• Caracas (Venezuela)

Carlos Delgado Flores

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Carlos Delgado Flores

Carta a Henri Falcón

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Respetado Henri:

Ahora que la idea de transición comienza a ganar cuerpo en la agenda pública, devanando su complejidad, no son pocos los ojos que intentan mirarte, preguntándose si tendrás algo tú que ver con esta idea, pero vinculando esa pregunta con otras: ¿de qué hablamos cuando hablamos de transición, y en función de la definición empleada (de entre un conjunto de posibles) qué podrías tú hacer en ella y cómo podrías hacerlo?

Desde que le recordaste a Maduro y a Cabello las desviaciones del proyecto original, en la cadena televisiva de la instalación de la –¿fallida?– mesa de diálogo de Estado con el Ejecutivo hasta la reciente presentación del Plan Estratégico Lara Progresista, median casi 100 días de alzas y bajas, como el biorritmo. El mundial termina el domingo y nuevamente la atención de la ciudadanía retomará el cauce de la crisis. La oposición delibera, las posturas ahora se enfrentan entre institucionalistas versus salidores y mientras, las voces se alinean entre aceptar que se resquebraje la unidad y se produzca la decantación, o por otra parte, insistir en mantener la unidad. El oficialismo, por su parte, avanza hacia el Congreso del PSUV con muchos dilemas que, en conjunto, parecen presagiar algo más intenso que una división.

Cuando pienso en este doble escenario, recuerdo que tres son los principales arquetipos de poder masculinos: guerrero, monarca y sabio. El guerrero vive –o perece– en las justas, pero el monarca está en las encrucijadas y requiere la sabiduría del sabio para tomar las decisiones correctas. No sé si tú estás en una encrucijada, o si acaso la encrucijada está en ti, pero sí siento que en ti convergen algunas rutas de nuestra historia reciente: líder civil y civilista de origen militar; antaño militante del proceso y ahora líder de la oposición; antaño miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y hoy gobernador reelecto de un estado. Y siento además que si miramos tu accionar político desde que fuiste elegido como alcalde de Iribarren hasta hoy encontraremos que has podido, desde entonces, integrar sectores sin cooptarlos, sin grandes definiciones ideológicas, pero tampoco sin exageradas concesiones pragmáticas.

Hace poco hacía el ejercicio con un amigo y colega de identificar dentro del chavismo alguna figura que pudiera hablarle con legitimidad a todos los sectores que lo integran actualmente. Posiblemente esa figura ya no esté en su bando, pero estuvo con ellos, muestra una ruta de trabajo que retoma muchas de las claves originarias, cuando el proyecto era un sueño de transformación democrática y no una pesadilla burocrática… Posiblemente esa figura seas tú.

Ya desde 2010 debes saber que gobiernas el estado con mayor cantidad de no alineados; que por las características sociales y culturales del estado (Lara siempre ha tenido, históricamente, un índice de participación ciudadana, de asociacionismo y de constitución de redes por encima del promedio nacional) estos son capaces de incidir dentro del oficialismo, generando procesos de deliberación que los lleven a cambiar de posición, de un día para otro. Sabes además que a partir del 12-F, la repolarización demandaba una respuesta sistémica qué proponer como alternativa a la diatriba entre salidores e institucionalistas, la cual estás intentando con el Plan Estratégico Lara Progresista, que creo que vale la pena lo conozca el país, y el cual merece no demasiadas críticas, pero sí toda la atención.

Para dar alguna idea del plan al lector que a esto se asoma, puede decirse que la idea de progresismo que se plantea se basa en los procesos de “descentralización y de participación ciudadana, considerados pilar fundamental y eje transversal de la Constitución Nacional”, para lo cual se plantea la creación de “gobiernos locales progresistas presentes en cada municipio, parroquia y comunidad de nuestro estado, integrando la gestión de manera directa con los ciudadanos y las comunidades organizadas a través de las unidades de Gestión Progresista, a fin de orientar la acción del gobierno regional para afianzar el bienestar colectivo”. En donde progresista debería poder leerse como democrático.

¿Pudiera resultar esto un mero déjà vu, de la planificación centralista, normativista, cooptadora de las autonomías y aplanadora de las diferencias, como la que hacía Giordani, al cual tuviste ocasión de criticar? Quizás no, pues al declarar la creencia “en un Estado sólido, integrador, capaz de respetar y promover las libertades sociales, individuales, económicas y los derechos políticos, necesarios para potenciar el desarrollo integral. A través del diálogo directo, transparente, con la incorporación de todos los sectores de la vida nacional, fomentamos un gobierno abierto, solidario y eficiente” estás hablando de algo que no suena ni a subalternidad tipo foro de Porto Alegre, ni al buen gobierno del eficientismo tecnocrático.

Y las preguntas entonces serían: ¿Qué tienen que decir los promotores de la Asamblea Nacional Constituyente, sobre este proyecto?
¿Son conciliables? ¿Puede este proyecto y esta definición tener el alcance suficiente como para convertirse en un nuevo proyecto nacional? ¿Este proyecto sería capaz de restituir el pacto social, roto como está? ¿Este es un proyecto para una transición con preservación del statu quo, o es un proyecto para una transición con cambio de statu quo, y si es así, de dónde surgiría? ¿Cuál es la opinión castrense sobre esto?

Creo que bien vale la pena documentar el punto y someterlo a deliberación.

Y una cosa más: Henri Falcón, estás en una encrucijada, pero ¿acaso se corresponde tu figura con la de un monarca? Aun no lo sabemos, pues más allá de la gestión en Lara, no hay una percepción precisa tuya en la opinión pública nacional. El hombre de la encrucijada ni puede ser un líder providencial ni un autócrata porque entonces no estaríamos en una encrucijada sino en un laberinto, en el que de tanto en tanto, volvemos a pasar por los lugares que creíamos haber dejado atrás. Te falta equipo y si bien puedes formar el tuyo con los mejores guerreros, también puedes hacerlo con los mejores sabios, aquellos que no son de palabras dulces, pero sí verdaderas. Busca a los profetas, ellos decidirán si eres tú el ungido, o no.