• Caracas (Venezuela)

Carlos Delgado Flores

Al instante

“Ciertas condiciones aplican”

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Si tuviéramos algo más que política electoral, si nuestros partidos hubieran hecho fuerza en organizaciones sociales y se hubieran concebido –al menos– como partidos históricos con ideologías, cuando no como partidos modernos que coordinan los intereses de diversos movimientos sociales, no estaríamos nosotros asistiendo a esta diatriba por las candidaturas, que nos hacen temer un repunte de la abstención que nos lleve a repetir los errores cometidos y a perder, nuevamente, los comicios. No estaríamos teniendo que dirimir entre las falacias de cada bando, sino dejando estar a cada quien en el espacio político donde resulte más eficiente, aun a pesar de que el régimen y sus mandones intentan eliminar todas las autonomías pues son contrarias al socialismo burocrático que dicen instaurar.

Es verdad que las encuestas hablan de la posibilidad, bastante probable, de que la oposición gane dos tercios de la Asamblea Nacional en los comicios parlamentarios venideros. Lo que no hemos visto –ni veremos, acaso por una razón de costos– es un estudio que diga cuál es esa probabilidad por circuitos, que estime la sobrerrepresentación (gerrymandering), que considere el grado de control oficialista sobre los medios de comunicación regionales, para que tengamos opciones más realistas del tema y tomemos mejor las decisiones, en función de los escenarios disponibles. Porque no basta con decir “tenemos la posibilidad de ganar, basta con que haya unidad, de verdad”, y en nombre de la unidad no se haga ningún tipo de evaluación de las actuaciones de la bancada opositora actual, la cual ya sabemos ha tenido que poner la carne para golpizas, vejaciones, y desplantes de todo tipo por parte del oficialismo, resistiendo, pero olvidando que los parlamentarios se deben a sus electores, que bien hubieran podido trabajar para fortalecer las autonomías, para formar dirigentes que movilizaran las sociedades intermedias, ampliando el piso político de esa unidad, si hubiésemos elegido figuras menos populares y más asertivas, con mayor capacidad.

Es verdad que la vía que nos corresponde como demócratas es la elección para los cargos de representación popular en el Estado, pero cuando el Estado ha sido secuestrado por una facción que lo coloca en contra del ciudadano, es necesario protestar el incumplimiento del contrato social hasta lograr la firma de un nuevo contrato que garantice la justicia. Si se van a hacer ambas cosas, hay que salvar la contradicción entre oposición rebelde y oposición leal, para lo cual se requiere un proyecto país que funcione como marco para integrar las autonomías en una unidad para el cambio político real. Es lo que siempre se le ha exigido a los partidos, porque se tiene como antecedentes a los partidos históricos que se afiliaron al proyecto de modernización nacional, pero que al constituir un sistema populista de conciliación de élites (Juan Carlos Rey dixit) generaron una brecha que volvió desiguales los alcances de esta modernización, desigualdades que hoy tienen nivel de apartheid cultural. Y la pregunta puede resultar retórica, pero no lo es: si no son los partidos, ¿quién lo formula?

Como no hay proyecto que movilice a la sociedad civil en la construcción de la “mayoría social”, y quienes hablan de ella creen que basta el buen gobierno (incluso un buen gobierno legislativo) para consolidar un liderazgo nacional, las encuestas nos hablan alternativamente, o bien de un incremento de los desafiliados (hasta 60% dicen unos, y eso son cifras de deslave en ambos bandos), o bien de una intención de voto en el bando opositor, donde 50% plantea la necesidad de un nuevo liderazgo; lo que lleva a este escribidor a evaluar como válida la expresión oída recientemente: “La oposición va a ir a votar, militantemente, por el palo seco que le pongan delante, pero no esperen los partidos nada más, hasta tanto no renueven su dirigencia”. En el mismo sentido, en el contexto ineludible de la crisis, va la conseja, también oída: “Que se olvide la gente de una solución de la crisis a corto plazo, por la vía electoral, pues aun ganando los dos tercios de la Asamblea, hay que desmontar todo el tinglado, y eso nos lleva, cómodamente, hasta el 2019”. Y no se descarta que en los dieciocho meses previos a la elección presidencial para la Casa Blanca, la cosa implosione y haya que plantearse otro tipo de política, que obedezca más al juego geopolítico que a las decisiones en política parroquial.

Así pues, la unidad, ciertamente, es fundamental; pero “ciertas condiciones aplican”, como pasa en todos los contratos con letra pequeña.