• Caracas (Venezuela)

Carlos Delgado Flores

Al instante

País 2.0

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Esta semana, el Centro de Investigación de la Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello realizó las Jornadas País 2.0, las cuales propusieron una reflexión desde distintas áreas del conocimiento en torno a la pregunta ¿qué país está surgiendo en el entorno digital? Fueron 6 foros, 5 conferencias y 2 talleres, que reunieron a cerca de 40 expertos y que fueron seguidos por público numeroso en sala y en redes. Las grabaciones de las sesiones, las presentaciones y la relatoría están disponibles en el blog https://paisdospuntocero.wordpress.com/ porque el tema da para hablar largo. Pero por ahora va el relato abreviado de la experiencia.

La reflexión nos lleva a considerar la economía. Allí Carlos Jiménez de Tendencias Digitales señala que aproximadamente 1 de cada 3 venezolanos compra cosas por Internet. Ya manejábamos el dato levantado por Mauricio Agudelo en su informe sobre TICS y desarrollo (CAF) de que el per cápita anual de comercio electrónico era de 114 dólares, no obstante Cavecom-E suministra un monto en bolívares –1.360 bolívares– y el dato se derrumba hasta 5,44 dólares, por obra y gracia de la inflación. Carlos Brandt afirma que en el país 1 de cada 6 venezolanos está emprendiendo, pero muy pocos lo hacen estratégicamente, con sentido global, basados en innovación y en tecnología, básicamente porque no saben cómo hacerlo, porque su visión no va más allá de la supervivencia.

Abordamos también la formación de identidades. JesúsTorrivilla describe la liquidez de las identidades y Willy McKey plantea una idea sugestiva: que en la web 2.0 la gente se comporta como una marca, pero esa marca no es solo la mejor versión de cada quien, es una fábrica de memes que subvierte cualquier discurso en función de una necesidad expresiva, lo cual se nota en el muestra el estudio hecho a la etiqueta de conversación #ChavezPartyNightClub, presentado por Yorlet Acosta.

Revisamos el tema educativo, donde la apuesta por lo digital también genera debate. Octavio Rodríguez plantea reforma completa y adaptación del sistema educativo a la plataforma; Oscar Costero opta por la vía gradual, incrementando las capacidades de autoaprendizaje enseñando a editar en Wikipedia. Marcos Requena plantea un modelo para la construcción de experiencia pedagógica en el diseño e implementación de e-learning, advirtiendo sobre los riesgos de seguir improvisando, pero a la vez recordándonos que la educación es algo personal.

Abordamos el país 2.0 político y el debate gira en torno al tema del ciberactivismo. Iria Puyosa, vía teleconferencia explica que en las protestas autoconvocadas de 2014, de las características de los movimientos sociales en red, se dieron tres: la ocupación del espacio público, el uso de un lenguaje común antihegemónico y el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, pero faltó una, la decisiva: la capacidad de hacer redes sociales lo que impactó en la incapacidad para la existencia de subversión de la cultura política dominante (que a fin de cuentas es el objetivo de cambio); explica que la protesta fue hecha por grupos homogéneos con poca movilidad territorial, altamente radicalizados, dispuestos a rechazar al disidente del gobierno que no se pareciese a ellos, lo que genera pérdida de capital social (entre redes, no a lo interno) y desconfianza hacia los protestantes de parte de otros opositores al régimen; al no haber pueden entre grupos, no hay contagio de ideas. Marianne Díaz opina que para que ocurran cambios sociales con base en el ciberactivismo es necesario que la intención del consumo de información sea valorada como más importante que la información misma, pues la causa para el cambio es la motivación, personal o social; que la confianza permite filtrar la información, y eso construye capital social (tanto por vía cognitiva como relacional) a lo interno de las redes, pero no entre unas y otras. Luis Carlos Díaz comenta la tendencia de los jóvenes a abandonar Facebook en búsqueda de redes más cerradas, lo cual, entendemos, profundiza las observaciones de Puyosa y Díaz, y es un hecho que tiene que ver tanto con la precaución por su seguridad como con la desconfianza –podría decirse hartazgo– en el debate político nacional, frente a lo cual hacen falta más medios, más información que trascienda la polarización. 

A estas alturas, el lector seguramente estará preguntándose: “Pero entonces ¿qué concluyeron? ¿Cómo es el país digital que está surgiendo?”. Para responderle cito las conclusiones del evento, tomadas de la relatoría:

“Está surgiendo un país con una modernidad más amplia, más distribuida, con una tensión mucho más dinámica entre lo aspiracional y lo concreto.

“Es un país donde las identidades más características de la web: prosumidor e infociudadano, están creciendo a ritmo sostenido, generando presión de cambio desde el mundo de la vida hacia el sistema institucionalizado de saberes  y poderes. Cambios que exigen una mayor democratización de los mercados y de las formas políticas, en lo coyuntural de la polarización política, pero también en lo estructural de la construcción republicana.

“Un país que quiere emprender y se esfuerza por darle forma a este deseo. Que exhibe casos de éxito y fracasos de los cuales aprender.

“Un país que quiere crear una economía distinta, una economía de conocimiento, con oportunidades para todos.

“Un país que intenta rebasar sus límites actuales, constituidos por la precariedad de la economía y la inestabilidad de la política; pero además por la brecha educativa y por la insuficiente infraestructura tecnológica.

“Un país que al construirse en el entorno digital, integra a establecidos y migrados, a los que están en el territorio y a quienes se han desplazado.

“Un país que puede consolidarse y liberar toda su esperanza de futuro aquí y ahora, si logra convertirse en una apuesta histórica”.

Hay, entonces, en camino, una Venezuela 2.0

 

@cardelf