• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

Al instante

¡Che…! ¡Lárgate con tu tele-zurda!

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Las viejas conversadoras

se ocupan de Margarita,

y dicen que, aunque es bonita,

con ella nadie se va a casar.

Son esas calumniadoras

que viven cortando yuyos;

no lavan los trapos suyos

y los ajenos quieren lavar.

(Estrofa de una canción argentina, cuyo título es “La charlatana”).

 

A la mayoría de ciudadanos argentinos no les tomó por sorpresa que su presidente Mauricio Macri, tan pronto hizo acto de presencia en la sede del Palacio de Gobierno en Buenos Aires, una vez proclamado presidente de la República Argentina, ordenara sacar de la Casa Rosada, de uno de los pasillos más emblemáticos, en el que solía pronunciar sus discursos Cristina Fernández, viuda de Kirchnner, dos grandes cuadros, uno de Néstor Kirchnner y otro de Hugo Chávez, que pocos días antes había también sido excluido de la Asamblea Nacional en Venezuela. La razón es más que clara, ya que Macri es definido por muchos como un hombre de derecha o liberal, y obtuvo el respaldo que lo llevó a la primera magistratura mediante alianza que conformó con el partido “Cambiemos” de centro-derecha, lo cual hizo posible poner fin a 12 años del llamado kirchnnerismo, corriente peronista que algunos observadores políticos califican de populista.

Mauricio Macri en la Cumbre del Mercado Común del Sur (Mercosur) celebrada en La Asunción, Paraguay, en su intervención se pronunció en contra Venezuela tras calificar su posición como injerencista, al mismo tiempo que solicitó la liberación de los presos políticos, haciendo particular énfasis cuando dijo: “Pido por la pronta liberación de los presos políticos en Venezuela, porque en el bloque regional no puede haber lugar para la persecución política por razones ideológicas ni la privación ilegítima de la libertad por pensar distinto”. Discurso este que causó roncha en el gobierno venezolano, que por boca de Nicolás Maduro arremetió groseramente contra Macri con epítetos fuera del contexto diplomático.

Luego de los capítulos indicados, estaba por supuesto echada la suerte de la relación que a partir de ese momento mantendrían los gobiernos de Macri y Maduro. Y prontamente sucedería otro capítulo que agrietaría aún más las relaciones entre los gobiernos de Venezuela y Argentina: la decisión del gobierno de Mauricio Macri de abandonar la Nueva Televisión del Sur C. A. (Telesur), empresa de la que el Estado argentino tiene 16% de las acciones, pues el ministro de Medios, Lombardi, afirmó que “se activó el mecanismo formal” previsto en el convenio de cooperación bilateral para dar curso a la salida y agregó que tanto él como el secretario de Medios Públicos, Jorge Sigal, conversaron “cinco o seis veces” por teléfono con Patricia Villegas, presidenta de Telesur, para adelantarle la decisión.

Telesur es una empresa cuyo capital es aportado además de Venezuela, por Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Uruguay y mantiene acuerdos de cooperación con Al-Jazeera, mediante  convenio firmado en el año 2006, criticado por sus contenidos audiovisuales por el congresista estadounidense Connie Mack IV, quien expresó: “Esta nueva alianza entre Al-Jazeera y Telesur tiene el efecto de crear una cadena de televisión global para terroristas y otros enemigos de la libertad”. La empresa televisora es controlada por el gobierno de Nicolás Maduro, quien con su acostumbrada jerga populista y demagógica afirmo en días pasados: “A Telesur no la van a desaparecer, a pesar del retiro del canal de las cableras en Argentina”, al mismo tiempo que reprochó la decisión del gobierno de Mauricio Macri, y anunció que “Telesur seguirá llevando la verdad, defendiendo la verdadera libertad de expresión de los pueblos, frente a esta arremetida de la derecha envalentonada en su cuarto de hora”.

Sus palabras tuvieron réplica durante el seminario “Vargas Llosa: cultura, ideas y libertad” celebrado en Madrid, en el que Andrés Pastrana, ex presidente de Colombia, criticó el contrasentido de las declaraciones de Maduro, tras afirmar: “Al presidente Maduro no le gusta que el presidente Macri se retire de Telesur, pero sigue existiendo la persecución a los periodistas en Venezuela, siguen cerrados los medios de comunicación y no se permite a un noticiero como NTN24 siga operando en Venezuela”. “La verdad es que todavía no entendemos por qué, incluso en la Asamblea, no se ha hablado de la devolución de los medios de comunicación a sus verdaderos dueños, después de que ellos fueron expropiados”, señaló Andrés Pastrana. Por último, el político neogranadino destacó: “Hoy en Venezuela no hay libertad de expresión y se persigue a los periodistas y a los políticos, simplemente por expresar sus opiniones”.

Telesur nació bajo el calor del socialismo tropical por moción de Hugo Chávez, en su empeño por extender su proyecto del llamado socialismo del siglo XXI a otros países latinoamericanos, para cuyo efecto dispone de una parrilla y contenidos de marcada tendencia izquierdista. En su diaria programación deja entrever que se trata de una televisora al servicio del régimen chavista y de sus aliados. No en vano se aboca a la tarea de maquillar le ineptitud de Nicolás Maduro, y de exaltar las “bondades” del régimen comunista venezolano, con una intensa pauta publicitaria que manipula a diario. Para cumplir esta tarea el régimen destinó en el año 2015 169 millones de bolívares (26,8 millones de dólares, al cambio oficial de 6,3 bolívares), dinero que se pudo haber destinado para la adquisición de fármacos, papel higiénico, harina de trigo o productos de aseo personal, cuya escasez golpea a miles de hogares venezolanos.

Y fue la campaña de desinformación que Telesur realizó contra Mauricio Macri, antes de las elecciones presidenciales, la que le obligó al presidente Macri a frenar el financiamiento de la cadena televisora que lo había atacado, y en consecuencia a retirar la participación accionaria del gobierno argentino, lo cual generó otra grosera reacción de Maduro, quién criticó la decisión de Macri, al mismo tiempo que señaló lacónicamente: “No podrán desaparecer Telesur. Si lo prohíben en Argentina, millones de argentinos lo verán por Internet, por las redes sociales, pero de Argentina no van a sacar ni a desparecer Telesur”. La decisión del gobierno de Macri de abandonar esa sociedad “va en línea con lo que nos hemos propuesto para los medios públicos en términos de pluralismo y austeridad”, dijo en días pasados el ministro de Medios y Contenidos Públicos de Argentina, Hernán Lombardi.

Telesur es una cadena televisiva destinada a brindar amplios espacios en sus transmisiones a los regímenes de izquierda del continente y, al mismo tiempo, una suerte de escudo para evitar se afecte sus imágenes internacionalmente. No es ocasional el hecho de que no se haya tocado –por ejemplo– el tema sobre la detención de Marcelo Odebrecht, presidente ejecutivo de la empresa que lleva su apellido, acusado de corrupción en la que se involucra al ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula y la actual presidenta, Dilma Rousseff. A todas luces, una aviesa política desinformativa con la que se pretende ocultar las ilicitudes que detrás de bastidores realizan quienes demagógica y populistamente engañan a sus pueblos con encendido verbo revestido de honestidad, rectitud y amor bajo el signo del llamado socialismo, que no es otra cosa que comunismo, según afirmó en cierta ocasión el propio Fidel Castro. Este y otros casos más, ponen al descubierto la ausencia de la información veraz y oportuna que contempla el código de ética periodístico, del que no se puede ufanar la cuestionada Telesur.