• Caracas (Venezuela)

Carlos Balladares Castillo

Al instante

¡Vivimos aterrados! ¿Qué hacer?

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El miedo es el sentimiento dominante en la Venezuela destruida por el chavismo. Algunos señalan que el resentimiento, y es posible porque una vida dominada por el miedo tiende a generar rabia ante el cúmulo de injusticias. En ambiente de terror la angustia por la supervivencia domina cada segundo, porque las “burbujas” que muchos creamos para sobrevivir a estos 16 años de oclocracia se han hecho tan permeables que no nos queda otra que cambiar nuestra realidad. Estamos en el dilema de rendirnos ante el miedo o enfrentarlo, y lo peor es que ya son muchos los que han caído víctimas del mismo. Esas víctimas se han paralizado y van acumulando el resentimiento. Otros siguen luchando, aferrándose a cualquier espacio o recurso, en especial a la esperanza y la fe.

¿Cuál es la realidad venezolana? Una realidad insostenible pero que de igual forma siguen pasando los días y no pareciera que fuera a detenerse el deterioro. Lo más increíble es que hace años opinábamos lo mismo y con cierta razón, pero cuando dejas de comer y no puedes estar tranquilo ni en tu casa (burbuja) porque te pueden venir a matar en ella o te la pueden invadir, ya sabes que has llegado al límite. Sabes de los secuestros de familiares, amigos y conocidos; y las horas de terror que pasaron frente a sus captores. Estas aterrado. Cada bocado de comida y cada momento de paz son lujos por los cuales das mil gracias, y no sabes si serán los últimos. Las colas crecen y no consigues alimentos, y si consigues son tan caros que debes empezar a comer menos por no decir que en algunos casos debes saltarte las comidas. Las estadísticas se acercan peligrosamente: ayer fue un familiar, hoy sonaron disparos cerca de tu casa y al salir ves que hay una persona herida de bala en tu propia calle. Poco a poco ya la gente no pregunta: “¿Cómo estás?”, sino “¿cuándo te vas?”.

¿Esto es una guerra? Si no lo es se parece bastante. Ya nuestras cifras de homicidios las igualan e incluso superan en muchos casos. Las pérdidas por robos seguramente se acercan a los daños materiales de los conflictos bélicos, por no hablar de las inversiones que no llegan por esa razón y por vivir una absurda utopía llamada socialismo del siglo XXI. Las colas de la comida racionada y el mercado negro es una realidad de cada segundo de nuestras vidas, que nos recuerdan lo que hemos visto en cine, noticieros de países en guerra o nos han contado los viejos inmigrantes europeos. De nuevo repetimos: ¡esto es insostenible y todo el que tiene algo de conciencia sabe que el culpable es el gobierno! Pero acá seguimos y la protesta ante la gravedad de los hechos luce tímida… demasiado tímida. Anhelo que esto que vivimos sea nuestra vacuna contra el rentismo-populismo-mesianismo, que como muchos nos decían: sea la guerra que teníamos que vivir para dejar nuestra dependencia del Estado.

Algunos historiadores me han confirmado lo que ya pensaba, al decirme: “Estamos peor que en tiempos de la Independencia y la Guerra Federal. ¿Tú lo dudas?”. No lo dudo, vivimos los tiempos más oscuros de nuestra existencia como pueblo, y todo se lo debemos al chavomadurismo. Este engendro que nació de un golpe de Estado y que llegó al poder por la complicidad de buena parte de las élites y el apoyo de poco más de la mitad del país. Representa el lado negativo de la venezolanidad: el resentimiento, el igualitarismo ramplón, el odio a la meritocracia y al trabajo, el desprecio del conocimiento y el cultivo de las ideas, y muy especialmente el personalismo y la violencia autoritaria-malandra-corrupta. De seguir en el poder no cabe duda de que retrocederemos a tiempos superados y se pondrá en juego, ¿por qué no?, la existencia misma de la nación, porque si hablamos de la República esta dejó de existir hace rato si nos referimos al Estado.

Para los que amamos a Venezuela y la consideramos unida con la condición republicana, esta realidad nos genera dolor y miedo. No queremos huir y dejar que sea devorada por los lobos y zamuros. Hay otra oportunidad de comenzar a salir de esto: las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre próximo. Todas las encuestas serias confirman la ventaja del 20% que tiene la oposición. Es un momento ideal para vencer la oscuridad. Lo peor que podemos hacer es abstenernos, no hacer campaña por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y no defender nuestros votos. Los que dudan me dicen que “siempre nos las han robado” pero los análisis y testimonios señalan que además del ventajismo la posibilidad de fraude se facilita por la abstención y falta de testigos en las mesas. Prefiero mil veces que me roben el voto a regalarlo. La abstención nunca ha servido de nada. Algunos señalan que votar permite la legitimación del régimen, pero yo me pregunto: ¿cómo puede probarse el fraude si no votas?

En el excelente documental sobre Medina Angarita dirigido por Carlos Oteyza del año 1992 (Bolívar Films: Isaías Medina Angarita, soldado de la libertad), hay una frase de Arturo Uslar Pietri que siempre recuerdo: “Hay que tener un sentido de responsabilidad ante el país”. Frase que me retumba en mi mente cada vez que hago silencio ante el abuso de alguna autoridad o un compatriota. Lo que está pasando y pasará en Venezuela depende de las decisiones que tomemos y ojalá decidamos ser ciudadanos.