• Caracas (Venezuela)

Carlos Blanco

Al instante

La caída de las estatuas

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Síntoma y llaga es el vahído que recorre a cierta élite gelatinosa por el retiro de los

cuadros de Chávez y del Bolívar-zombi inventado por el procerato rojo. El

problema no son los cuadros sino la voluntad del régimen de anular o, si puede,

hacer desaparecer la Asamblea Nacional hoy en manos opositoras. Ese, y no otro,

es el tema.

En pocos días han apelado a diversos instrumentos. Por allí anda un espanto

denominado “asamblea comunal”, sacada de la mochila de las fanfarronadas,

contrapuesta a la legítima AN. Como ha sido tan estrafalario el intento, los

camaradas han buscado métodos alternativos. Luego, al instalarse la Asamblea, les

dio un surménage porque Henry Ramos Allup les aplicó el mismo Reglamento

Interior y de Debate que los rojos han modificado a su antojo para asfixiar a la

oposición. Más adelante, el intento de desconocimiento de los diputados elegidos

en Amazonas, a lo cual la AN no le hizo el menor caso. Para seguir con lo que el

régimen asume como una ofensa, al descolgarse los cuadros de un ex presidente

(¿por qué no CAP o Rafael Caldera?) y del Bolívar de la época del vudú chavista.

Todos elementos que no son sino excusas para justificar la anulación de la AN.

Ahora vienen con la tontera –comprada por uno que otro opositor– según la cual la

sensibilidad de los chavistas se hiere por cuadros descolgados, como si el chavista

de a pie fuese bobo y no supiera que todo no es más que burda manipulación.

Como la de hace unos meses, cuando se arroparon con la bandera por las sanciones

de Estados Unidos a funcionarios violadores flagrantes de los derechos humanos.

Padrino López, quien iba a ser reemplazado como ministro de la Defensa, parece

haber encontrado la continuidad en su cargo con la maniobra de afirmar que el

honor militar –a su juicio, “condición suprarracional”– ha sido escarnecido1. Este

es el mismo general que no ha dicho esta boca es mía ante las barbaridades

repugnantes en contra de los héroes civiles y militares de la República, proferidas

por quienes defiende. La prueba al canto: José Antonio Páez y Rómulo Betancourt.

Ni nada sobre el pestilente dominio cubano en Venezuela.

La salida de una dictadura es también la superación de su narrativa. Sus símbolos

serán sustituidos y Bolívar, el del patrimonio común, también renacerá de los

escombros digitales manipulados al que lo confinó la horda militarista que ya

trabaja sobretiempo.

Según el DRAE el honor no es nada suprarracional: “Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los

propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”.