de conciudadanos.

Muchos se preguntan, ¿cómo levantar una democracia, en la que los jueces inclinan la balanza de acuerdo con sus “intereses muy particulares”, con leyes que nunca se aplican y en la que los organismos de control tienen marcada inclinación hacia el partido de gobierno, del que acatan órdenes sin el menor escrúpulo y vergüenza? Y tienen sobrada razón para mostrar su malestar, basado en la desconfianza que genera la aplicación injusta de la ley, en un gobierno (!) en el que la sociedad es víctima de la negligencia, ineptitud e incapacidad de quienes manejan las riendas del poder. La única esperanza está a la vuelta de la esquina el próximo 6 de diciembre, fecha en la que se celebrarán las elecciones parlamentarias, oportunidad que permitirá mediante el voto popular, alcanzar el cambio que millones de venezolanos anhelamos, cansados y hartos de tanta demagogia, injurias, populismo, insultos, mentiras y todo cuanto les viene en gana. Oportunidad que permitirá cerrarles la puerta en sus propias narices a los defensores a ultranza del llamado socialismo del siglo XXI, con el que pretenden mediante engañifas y trampas, establecer definitivamente en el país.

La nación toda se encuentra inerme ante la desbordada delincuencia. Los marginados convertidos en delincuentes, como una suerte de “negocio de riesgo”, cuentan con abogados y jueces a los que pueden remunerar bien por su defensa. Y en los propios centros penitenciarios, guardias nacionales y personal civil toman parte del reparto aplicando su propia ley. Todo ello genera en la población un justificado temor, angustia y miedo ante la posibilidad de ser despojado, secuestrado o asesinado en cualquier sitio o lugar de la geografía patria.

La abogada Rocío San Miguel, presidenta de la ONG Control Ciudadano expresa su preocupación en tal sentido ante la escalada de la crisis: escasez, inflación, y desabastecimiento, elementos que han sido el detonante del malestar social y de acuerdo a las estadísticas que maneja el Observatorio de la Violencia en Venezuela, se han realizado 16 protestas y 6 intentos de saqueos semanales. Y las Fuerzas Armadas Nacionales, a través de la Operación Libertad del Pueblo (OLP), adelantan un fuerte mecanismo de represión militar, que hasta la presente fecha ha generado más de 900 detenciones para contener supuestamente a la delincuencia, pero reprimiendo también a la población descontenta con el gobierno de Nicolás Maduro.

Un cuadro nada alentador, si observamos los últimos y recientes acontecimientos políticos, sociales y económicos, que mantienen en vilo al país y con un barril de petróleo a 39 dólares, lo cual hace suponer al común  de los ciudadanos que la inflación tiende a crecer desproporcionadamente, como reflejan las estadísticas  de conocidos economistas de las más prestigiosas universidades nacionales.

 

*Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

careduagui@yahoo.com // @_toquedediana