• Caracas (Venezuela)

Carlos Aguilera

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El régimen,en fase terminal

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La fase terminal, según la ciencia médica, se caracteriza por la existencia de una enfermedad  avanzada, progresiva e irreversible, es decir, incurable.

Según el diccionario de la RAE, la desaceleración es la acción o efecto de desacelerar. Este término es usado más por los economistas, en sus radiografías sobre el ritmo y desarrollo de una nación. Y eso es precisamente lo que estamos viviendo en el país, pues la desaceleración económica está tocando fondo, y no se vislumbra un crecimiento positivo que evite devenga en un terrorífico tsunami social, a cuyas puertas estamos llegando. Esta grave situación, según estadísticas de organismos económicos internacionales, ocurre por las distorsiones políticas y desequilibrios fiscales, que el régimen de Nicolás Maduro no ha podido resolver. A ello se suman la ineficiencia, improvisación, ineptitud y negligencia de un régimen, cuyo Presidente pese a la crítica situación que confronta el país,  ocupa su tiempo en actividades proselitistas que a diario realiza, incluyendo viajes al exterior para celebrar con sus pares comunistas, efemérides que solo les sirven para alardear de las bondades de la tan mentada revolución socialista del siglo XXI, por cierto, fuera de contexto en Venezuela, según su propio mentor Heinz Dieterich Stefann.

La desaceleración no solo toca a la economía, sino también al cuerpo social del país, el cual observa a quienes con rostro de piedra mienten y engañan todos los días, en su pretensión de querer convencer a algunas personas incautas, a creer de que con mensajes repetitivos, se pueda aceptar un falso enunciado como verdadero, hecho que para la lógica es imposible, pero que quienes viven en un estado de desesperación la aceptan como la “ilusión de una posibilidad”, convirtiéndoles de receptores de falsos mensajes, en víctimas de su propio destino, frente a una posibilidad de cambio, que en el transcurso del tiempo se derrumba.

Venezuela vive dolorosamente una tragedia por culpa de un sistema socialista, mal llamado bolivariano, en el que se observa a quienes detentan el poder exhibir costosos trajes de marca, lujosos automóviles y mansiones, y para ellos todo marcha a las mil maravillas, mientras que en calles y avenidas deambulan mujeres, niños y ancianos en procura de limosna para mitigar el hambre y paliar sus necesidades, defraudados con un mensaje populista y demagógico con el que les ofrecieron villas y castillos en la campaña presidencial, que encumbro en Miraflores a Hugo Chávez, hoy huésped eterno del Cuartel de la montaña, cuya promesa de  acabar con los pobres y rescatar a los niños de la calle, quedó en el olvido.

El enfrenamiento de poderes generado por el régimen, en su empeño por fijar las condiciones para la realización del diálogo con los representantes de la oposición en la Mesa de la Unidad Democrática, ha impedido la culminación del mismo hasta la presente fecha. Los recientes acontecimientos, han sido la piedra de tranca para alcanzar con éxito este propósito, tal como lo demuestra el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que siendo un organismo jurídico del Estado, no tiene competencia para desautorizar a la Asamblea Nacional en la toma de decisiones y aprobación de leyes, de acuerdo al espíritu y letra que contempla la Constitución Nacional. Sus miembros (magistrados express), probablemente desconocen que la competencia del TSJ como cualquier órgano del Poder Público, está establecido en la Carta Magna, y por tanto dicho procedimiento es inconstitucional. Además, no puede actuar con los magistrados que son cuestionados por la Asamblea Nacional, Poder Legislativo que declaró inexistente sus nombramientos, por cuanto no se siguieron los procedimientos ni los contenidos constitucionales correspondientes.

El régimen inclina la balanza de acuerdo a sus intereses particulares que todos sabemos cuáles son. De otra manera, no se explica que un organismo de control como el TSJ se identifique abiertamente con el partido del oficialismo, puesto de manifiesto cuando el difunto Chávez hizo acto de presencia en cierta ocasión en su seno, y todos sus integrantes alzaron el brazo derecho con el puño cerrado y exclamaron al unísono: “Así….así…así es que se gobierna”. Solo faltó que lanzaran al aire sus birretes, como cuando uno obtiene un título universitario. No podemos entonces hablar de independencia de poderes, y mucho menos afirmar con propiedad que el TSJ es un ente autónomo, cuando por el contrario acata las directrices de Miraflores. Lo que está a la vista no necesita anteojos.

Pese a todo lo anteriormente descrito, y la devoción de Maduro por su padre putativo de quien heredó la corona, además de sus diarias invocaciones a su mentor y del control partidista que le legó, cada vez está más solo en una dura batalla contra la inflación de 56%;una escasez generalizada de artículos de primera necesidad, desde la harina de maíz hasta el papel higiénico; una desbordante delincuencia fuera de control que ha tomado calles y avenidas de todas las ciudades del país, que cada día cobra la vida de inocentes víctimas, en su mayoría jóvenes adolescentes. La comunidad nacional está inerme ante el auge delictivo y se siente huérfana e impotente por tan dramática situación, que ha convertido al país en el más peligroso del mundo, según organismos internacionales.

En colas en supermercados, mercados, bancos, y lugares públicos la gente exterioriza su impotencia, desagrado, molestia y frustración, por el deterioro de su calidad de vida. Solo atinan a imprecar contra Maduro y su régimen con denuestos y mentadas, no precisamente de la  planta que nos aporta beneficios para la salud, sino de la que comúnmente se suele utilizar para recordar a la progenitora de nuestros días. Según las últimas encuestas el rechazo contra el inquilino de Miraflores alcanza en los actuales momentos 74%, cifra por lo demás elocuente y significativa que según enjundiosos analistas políticos, permitiría que en el referendo revocatorio Maduro sea derrotado por una abrumadora mayoría. Esto traduce, la negativa de Maduro a aceptar este mecanismo pregonado a los cuatro vientos por su fallecido mentor, y además letra viva de la Constitución Nacional. Con razón, afirma el Presidente de la AN, Henry Ramos Allup: “Maduro hace gala de su cullilismo”.

¿Quién desestabiliza a quien y a qué?

La respuesta salta a la vista. Maduro desestabiliza al país al generar caos en lo político, social, económico y militar, lo cual incide en la desesperación y temor de la gente que se siente en un estado de indefensión total, ante un desgarrador cuadro que hace temer negros nubarrones sobre el horizonte, por su cerrada y obstinada posición de negar la realización del revocatorio, pese a la escandalosa derrota que sufrió el pasado 6 de diciembre. Y no es a una persona, organización o grupo político al que desestabiliza, sino a todo un pueblo al que Maduro le niega sus derechos contemplados en la Carta Magna, o “La Bicha”, como con sorna solía denominarla el fallecido comandante galáctico.

La oposición se prepara para duros tiempos por venir, y solo esperan en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que el Consejo Nacional Electoral (CNE) anuncie la fecha en la que se realizará la recolección de 20% de manifestaciones de buena voluntad, una vez cumplida la primera y más larga prueba como fue la de llenar los requisitos para constituir el grupo de electores, y luego la fase de auditoría de la huellas validadas que dio como resultado que de las 407.622 validaciones, 399.412dieron “match” con la base de datos del Registro Electoral, acta que fue firmada por los técnicos del CNE en presencia de los testigos de los partidos, y que ratificó el cumplimiento de 1% por estado. Solo se espera que la Junta Nacional Electoral entregue el informe a los rectores principales, quienes prometieron pronunciarse al respecto hoy martes 26 de julio.

El país nacional espera que las autoridades del CNE no se escuden en los mismos pretextos de los magistrados del TSJ para diferir sus actos, como en el caso de los presos políticos Leopoldo López, Antonio Ledezma, Ceballos y Rosales. No deberían olvidar el juramento cuando asumieron sus cargos, si desean salir por la puerta grande ante la proximidad de sus respectivos relevos, y evitar en consecuencia tomar el oscuro atajo de las páginas negras de la historia.

El régimen se encuentra en fase terminal.

careduagui@gmail.com // @_toquedediana