• Caracas (Venezuela)

Carlos Blanco

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El misterio de Diosdado

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Es extraño que un político se busque tantos enemigos así tenga poder suficiente para enviarlos al infierno de la justicia venezolana. Diosdado no tenía esa fuerza mientras Chávez estaba en la antesala de la eternidad. Entonces, ascendía y descendía, como Nicolás Maduro y otros, de ministro a gobernador, de gobernador a diputado, de diputado a candidato, hasta ser rescatado de nuevo. Ahora es diferente, él es un poder; pero, ¿por qué es una máquina de ganar enemigos?

Con Chávez no había lugar sino para un líder. Los pares mordieron el polvo temprano. Pero, como vislumbran los humanos, los vegetales y los minerales, Maduro no es Chávez y ocupa una jerarquía heredada que no quiere compartir y que se le escurre entre los dedos. Sus pares en el PSUV lo saben, no le obedecen y lo demuestran.

Esa certeza de la ausencia de líder único ha permeado la estructura del partido y del gobierno. Unos tienen como referencia a Cabello y otros a Maduro, después de las desapariciones forzadas de Rafael Ramírez y demás estrellas tan voraces como fugaces. Los pesos pesados ahora son Cabello y Maduro, por lo que hay reyertas, algunas agrias, a pesar de que los respectivos jefes se abracen en público. Se han convertido en cabecillas de fracciones, aún más allá de sus voluntades; sus partidarios los obligan a disputar el poder en su nombre y cada grupo controla un pedazo del Estado y sus recursos.

Algún contenido ideológico se puede estar colando en la disputa. Maduro, como cabeza del régimen, representa una situación de ruina masiva para el país y Diosdado, solidario como ha sido del proceso pero sin encabezarlo, pudiera estar en la idea de un viraje que aquel no puede dar porque no se atreve ante las presiones, entre otros del propio Diosdado.

El presidente de la AN se ha dedicado a crearle situaciones de hecho a Maduro. Una de estas es el juicio contra El Nacional, La Patilla y Tal Cual, emblemas de las luchas democráticas de hoy. No demanda a ABC de Madrid, no demanda al capitán Leamsy Salazar y no se apersona en el Juzgado de Nueva York. Es, más bien, una acción política doméstica en la cual muestra su poder, no se defiende de las acusaciones y convierte su caso en un escándalo internacional en contra de la libertad de expresión; pero, a pesar del costo, parece hacerlo como una indirecta prueba de fuerza con Maduro: “Yo tengo poder; ¡cálatelo!”.

En la eventualidad de la renuncia de Maduro, ¿querría Cabello sustituirlo? ¿Con tantos enemigos buscados a ciencia y paciencia tendría fuerza política y militar para lograrlo? ¿Es la publicación del The Wall Street Journal un mazazo que lo hace irrecuperable?

@carlosblancog