• Caracas (Venezuela)

Carlos Delgado Flores

Al instante

El cuero seco

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Las tensiones se prolongan hacia los bordes del campo. Por una parte está el ánimo de la gente golpeada por esta tragedia, que muestra una estructura poderosa, revelada por la fotografía de opinión que Venebarómetro en su estudio de julio de este año, cuando pregunta “en caso de que el referéndum revocatorio no se celebre este año 2016, ¿qué cree usted que debería hacer la oposición’”, y 34,3% le responde “desconocer a Nicolás Maduro y pedir su renuncia inmediata”, opción que cuenta con un apoyo de 51,7% de opositores, 37,6 de neutrales y 3,7% de oficialistas; por nivel socioeconómico 33,5% en AB, 35,1% en C y 32,9% en D; y por regiones: 27,1% en occidente, 40,8% en los andes, 20,0% en los llanos, 26,8% en el centro y 60,9% en oriente. Los andes y oriente, azotados por el hambre y la violencia, acaso nos muestran la imagen levantisca del cuero seco y Venezuela vuelve al siglo XIX, mientras se baten los tambores de esta guerra que nadie declaró. Opción interesante: la constituyente con 4,3% de apoyo en el oficialismo, 27,2% en la oposición y 27,7% en los neutrales; con más referencias en AB (25,7%), C (21,8%), y menos en D (15,0%); y por regiones: 22,55 en occidente; 5,8% en los andes; 13,0% en los llanos; 25,1 en el centro y 6,5% en oriente.

Esta es la gente que en diciembre 2015 ordenó la salida democrática, pacifica, electoral y constitucional, que percibe al Referéndum como la oportunidad, y que construyó un consenso social comportándose como ciudadanos de una república. El estudio de Venebarómetro señala la intención, entre quienes afirmaron estar seguros de ir a votar, de revocar a Maduro, en 88,4%, 10,7 millones de electores si se calcula con base en el padrón electoral: 22,9% oficialistas; 95,9% opositores y 94,4% neutrales; 92% en AB, 89% en C y 86,3% en D; 89,4% en occidente; 94,4% en los andes; 71,4% en los llanos; 85,1% en el centro y 94,5% en oriente.

Seguramente, esta fotografía alcanza a retratar a los 130 mil venezolanos que el pasado fin de semana cruzaron la frontera con Colombia para ir a hacer mercado a Cúcuta, donde parece haber surgido una nueva Plaza Tahrir. Seguramente el campo de la imagen alcanza para mostrar las protestas que para mayo –según datos del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social- se contaban en razón de 21 diarias, casi una por hora. Otra fotografía, otro estudio concluido en junio pregunta “algunos afirman que si el RR no se llegase a celebrar este año, los disturbios y saqueos empeorarán aún más hasta terminar en un grave estallido social ¿qué tan de acuerdo está usted con esta afirmación?”, 70,1% señaló estar de acuerdo o muy de acuerdo con la afirmación. En ese mismo estudio, 54,1% eran de la idea de que “los colectivos apoyan al gobierno para reprimir las protestas y los saqueos”, mientras 26,5% pensaban que “los colectivos crean y ayudan a que se den los disturbios y saqueos”. Ese mismo estudio muestra temor y precaución, sobre todo entre los opositores, quienes suponen que “las autoridades estarían dispuestos a violar los derechos humanos, incluyendo asesinar y torturar personas, para evitar saqueos y disturbios”: 65,8% de los cuales 71,2% son de la oposición. Y visto está que Miraflores mira las encuestas, al igual que la oposición, las charreteras, los disidentes del oficialismo y unas cuantas instancias más.

En otra parte del campo, el reloj de la fase 4 del protocolo de aplicación de la Carta Democrática Interamericana agota la vía diplomática que entre exhortos y petitorios, ha visto cómo se cambia de caballo en mitad de la carrera, nombrando un nuevo interlocutor que no tiene legitimidad para el diálogo de estado, salvo que uno pudiera referirse a él, figuradamente, claro, como el cónsul de una revolución que como quien actualiza un mito, ha llegado a la fase de Termidor.

Este escribidor no tiene idea de cuándo se incorporarán las charreteras al diálogo, si es que se incorporan. Lo que sí sabe es que va siendo necesario el acuerdo de fuerzas vivas que respalde la solución política, bien como interlocutores, bien como instancias de presión; y que, aquello que las fotos de las encuestas nos van mostrando es que no podrá haber acuerdos que dejen fuera la perspectiva de la gente, si de verdad se quiere evitar un desenlace aun más violento.

@cardelf