• Caracas (Venezuela)

Carlos Blanco

Al instante

Desgaste, rehenes y Padrino

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La estrategia del régimen es cansar a los demócratas. Siempre hay un nuevo trámite para el revocatorio. Se ha dicho que el tiempo trabaja en contra de Maduro porque el hambre se incrementa. Pero hay otro tiempo que trabaja a su favor que es el de anular los caminos para reemplazarlo. Maduro y sus cófrades quieren ser asumidos como una fatalidad: si les gusta, bien; si no, cálensela, como dicen algunos de ellos en su gentil lenguaje. Por su parte, a la oposición le convienen decisiones urgentes. Si bien la profundización de la crisis puede favorecer el deseo de cambio, esa misma crisis, irresoluta y prolongada, puede llevar al desánimo. En 17 años algo de eso se ha visto.

Al margen de la buena voluntad que algunos atribuyen a los dialogantes, la estrategia del régimen es ganar tiempo, conchabado con Zapatero y su grupo de componedores. Su propósito es el mareo para rebajar la actitud de los opositores y que actúen “agarrando aunque sea fallo” o procuren “del lobo, un pelo”. Una muestra es la propuesta hecha por el ex presidente Leonel Fernández a la MUD: en el momento en que se inicie el diálogo –dijo a los opositores– se procederá a dar la libertad a Manuel Rosales. Cuando el representante de Voluntad Popular preguntó por la situación de Leopoldo López, la respuesta fue que “es una caso más complejo, pero se pueden lograr mejores condiciones para él” (¿casa por cárcel? ¿Más metros cuadrados en el calabozo?). Todo cuando se inicie el bendito diálogo. Tratan a dos de los presos políticos más emblemáticos como rehenes y se hace caso omiso de los acumulados en 16 años; sólo ofrecen salidas precarias para los apresados después del 19 de mayo, fecha de la incursión zapateril en esta Capitanía General. Mientras, dentro de Ramo Verde, un sargento de la custodia habla de matar a Leopoldo (ya denunciado en la Fiscalía por sus abogados) sin que su reclusión mejore, aderezada por el juego perverso de los mutismos de la Corte de Apelación.

Así, el régimen se disuelve en sus partículas elementales. Se divorcia la derecha de la izquierda, los cívicos de los militares y la base militante del cogollo. El proceso agudo de descomposición hace más riesgosa su permanencia en el poder porque en esta nueva etapa de asfixia, si no le funciona el zapaterismo charlatán, incrementará al máximo la represión. Para ese propósito, Maduro corteja a los militares: el general Padrino adquiere más poder sin duda, pero mientras más sube más pasa del verde oliva al rojo chillón y se hace menos potable para la transición con la que coquetea sin compromiso.