• Caracas (Venezuela)

Carlos Aguilera

Al instante

De lo sublime a lo ridículo

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“Cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de soberanía según la voluntad de su conciencia y de sus acciones” / Simón Bolívar.

 

“De lo sublime a lo ridículo, no hay sino un solo paso”, es una frase que algunos historiadores refieren fue pronunciada por Napoleón Bonaparte, tras el incendio de Moscú (1812), que lo obligó a retirarse bajo la nieve de los maltrechos restos del Gran Ejército. El emperador francés supo que en su patria cundía el descontento y muchos reclamaban su abdicación, por lo que se vio obligado a abandonar a sus tropas y apresurar el regreso a París, en donde tuvo que dar cuenta de una campaña iniciada con más de 600.000 hombres, de los que solo iba a retornar una quinta parte. Con tan enorme número de muertos, heridos, prisioneros y desertores, la fallida invasión había enlutado y empobrecido a Francia y a sus aliados. La figura del vencedor de Marengo y de Austerlitz, idolatrada por tantos en toda Europa y el mundo, dejaba lugar en muchos de sus antiguos seguidores a la imagen de un hombre abatido y sin futuro.

La humillación siguió así muy de cerca al orgullo imperial de Napoleón, quien volcó las amargas reflexiones de aquel ocaso dramático, en una carta confidencial dirigida poco después a Víctor De Pradt, su embajador en Varsovia, en la que dejó estampadas las célebres palabras: “De lo sublime a lo ridículo, no hay más que un solo paso”. Dolorosa frase que con acento mucho más ligero se suele repetir hoy para burlarse de quienes, por un traspié cualquiera, deben pasar del éxito y de las cumbres de la admiración ajena, a una dolorosa melancolía y vergüenza.

Inmanuel Kant, el primero y más importante representante de la crítica y precursor del idealismo alemán, es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y de la filosofía universal. Algunas de sus obras más importantes son la Crítica de la razón práctica, centrada en la ética; La crítica del juicio, en la que investiga acerca de la estética y la teleología y La metafísica de las costumbres, que contiene aspectos centrados en la ética, la doctrina de la virtud y la doctrina del derecho.

Kant adelantó importantes trabajos en los campos de la ciencia, el derecho, la moral, la religión y la historia creyendo haber logrado, incluso, un compromiso entre el empirismo y el racionalismo, aceptando que todo nuestro conocimiento empieza con la experiencia, y no todo procede de esta, por lo que da a entender que la razón juega un papel importante, y para ello argumentaba que la experiencia, los valores y el significado mismo de la vida serían completamente subjetivos, si no hubiesen sido envueltos por la razón pura, y que usar la razón sin aplicarla a la experiencia nos llevaría inevitablemente a ilusiones teóricas.

Lo sublime en Kant, es el sentimiento que se despierta ante una crecida tempestad, por lo que provoca primeramente temor, luego sentimiento de total impotencia y por otra parte, nos hace sentir una capacidad de resistir y de valor. Es decir, es medirse uno mismo con respecto a la naturaleza, ya que es un sentimiento de estimación de nuestro propio destino, la más alta celebración de nuestra libertad, pues sin darnos cuenta podemos cambiar la estimación y volverla hacia el objeto, cuando en realidad la deberíamos hacer hacia la humanidad que vive en nuestra persona, como sujeto de libertad.

Con este juicio kantiano, tomamos como referencia algunos acontecimientos que en los últimos 17 años hemos vivido los venezolanos, y que nos indujo a aplicar esta reconocida frase que suele ser común coloquialmente en la cotidianidad de los venezolanos, cuando se trastocan algunos valores y situaciones.

Cuando el régimen se empeña en bloquear el referendo revocatorio contra Nicolás Maduro en el marco del diálogo, el mismo que hasta el momento de escribir el presente artículo se encuentra a punto de fracasar, comete un grave error, como lo afirma el cardenal Jorge Urosa Savino, por cuanto está demostrando su firme propósito de darle largas a este compromiso con la oposición, para por los caminos verdes y trochas buscarle la vuelta a la crítica situación que experimenta Maduro, contrariando de esta manera la voluntad del soberano al que tanto invoca, el mismo que en 82% rechaza su gestión (¿?).

Donar 190 millones de bolívares a los llamados consejos comunales, suerte de conserjería del régimen, para llevar a cabo su actividad proselitista en los barrios de la capital de la República y de todas las ciudades del país, es más que una descarada actitud que niega a los habitantes que residen en parroquias y barrios que controlan políticamente al estilo cubano con cooperantes, es decir, los G-2 venezolanos, el derecho que les otorga la propia Constitución Nacional de no ser excluidos de los beneficios que les corresponde: salud, servicios públicos, alimentos, etc., en tanto que a las gobernaciones en manos de la oposición se les niega los recursos que por ley les corresponde.

Maduro y sus voceros del régimen, entre otros el defensor del pueblo, Tarek William Saab, afirman reiteradamente que Venezuela ha dado la cara en materia de derechos humanos, cuando de todos es conocida la represión que se ejerce contra los ciudadanos que lo adversan políticamente, muchos de ellos presos en distintas cárceles del país, además de Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, y más de un centenar de estudiantes, que incluso han sido hasta torturados cruelmente como lo afirmara el dirigente de izquierda Carlos Melo, recientemente liberado, al manifestar que “vio horrendas cosas” durante su reclusión.

“El diálogo no tiene alternativa y nadie se obsesione con elecciones que no están en la Constitución”, afirmó Maduro en una de sus acostumbradas chácharas salséricas, al mismo tiempo que exigió al presidente norteamericano Barack Obama, que derogue el decreto en el que declara a Venezuela una amenaza, y como corolario de sus improntas reacciones neuronales, firmó la prórroga por 60 días más (la cuarta vez) del decreto de emergencia económica. En primer lugar, parece no haber leído el librito azul, mejor dicho “la Bicha” como la llamaba despectivamente su Comandante eterno, la cual contempla en algunos de sus artículos 72, 73 que todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Luego, exhibe su falta de respeto, sindéresis y educación, al exigirle a un presidente la derogación de un decreto. Finalmente y con el pretexto de la tan mentada “guerra económica”, prorrogó por cuarta vez y por 60 días más el decreto de emergencia económica. Toda una trenza de desatinos que encienden más la indignación de los venezolanos.

Serían muchos, pero bastantes, los casos que podríamos enunciar de los exabruptos que, desde el poder, Maduro a menudo anuncia con bombos y platillos, en procura de justificar la debacle en la que se halla inmerso, y por culpa suya el país. Lo cierto es que aquí sí priva como anillo al dedo el adagio: “De lo sublime a lo ridículo, no hay sino un solo paso”.

 

careduagui@gmail.com /