• Caracas (Venezuela)

Carlos Delgado Flores

Al instante

Faltos de ignorancia

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La semana próxima, el Centro de Investigación de la Comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello hará pública presentación de dos libros que recogen las reflexiones de dos seminarios realizados el año pasado, en medio de la confusión y las protestas: El nosotros venezolano. Proceso de construcción de una cultura democrática nacional y El lugar de la gente. Comunicación, espacio público y democracia deliberativa en Venezuela.

Nos movía entonces –aún lo hace– la necesidad de encontrar comprensiones que nos libren de caer en la tentación de las explicaciones simplistas, contingentes o voluntaristas, con que solemos despachar las cosas para no comprometernos más allá de un bando, porque ¿con qué moral damos explicaciones de cosas que no comprendemos? ¿Y así pretendemos que nuestras explicaciones sean verdaderas? Pero ya sabemos que las falencias que el liderazgo ofrece, en esta hora, no obedecen tanto a un trastorno en las gónadas como a una ceguera tal, del entendimiento, que les impide darse cuenta de que no ven: ceguera del inconsciente cognitivo e incluso del inconsciente político.

Toda comprensión es interpretativa y nace de la vocación para el diálogo: entre gente, entre saberes o entre fenómenos de una realidad. Aquellos que son “faltos de ignorancia” prescinden del diálogo y lo sustituyen por tácticas, cual más laberíntica, para imponer su supremacía frente al hastío ajeno (marrulleros les diría mi madre) y responden con silencio tanto a las noticias de la necesidad como a los escarceos de la crítica. ¿Resultado? Una espera calculada, una calma chicha que antecede la tempestad, o acaso la sensación general de que la política ha fracasado y Von Clausewitz, cuyo postulado no es reversible (“la guerra es la continuación de la política aunque por otros medios”), está a punto de inspirar la próxima jugada.

No queremos que la política fracase: es como pedir que se clausure la República por falta de ciudadanos, que sí, ciertamente, están en déficit. Por ello insistimos en pedirle peras al olmo, dispuestos a volver a las cosas ya dichas, no para decir “¿vieron? Se los dijimos”, sino más bien en tono solidario (“¿qué es lo que no estamos viendo en este problema?”). Por eso asumimos responsabilidades de conciencia y ejercemos nuestro rol de intelectuales a ver si con la insistencia podemos domar el voluntarismo de los doctos que se escudan diciendo “para qué queremos a Churchill en la oposición, si en el gobierno está Nicolás Maduro”. ¿Es así como interpretan los reclamos de la gente?

Sí, queremos que haya unidad, pero no solo de cara a las elecciones parlamentarias, que sabemos, son sumamente importantes; sino de cara a la construcción de un horizonte social compartido, que nos permita salir de la coyuntura abierta con el Viernes Negro de 1983, reforzada con el Caracazo, en 1989, galvanizada por los golpes de Estado de 1992, y a punto de cerrarse ahora, luego de quince años de prueba ácida, hacia otro momento que los escenarios describen de un modo nada auspicioso; esa coyuntura no se cierra cambiando rostros y banderas: los doctos tendrían que estar buscando respuestas más allá de las listas comiciales. Por eso y pensando en ello se hicieron estos libros que, no obstante, no ofrecen recetas, pues ni son manuales ni son libros de autoayuda para políticos: son textos que ofrecen ejercicios de comprensión e invitan al diálogo, a aprender el difícil arte de ponerse en los zapatos de otro.

@cardelf