• Caracas (Venezuela)

Carlos Delgado Flores

Al instante

Orwelliana

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Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega... Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doblepensar ha sido capaz el Partido –y seguirá siéndolo durante miles de años– de parar el curso de la Historia. (George Orwell, 1984)

Suelo decir a mis alumnos que el periodismo es el reino de lo políticamente correcto. Aquí en Oceanía, donde ejercer el periodismo es construir sentido común y al mismo tiempo destruirlo, diluirlo en mil versiones de los hechos que desinforman por exceso de información, la práctica de lo políticamente correcto ha superado la corrección del eufemismo que vuelve neutras las acepciones, para pasar a ser doblepensar puro y duro, arte en el cual progresamos con tanto afán y de manera tan efectiva, que lo que los economistas pronosticaban como la tormenta perfecta de inflación con recesión y escasez, apenas se siente como un eco lejano en nuestras cabezas en donde, como en una cancha de squash, rebotan los conceptos hasta lograr igualarse con sus contrarios.

Es necesario afirmar que el partido se ha empeñado, en un pertinaz ejercicio de pedagogía política, en enseñar a la gente la práctica del doblepensar, promoviéndola como la vía más eficaz para consolidar la dominación y con ella, la mayor suma de felicidad posible. Ha construido, el régimen, zonas de paz que sustituyen la institucionalidad del Estado permitiendo a las comunidades populares darse su propio sistema de seguridad, ¿cómo? dejando que los antaño conocidos como delincuentes operen como comisarios políticos imponiendo el orden y garantizando el resguardo de la gente y los bienes que el Estado permita disponer; el reciente episodio del Operativo de Liberación Popular en la Cota 905 y otras zonas de paz, le ha permitido, además, al régimen, mejorar las relaciones entre la institucionalidad del Estado y estas nuevas formas de gobierno, mediante el avasallamiento de estas mismas comunidades que ven en la acción del Estado una garantía de seguridad, de mano firme en la conducción de una guerra contra los paramilitares que el imperialismo de Eurasia ha querido implantar como guerrilla partisana para debilitar al legítimo y soberano estado popular de Oceanía.

Pero no ha sido esa la única acción contra el imperialismo que el partido lleva adelante en nombre del poder popular: ha decretado el regreso a los límites originales con el vecino territorio de Estasia mediante buenos oficios diplomáticos, con lo cual, se ejercerá soberanía y defensa de la integridad territorial, como Egipto y Siria, coaligados, lo hicieron en el pasado contra el enemigo semita; experiencia reeditada con la alianza con la potencia antillana, amiga del pueblo aun a pesar de sus recientes coqueteos con la diplomacia del imperio eurasiano. Con esta inteligente decisión, el Partido escala sus acciones e inscribe el combate contra la guerra económica en el plano geopolítico adecuado, ya que la afirmación de que la estrategia del gobierno es no hacer nada frente a la crisis económica es, justamente, falsa: la guerra económica es uno de los tantos frente de la mítica guerra entre el bien y el mal que Oceanía libra como una gesta frente a Eurasia y su imperialismo malsano, y el Partido ganará esta guerra porque lo hace en nombre del poder popular al cual representa, apoyándose en él y en su sabiduría, en la recursividad de sus comunidades que asumen organizada y solidariamente la distribución de los alimentos, con abundantes beneficios en cascada para todos por igual, y que los enemigos de la patria llaman despectivamente “bachaqueo”, intentando denostar con el epíteto, las virtudes naturales de los insectos, los cuales constituyen la sociedad perfecta, el comunismo en su estado más natural.

El partido ganará. Lo hará ahora y lo hará en las elecciones parlamentarias, para la cual ha relevado a los militantes del partido de la responsabilidad unívoca de elegir candidatos en elecciones primarias y a los elegidos, ha sumado a compatriotas esclarecidos, por la vía de la cooptación, que es el método que todos los verdaderos revolucionarios del Partido deben aceptar, como manifestación de su militancia, so pena de ser vaporizados. Tan generoso es el Partido, que como buena organización moderna legisla de tal modo que todo aquello que hace sea susceptible de convertirse en legislación universal (para lo cual, aquello de “considerar al hombre como un fin en sí mismo” es un concepto erróneo del pensamiento kantiano, por tanto la sentencia se omite) y así, garantiza una proporción de candidaturas para el género femenino, convirtiendo tan abnegada acción en criterio mandatorio, que no en disposición del reglamento electoral.

Podríamos agotar el espacio en señalar las grandes acciones que el Partido emprende en nombre del pueblo soberano, depositario de la voluntad general; podríamos sostener que el continuado ejercicio de un periodismo libre y comprometido con el pueblo, por vía del Sistema Nacional de Medios Públicos comunitarios y algunos medios industriales independientes, ha permitido enseñar a la gente de Oceanía las artes del doblepensar como pensamiento hegemónico, imbatible, máximo legado del comandante presidente y por el cual Oceanía pervivirá liberado una vez más, en la aclamación del Partido como la expresión más depurada de la democracia, constituida desde la atención pensante que tanto reclamara Hannah Arendt como antídoto contra la banalidad del mal, y concebida como el gobierno del sentido común. ¡Viva Oceanía! (aplausos).

@cardelf