• Caracas (Venezuela)

Carlos E. Aguilera Arteaga

Al instante

Agravio oficialista a la memoria de Bolívar

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“Un hombre sin estudios es un ser incompleto. La instrucción es la felicidad de la vida, y el ignorante,

que siempre está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción,

se precipita luego infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre”.

Simón Bolívar

 

 

Nada pudo ser más denigrante que ver un espectáculo, más circense que militar, en la celebración de los 205 años de la independencia, que tuvo por escenario Los Próceres. Bochornoso porque se puso en segundo plano al verdadero y único padre de la Patria Simón Bolívar, como consecuencia de la ignorante irreverencia de quienes usan su nombre demagógicamente, con el solo propósito de cautivar a incautos con la mal llamada revolución bolivariana. Irreverente, porque al fundador de nuestra nacionalidad se le menospreció, para encumbrar gloriosamente al fallecido padre de la tragedia que vive el país desde hace 17 años, con alegóricas consignas como “Chávez vive… la patria sigue”. Lo más vergonzoso, fue ver en la transmisión en cadena a Oficiales de alto rango, Generales y Almirantes, aplaudir cuando la troupe que marchaba al frente de la tribuna presidencial, gritaba frenéticamente la alegórica frase en honor al Comandante galáctico fallecido. Un 5 de julio que pasará a la historia por muchas razones, que mencionaremos más adelante.

Repugnante la sumisa actitud asumida por quienes portan el uniforme militar, que sin vergüenza alguna se declararon en tan solemne ceremonia, en “revolucionarios y chavistas”, tal como lo dijo a todo gañote el Comandante del desfile cínico-militar, General de División, Alexis J. Rodríguez Cabello, que con tono amenazante dejó caer la siguiente perla: “tenemos una ideología clara y las armas para enfrentar a la oligarquía”. El mensaje rojo rojito desnudó el despropósito de quienes violan la Constitución Nacional, que en su capítulo III de la Fuerza Armada Nacional, artículo 328, contempla: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la Ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación”. (sic)

¿Acaso el desacato a lo anteriormente señalado y que contempla la Carta Magna, no contraría el espíritu y letra de ella, y del reglamento militar? Rodríguez Cabello no tuvo empacho alguno en teñir el acto con su mensaje político, pues encontrándose al frente de quien recurrentemente suele rendir culto a la memoria de su padre putativo, del que se ufana ser heredero, iba a recibir de este el aplauso por su valiente posición, así como la de sus compañeros camaradas, que mirando de soslayo al inquilino de Miraflores, no vacilaron en batir las palmas frenéticamente, rememorando quizás el lema del Comando de Fuerzas de Acciones Especiales recién creado, de “aguerridos, sagaces y dispuestos a neutralizar al enemigo”. Un enemigo invisible que solo existe en la enfermiza mente de Maduro, pues en su pretensión de seguir engañando al pueblo, aduce que la nación está amenazada por fuerzas extranjeras, prontas a invadirla con “la complicidad de la burguesía parasitaria, medios de comunicación y de sectores de la oposición apátrida y traidora”. La presencia en el desfile –según el parte que entregó a Maduro– de 10.780 patriotas, revolucionarios, socialistas, antiimperialistas y bolivarianos, no fue otra cosa que una palmaria manifestación de hombres y mujeres chavistas, adiestrados con una ideología clara y definida.

La otrora gloriosa Fuerza Armada Nacional: Ejército, Armada, Aviación y Fuerzas Armadas de Cooperación, hoy no es la institución que mantiene firme los ideales por la libertad, producto que brotó de la horadada piedra de la opresión, tal como lo demostró el ejército forjador de libertades en Carabobo, verdadera batalla de la emancipación, que es sinónimo de sacrificio, heroísmo de hombres que brindaron sus vidas para ensanchar los caminos de la Patria, para romper las cadenas que la oprimían y brindarnos la libertad, que es la mejor y única herencia que nos legaron los auténticos y únicos forjadores de la nacionalidad, y no de quienes se abrogaron la titularidad de libertadores, para con mensajes populistas y demagógicos enseñorearse del poder.

En el desfile del 5 de julio, que más parecía una comparsa carnavalesca, que un acto meramente militar, se pudo observar de todo, como bien lo refiere en su artículo la colega Ana María Matute: disfraces, carrozas, colorines, caballos tristes y amaestrados y hasta un pobre perro al que le pintaron la carita de verde. Todo un circo más que una ceremonia meramente castrense. En ese espectáculo, además de los tan cuestionados colectivos a la orden del régimen, desfilaron hombres y mujeres cubanas, con rostros camuflados al igual que su ropaje, y que hacen vida en Fuerte Tiuna, milicianos puestos a la orden de la revolución socialista, marxista y en mala hora bolivariana, por el régimen antillano de los hermanos Castro.

La presencia de agentes cubanos dentro de las FANB no es una mera especulación, por cuanto el Vicealmirante Pérez Rodríguez, poco antes de pedir la baja hace apenas dos años en la Armada, afirmó que “se ha tratado de hacer una copia de lo que son las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, lo que es concepto de regionalización de la Fuerza Armada”, razón por la cual en su debido momento, solicitó una “averiguación penal en relación a la posible participación de colectivos armados, que en coordinación con los órganos de seguridad del estado, se han constituido en un brazo del Estado, y en consecuencia, todos su actos se convierten en violación de derechos humanos, por cuanto es un órgano paramilitar armado y financiado por el Estado, y en su representación efectúan actos de represión”. Como quiera que hicieron caso omiso de su denuncia, solicitó al poco tiempo su baja de dicho componente militar.

Por otra parte, primera vez en la historia republicana del país, las ceremonias civiles para la conmemoración de la efemérides independentista, no contó con la presencia de los representantes de los poderes públicos. Y en el acto de apertura del arca que contiene el Acta de la Independencia –que le corresponde al Ejecutivo –, no compareció Maduro, ni las cabezas de los poderes Judicial, Electoral, Ciudadano y Alto Mando Militar. En su lugar o representación, el acta fue abierta a última hora por una funcionaria del Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia. Un triste episodio y desaire no al Parlamento Nacional, sino a la historia y a los símbolos que la representan. Y eso que Maduro y su séquito se ufanan de ser bolivarianos. Qué manera de demostrarlo.

La solemnidad de la celebración de los 205 años de la independencia, felizmente tuvo en Américo Martín, orador de orden, la respuesta a la deliberada ausencia del oficialismo. El abogado, otrora insigne líder revolucionario de izquierda, y combatiente de primera fila en las guerrillas de los años 60-70, dio un espaldarazo al legislativo, al que calificó de ser el más importante de los poderes públicos, sentenciando en su discurso que “abolirla, menoscabar sus atribuciones, arrebatarle competencias constitucionales o desconocer sus actos privativos, son delitos por los que debe responderse”, en franca alusión a las amenazas que desde el Poder Ejecutivo, con la bendición del Poder Judicial, se han presentado contra el Parlamento.

En Venezuela no hay necesidad de “incrementar un poder militar cada vez más poderoso, cada vez más grande para enfrentar la guerra no convencional”, como afirma Maduro, lo que hace falta es que prive la racionalidad y lógico propósito de encausar al país por el sendero de su recuperación económica, social y política mediante un diálogo sincero, abierto y con buena intención y no con una pistola y su gatillo montado sobre la cabeza de quienes no comulgan con la doctrina socialista, marxista, a los que se les insulta, agravia y humilla con groseros epítetos, que muestran la poca catadura democrática de quien detenta la Primera Magistratura de la nación.

Ojalá y en los próximos años, en los Próceres podamos presenciar desfiles militares como en el pasado, teñidos de civismo y en los que la institución castrense mostraba su real soporte a las libertades públicas y soberanía de la nación. Una ceremonia en la que su escenario estaba ajeno al mal olor de la excreta de quienes no controlan sus esfínteres, y de hombres y mujeres con tufo aguardientoso, trasladados desde distintos estados del país para que hagan bulto en los actos del oficialismo.

 

 

*Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

careduagui@gmail.com

@_toquedediana