• Caracas (Venezuela)

Carlos Aguilera

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“Padrino” y su ahijado rodilla en tierra

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“El destino del Ejército es guarnecer la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos!”. Simón Bolívar

 

No solo en el estamento militar causo indignación y malestar la fotografía en la cual se observa al ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, postrado ante la persona del anciano dictador cubano Fidel Castro, sino también en los distintos círculos de la vida nacional: políticos, sociales y económicos, pues la imagen que circuló en los distintos medios de comunicación nacionales e  internacionales muestra a un general en jefe de cuatro soles en una actitud que poco se compadece con su alta jerarquía militar ante la figura del padre del comunismo cubano, quien detrás de bastidores maneja los hilos del poder en Venezuela, por intermedio de su carnal hermano Raúl Castro. La fotografía en referencia causó indignación y vergüenza, y es comentario obligado en todos los corrillos, en los que se murmura con ácidos comentarios la actitud asumida por el jefe militar, que deja muy mal parada a la institución castrense.

La situación antes descrita hizo más roncha cuando el presidente de la Asamblea Nacional, diputado Henry Ramos Allup, en el programa Vladimir a la 1 que se transmite por Globovisión, hizo referencia a este vergonzoso capítulo, y expresó que “la posición no es decorosa, y que le gustaría saber qué opina el resto de las Fuerzas Armadas al respecto”, al mismo tiempo que agregó que “desearía un debate en el auditorio de la Academia Militar para enseñarles a los cadetes esa fotografía del ministro de la Defensa postrado ante Fidel Castro, pues quisiera saber si la FANB aprueba esto, y ojalá me dieran el derecho de palabra”.

A esto se suma la indiscreta actitud asumida por Padrino López al frente de la cartera de Defensa, pues, olvidando su primigenia función militar, irrumpió abiertamente en política, una vez más, al pronunciarse contra la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional aprobada por la Asamblea Nacional, dejando entrever la injerencia militar sobre el poder nacional en el país, lo cual a juicio de la presidenta de la organización no gubernamental Control Ciudadano por la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada, abogada Rocío San Miguel, “los militares no pueden ser intérpretes de las leyes y la Constitución, frente a los poderes públicos y la sociedad”, agregando luego que “la disciplina militar se destruye cada vez que Padrino López subordina la FANB a una parcialidad política”.

Padrino López, refiriéndose a la Ley de Amnistía aseguró, que “atenta contra la paz y la estabilidad de las instituciones democráticas e incluso la disciplina de la Fuerza Armada y contra la vida militar, lo cual le haría un grave daño a nuestra disciplina”, agregando de seguidas que “el instrumento jurídico legaliza la violación de los derechos humanos, favorece a los actores de delitos comunes y hace una confesión de los delitos cometidos”. Un juicio que por boca del máximo jerarca militar suena a una opinión eminentemente política, cotidiana por lo demás en las declaraciones que emiten Maduro, los personeros del régimen y sus conmilitones del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Pero el asunto no para allí. Padrino López, a través de un comunicado emitido por su despacho, ordena a todas las autoridades militares a “no acudir al Parlamento, a menos que sea autorizado por el presidente Nicolás Maduro y por su persona”, documento que reza textualmente: “A partir de la presente fecha (1° de marzo) se ordena a todo el personal militar, indistintamente de su cargo, grado o jerarquía, que para poder atender convocatorias de cualquier tipo (invitaciones, comparecencias, reuniones u otras), cursadas por la Asamblea Nacional, deberán contar con la autorización previa del presidente Maduro”. El documento en referencia hace mención a la sentencia de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia que limitó las funciones del Parlamento.

Lejos han quedado las actuaciones otrora de las Fuerzas Armadas Nacionales, que con elevado espíritu profesional e institucional, conscientes de la bondad y de la necesidad del sistema democrático, cuya esencia descansa en el respeto a los derechos del hombre y a la dignidad de la persona, en el acatamiento de la Constitución y leyes de la República y en la búsqueda afanosa de la justicia social consolidaron la libertad, robustecieron el Estado de Derecho y abrieron las posibilidades de su participación con el fin de alcanzar el bien común. A ello se sumaba además su propósito por dedicar sus esfuerzos para mantener la institución en un grado de adiestramiento que respondía a los anhelos de un pueblo y a la necesidad del país, que era consciente de la decidida contribución de la institución militar a la seguridad y defensa de la nación, dentro del concepto general castrense, de hacer respetar nuestra soberanía y la integridad del territorio nacional.

No en vano pregunta este periodista: ¿por qué el ministro de la Defensa, lejos de inmiscuirse en la política, no se aboca a explicar a sus cadetes, oficialidad y demás miembros de la institución los derechos inalienables que tiene Venezuela sobre el territorio Esequibo? ¿Acaso porque el extinto comandante galáctico asumió en los últimos tiempos una posición permisiva con Guyana, al manifestar en cierta ocasión que “Venezuela no se opondrá a que empresas extranjeras exploren yacimientos petroleros y gasíferos en el disputado territorio de Guyana”?, lo cual a posteriori le dio pie al gobierno de Guyana para desconocer más aún el Acuerdo de Ginebra, firmado en Suiza el 17 de febrero de 1966 entre Venezuela por una parte, y el Reino Unido junto con la Guayana Británica, que para esa fecha aún no había recibido su independencia, mediante el cual se detallan los pasos a seguir para la resolución de la controversia limítrofe territorial sobre la Guayana Esequiba. Documento que por cierto refleja la contención venezolana ante la ONU, en 1962, en la que considera nulo e írrito el Laudo Arbitral de París de 1899, emitido por el Tribunal Arbitral de la capital francesa, el cual definió la frontera entre Venezuela y la otrora Guayana Británica, decisión que quedó en tela de juicio tras hacerse público el memorándum de Severo Mallet Prevost, y otros documentos que comprometieron la validez del Laudo.

Este ominoso silencio de Nicolás Maduro y de Padrino López sobre la soberanía de Venezuela  no pasó por debajo de la mesa pues hace pocas semanas el gobierno de Guyana, en Gaceta Extraordinaria N° 1629, estableció que los límites de ese país en los ríos Demerara, Berbice y Esequibo, y en el caso de este último, sobrepasa la línea media del canal de navegación principal, al mismo tiempo que fijó las coordenadas de los límites marinos de Guyana en el territorio del Esequibo, objeto del litigo en disputa, dejando en consecuencia a nuestro país sin la división de territorio establecida en el mapa de la Capitanía General de la República del año 1.777.

Según la responsable guyanesa de la unidad de Fronteras del Ministerio de Asuntos Exteriores, Donnette Streete, el documento delimita las aguas internas de Guyana. En dichos límites internos, Guyana toma toda la desembocadura del río Esequibo en violación del derecho internacional, que indica que la frontera de un río navegable debe establecerse sobre la línea media del canal de navegación principal. Guyana puso bajo sus límites la desembocadura del río Esequibo y Venezuela ha guardado el más absurdo y desdichado silencio. De nada han valido los oficios del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para solicitar la activación del buen oficiante, a fin de continuar las conversaciones sobre el territorio que abarca un área de unos 160.000 kilómetros cuadrados.

Entonces Ministro Padrino López, ¿qué priva más, su posición política socialista y por ende comunista, o los derechos inalienables de nuestra soberanía territorial? ¡Respóndale al país nacional!