• Caracas (Venezuela)

Carlos Delgado Flores

Al instante

Pensamos insistir

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Hoy, cuando nos reunamos para celebrar los 40 años de la revista Comunicación, estaremos a su vez celebrando el lema que impulsa estos ocho lustros que la convierten en decana venezolana de las publicaciones académicas dedicadas a la comunicación social: “Pensamos insistir”.  Escucho el vocablo en mi interior y resuena acompasado con el verso de Rafael Cadenas, en “Memorial”: “La palabra no es el sitio del resplandor, pero insistimos, insistimos, nadie sabe por qué”.

¿Por qué insistir? ¿Es acaso obra de la necedad? ¿Es un mero ejercicio de la voluntad?

Hace cuarenta años, un grupo de profesores y alumnos dieron forma a una voluntad colectiva, la de reunirse para estudiar y proponer alternativas críticas para la producción de comunicación social que venía haciéndose en el país. Generaron así una publicación modesta como la que más, el boletín Comunicación: estudios venezolanos de comunicación. Perspectiva crítica y alternativa, impreso en multígrafo, con una carátula de cartulina de color, con un tiraje modesto, pero que ya entonces daba dual expresión de una voluntad: la de conformar una comunidad de aprendizaje y la de permanecer el tiempo que la vida dijera evolucionando como lo hace la vida misma.

Buena parte de esa vida ha sido propiciada por la complicidad de la Compañía de Jesús, que ha visto en ella una peculiar forma de apostolado intelectual. Así, orgánicamente, Comunicación ha crecido como testimonio del diálogo que sus páginas convocan. La comunidad ha aumentado desde su núcleo inicial y ya cuenta generaciones, sin mencionar a sus lectores, sus interlocutores. Los alumnos se volvieron profesores, los aprendices compañeros y después maestros. Los jóvenes crecieron, se casaron o formularon algunos otros votos. Los ritos del encuentro se fueron multiplicando, esta vez, movidos por la vida que iba fluyendo en el seno de la comunidad: las bodas y los bautizos de hijos y de libros, las conferencias y los recuerdos de viaje, los encuentros, las despedidas, las pocas nostalgias y las muchas esperanzas. Todo esto gira en torno a la cita de todos los miércoles, la reunión de redacción, de la que van saliendo los trabajos que nutren cada número. Así, no menos de 1.600 reuniones, a lo largo de 400 meses (10 por año) han dado vida a 172 números de la revista, compendio de 1.490 artículos desplegados en 17.532 páginas, elaborados por 1.975 colaboradores y es curioso, por demás, este guarismo, ya que 1975 es el año de inicio… Es una buena cosecha, de la cual, francamente, nos enorgullecemos.

Debo además señalar que, como comunidad de aprendizaje, nuestra historia no es demasiado original: así ha surgido buena parte de la academia en todas partes del mundo, así ha surgido la nuestra, hoy convertida en la última trinchera contra la barbarie. Así han surgido bandas musicales, colectivos creativos, empresas. Quisiera creer que así surgen los proyectos de cambio, pero sería un pedante si así lo hiciera. Dejo, eso sí, la esperanza de que estas páginas le sean de utilidad a quienes han venido y vienen con nosotros, y a quienes vendrán, porque uno de los secretos de la vida –si es que acaso la vida tiene alguno– es su constante vocación por el futuro. Eso la distingue, como vida, del mero hábito de negarse a morir.

¿Pero por qué insistir?

Al final de la presentación del primer número, hay una afirmación: “Conscientes de no estar en posesión de la fórmula para dotar a nuestros países de un sistema perfecto de comunicaciones, nada nos impide y mucho nos obliga a que lo sigamos buscando. Esa búsqueda tenaz es la gran tarea a la que se orienta, desde su mismo nacimiento, este modesto boletín”.  La fórmula, ciertamente, no ha aparecido en estos años, pero sí lo han hecho numerosas transformaciones en los procesos de producción de cultura y comunicación social. De muchas de ellas, la revista ha dado cuenta, reflejando sus contextos, analizando sus potencialidades de transformación social, sin perder de vista que la intención –declarada en el mismo texto– “que nos mueve y que nos moverá en futuros análisis es exclusivamente constructiva y primordialmente creadora, sin olvidar por ello que frecuentemente, una crítica severa y radical es, en este y otros campos, necesaria condición de posibilidad de lo que, no existiendo, debería llegar a existir”.

Insistimos por eso, porque aún no hemos encontrado lo que estamos buscando. Porque aún hay realidades que conocer, poderes que develar, capacidades humanas que acompañar. Porque soplan vientos de cambio y porque seguimos apostando por la vida y por sus utopías, porque como dice el Nano, Joan Manuel Serrat, “sin utopía, la vida sería un ensayo para la muerte”

La buena noticia es que cada vez somos más los compañeros de ruta, desplegados en esta búsqueda, en esta insistencia. Para ellos, vaya la salutación de esta comunidad que hace ya muchos años se comprometió a seguir.

 

@cardelf