• Caracas (Venezuela)

Carlos Balladares Castillo

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El triunfo de los demócratas en Venezuela: retos y reflexiones

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David vence a Goliat otra vez. ¡Gracias a Dios y al pueblo! Y a todos los que han asumido la política de manera responsable y como una forma de vida. Si no fuera por los que creyeron en la alianza de partidos democráticos (Mesa de Unidad Democrática, MUD), la tarjeta única (la de la manito), en valorar lo que nos une y postergar sus legítimos intereses particulares, y en votar a pesar de todo el ventajismo y las posibilidades de fraude. Si no es por ellos no estaríamos celebrando hoy. Desde este instante –después de defender los diputados que nos faltan por adjudicar– debemos asumir la tarea de reconstruir la República en Venezuela, y para ello existen una serie de retos impostergables.

1.    Los demócratas llegamos lejos porque logramos construir una alianza entre todos. Somos diversos –de lo contrario no seríamos verdaderos demócratas–, pero hay que fortalecer lo que nos une y reconocer y valorar nuestras diferencias. Dicha UNIDAD debe mejorar en lo electoral: la maquinaria para la campaña y para el día de las elecciones debe ser cada vez más eficiente, y la selección de nuestros candidatos debe evitar en lo posible el divisionismo. La UNIDAD tiene que ir más allá de lo electoral porque la gran meta es consolidar la república, de modo que ahora se debe desarrollar la organización y los valores necesarios para actuar de manera permanente. No podemos separarnos hasta lograr que la restauración autoritaria sea un imposible. La MUD, tantas veces criticada e incluso despreciada, es la “niña de nuestros ojos”.

2.    Las mayorías nos han dado su confianza, no se puede desaprovechar esta oportunidad. Cada decisión debe ser bien pensada, como dice un buen amigo: “El fracaso no es una opción” (Andrés “Tupi” Guevara parafraseando al director del programa “Apolo”: Eugene F. “Gene” Kranz). Podemos hacer mucho bien desde la Asamblea y es imperativo que se haga. Los problemas de Venezuela son graves y de urgente solución. En lo socioeconómico se debe actuar ante el hambre y la pobreza creciente al mismo tiempo que se asumen leyes realistas para retomar la producción.

3.    Al PSUV se le puede dar una gran lección de cómo se comporta un demócrata sin ser gafo. Es decir, se tiene que defender la democracia al mismo tiempo que se negocia con el partido de gobierno. Que el país entero conozca lo que es un parlamento de verdad, es decir, que hace respetar las leyes y las redacta con la participación de TODOS. Sin discriminar y odiar al otro como se caracterizó la gestión del chavismo.

4.    Hay que animar al PSUV a convertirse de un partido oligárquico estalinista a una organización moderna. Lamentablemente sus principales líderes, en especial Maduro, ayer dieron un ejemplo de lo que no se debe hacer ante tan grande derrota. No han entendido nada, siguen con su discurso anacrónico e irresponsable: “La culpa es del Imperio, la burguesía y la guerra económica”. Deben aceptar que si no aprenden a pactar, tolerar y reconocer el valor del respeto a la ley (tanto las positivas como las económicas), desaparecerán de la historia.

5.    Adaptando a nuestro momento un hermoso microcuento de Augusto Monterroso diremos: cuando los demócratas despertamos (vencimos), el dinosaurio del populismo-rentismo todavía estaba allí. De nada nos servirá esta victoria de hoy si no luchamos con todas nuestras fuerzas por superar el problema más grave de Venezuela: el mito de “El Dorado” (somos ricos: petróleo que debe ser repartido) tiene que ser sustituido por la certeza del trabajo, la educación y la solidaridad como medios para tener un país moderno, próspero y justo.

Winston Churchill dijo ante la victoria de los aliados en el Alamein y el desembarco en el Oeste de África: “Ahora, este no es el final, no es ni siquiera el principio del final. Puede ser, más bien, el final del principio” (Discurso durante el almuerzo en el día del alcalde mayor de Londres en la Mansion House el 9 de noviembre de 1942). A la victoria definitiva contra el nazismo y su aliado japonés le faltaban casi tres años por lograrse, pero ya se habían terminado los tiempos en que se sufrían derrotas una detrás de otra. Los tiempos en que se pensaba que el mal se impondría, en que todos decían: “Esto no tiene solución”. En Venezuela, cambiando lo cambiable, esa época pasó, queridos conciudadanos. La lucha será dura pero ya sabemos que la victoria final será de los demócratas, estamos en el camino.

 

@profeballa